Economía y Sociedad

El gran ejemplo de Koizumi

Koizumi se ha consagrado como una figura sobresaliente en el Japón de posguerra.

Editorial
Finalmente el comité de políticas del Partido Liberal apoyó la iniciativa de Junichiro Koizumi de llevar a cabo una histórica reforma del servicio estatal de correos, cuyo rechazo en el Senado nipón el pasado 8 de agosto llevó ese mismo día a la disolución de la Cámara Baja del Parlamento y la convocatoria de elecciones generales. Estos comicios se celebraron el pasado 11 de septiembre y en ellos resultó vencedor por abrumadora mayoría el PLD de Koizumi.

Parecía a primera vista que una medida “antipopular” como la privatización del correo público iba a generar rechazo en la opinión pública dado que muchos empleados que sobraban en la empresa estatal podían perder sus empleos. A eso habría que sumar las feroces campañas de los sindicatos y los discursos demagógicos que se alzaron sobre una medida cruel e injusta: lo que suele denominarse peyorativamente en el vocabulario político correcto de izquierdas “neoliberal”.

Imagínese el lector español la sucesión de piquetes, huelgas y manifestaciones que se sucederían sin cesar en Europa si se propondría privatizar empresas públicas altamente costosas e ineficientes como Televisión Española, RENFE o Air France. El mismo USA Postal es una reliquia del Estado norteamericano que las administraciones públicas de ese país consideran intocable. Así es que el precio del sello postal estadounidense ha aumentado un 1000% en los últimos treinta años, al tiempo que ha sido ampliamente superado en velocidad y eficiencia por las empresas de correos privadas como Fedex o DHL.

Para sorpresa de muchos, Koizumi, un hombre de ideas simples y convicciones liberales profundas, explicó sin alarmismo sus razones de por qué sería beneficioso privatizar el correo público. El presidente japonés dijo que este servicio cuenta con 25.000 oficinas y más de 260.000 empleados, y es el mayor comprador de deuda pública del Estado, con cerca de 140 billones de yenes en bonos públicos, cerca de 1,26 billones de dólares. El costo de mantener semejante aparato burocrático y clientelista se tornaba insostenible para su Gobierno.

El público le dio la razón que le negaron sus compañeros de partido. Su mayor oposición la obtuvo no de la gente sino de los propios políticos japoneses que sabían que con la privatización perdían un botín con el que pagaban favores políticos a los poderosos sindicatos para que se les proporcionara una cantera de votos para el partido en el Gobierno.

Su plan de privatización incluye la segregación del ente por actividades y la creación de cuatro empresas: una aseguradora, un banco, una empresa de reparto de envíos y una cadena de tiendas de conveniencia. Según todos los economistas, la medida dinamizaría la economía nacional, ya que permitiría asignar los recursos financieros de una forma mucho más eficiente y mejoraría la financiación de empresas y bancos en Japón.

Por esa razón, Koizumi es un gran ejemplo para la dirigencia política de una Europa anquilosada económicamente. Es un ejemplo para políticos timoratos que están más pendientes de las encuestas de popularidad que del interés colectivo, aun a riesgo de asumir altos costos electorales. Koizumi no sólo los asumió sino que los transformó en una baza para su capital político.

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