Economía y Sociedad

Bush en el ojo del huracán

¿Le corresponde al Gobierno federal de EEUU pagar por la imprevisión de los gobernadores sureños?

Editorial

Acusado por una mayoría de la opinión pública estadounidense de haber reaccionado tarde y tímidamente luego del paso del huracán Katrina, Bush se encuentra omnipresente ante la amenaza de “Rita” en las costas de Louisiana y Texas (sur), este último estado del que fue gobernador durante mucho tiempo.

“Funcionarios de todos los niveles se están preparando para lo peor”, declaró el jueves el Presidente durante una visita al Departamento de Defensa, con los miembros de su equipo de Seguridad Nacional. “Nuestras Fuerzas Armadas ya han movilizado tropas. Tenemos recursos ahí para ayudar a los funcionarios federales, estatales y locales a responder rápida y efectivamente” a la emergencia, agregó.

El hecho de que Bush quiera estar en el ojo del huracán aguardando su llegada coordinando las tareas de protección civil es un hecho encomiable. En España, durante el ominoso verano de incendios forestales que tuvimos que padecer en la península, ningún político se pertrechó en los bosques castigados por los fuegos. Aparecieron, como Rodríguez Zapatero en Guadalajara (donde murieron 11 miembros de un retén) después de varios días y a escondidas de los medios, cuando ya la desgracia era un mal recuerdo.


 


Sin embargo, en EEUU existe en estos días un debate constitucional muy álgido en torno al rol que le corresponde al Gobierno federal en el accionar de una catástrofe. Según los constitucionalistas americanos, no el corresponde a la administración Bush paliar con sumas multimillonarios los desastres provocados por los huracanes. Es cierto que en Estados Unidos, el Estado de Bienestar está muy afincado y muchos propietarios han recibidos ayudas por haber perdido sus casas, y algunos hasta varias veces. ¿Pero le corresponde al Gobierno federal pagar por la falta de previsión de los gobernadores y alcaldías?


 


Tengamos en cuenta que estados como Louisana están construidos por debajo del nivel del mar y que era prioritario reforzar y mantener en buen estado los diques de contención para que no ocurriera lo que finalmente pasó. ¿A quién se le ocurre construir en esa situación adversa sin asegurar, mantener y reservar un dinero proveniente de los impuestos locales para paliar un desastre que tarde o temprano iba a ocurrir? Pues, se le ocurrió a la misma gobernación que desvió sumas millonarios a financiar nuevos casinos, en lugar de invertir en la seguridad y la protección de los ciudadanos.


 


Ahora a Bush le llueven los pedidos de ayuda. ¿Le corresponde a él ser el nuevo Roosevelt que hipoteque a generaciones de americanos para paliar desastres naturales? ¿Desde cuándo el gobierno federal norteamericano es el garante contra el mal tiempo y la ingeniería civil defectuosa? La tradición federalista americana era muy clara al respecto y sabía diferenciar muy bien entre caridad y redistribucionismo estatista.


 

Pero los tiempos han cambiado. Bush, en su campaña electoral, decía a los votantes: “Es SU dinero, no del Gobierno federal”, mientras atacaba en su campaña al Estado Niñera. Luego del Katrina, eso ya es pasado. Firmó ayudas por 200 mil millones de dólares que irán a parar a las arcas de los irresponsables gobernadores y alcaldes que no previnieron que esto podía ocurrir. ¿Servirá para que aprendan la lección?  

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