Política

Homenaje a Arthur Seldon, un liberal que creía en la Libertad y la responsabilidad de los individuos

Arthur Seldon, uno de los arquitectos de la política económica monetarista del Gobierno de Margaret Thatcher, falleció el 11 de octubre en Londres a la edad de 89 años. Conocedor de la pobreza y vencedor de la tentación que el comunismo representó para las elites intelectuales de su país en su juventud, Seldon se convirtió en un promotor de las ideas del libre mercado y de los derechos individuales, difundidas a través de una decena de obras de lectura accesible y amena.

Falleció el 11 de Octubre, el inspirador de la revolución Tatcheriana
Hijo de inmigrantes rusos de religión judía, Seldon recibió el primer golpe de su vida cuando sus padres fallecieron víctimas de la temible gripe española que azotó Europa en 1918. Tras esta trágica pérdida, el pequeño fue inmediatamente adoptado por un matrimonio vecino que tenía el mismo origen que sus progenitores y que no tenía hijos. No obstante, el destino le tendría reservado otro traspiés, ya que su padre adoptivo murió cuando él tenía 11 años de edad.

La suya es la historia del extraordinario poder que tienen las ideas. Su obituario en The Times, dice que la revolución Tatcheriana de los años 70 y 80 tuvo muchas raíces, pero que Seldon tuvo mucho que ver en el clima intelectual de la época y en el mar de cambios que produjo. Durante años, el Estado había sido la mayor fuerza en la administración de la economía y en la previsión social. Seldon fue un incansable promotor de la sustitución del estado providencia y de dejar que las leyes de la economía incrementaran la riqueza, en vez de esperar que lo hiciera el gobierno.

Fundamentalmente, dice The Times, Seldon era un liberal clásico que creía en la libertad y en la responsabilidad de los individuos.

Su máxima creación: el Instituto de Asuntos Económicos (IEA). Fundada en 1957 con Ralph Harris, esta entidad ha intentado propagar los ideales del liberalismo clásico, la defensa del derecho a la propiedad privada y de los mercados donde se asegurara la libre competencia. El primer informe de este think tank, titulado “Pensiones en una sociedad libre”, fue coescrito por Seldon, y en él ya se abogaba por un sistema privado de pensiones, algo que sólo se alcanzaría 30 años después.

Escribe Gorka Echevarría: “Seldon libró la batalla contra el socialismo, al que calificó de “vasta maquinaria de producción de bienes marcados por un simple ´O lo tomas o lo dejas´”. El socialismo, aparentemente, iba a traer el paraíso a la Tierra, crear riqueza y repartirla de forma que todos vivieran como reyes. Sin embargo, el Welfare State garantizaba todo lo que alguien deseara, pero con una pésima calidad y a un alto coste. Además, impedía la libertad de elección. Por eso señaló que en “los servicios de la Administración los individuos están, en general, atados”.

Con su obra, Seldon quiso, entre otras cosas, demostrar que las clases trabajadoras eran, en gran medida, las principales víctimas del socialismo y el Estado del Bienestar. Con su principal obra, Capitalismo (1990), ganó el premio Fisher, y el libro que fue descrito por el semanario The Economist como «un triunfo del espíritu humano». Seldon, además de su trabajo como editor, fue el autor de otros 27 libros y más de 200 artículos.

Textuales

Los logros del capitalismo: “El capitalismo no pide defensa sino alabanza. Hablan por él sus logros en la creación de altos y crecientes niveles de vida para las masas, sin merma de las libertades personales. Sólo los sordos dejarán de oírlo y los ciegos dejarán de verlo”.

Socialistas: “Los políticos occidentales que desean el poder de control del gobierno han dejado ya de apellidarse socialistas. Han cambiado su nombre por el de demócratas. Con independencia de sus respectivos credos, ahora ocultan sus intenciones bajo diversas etiquetas: socialdemócratas, demócrtas liberales, demócratas cristianos. Pero bajo estas diversas denominaciones, lo que todos ellos persiguen es la supresión del capitalismo a manos del Gran Gobierno”.

Propiedad Privada: “La propiedad privada del capitalismo produce una poderosa incitación a proteger, conservar, mejorar y ampliar los bienes poseídos. La propiedad pública (o común, o social, o municipal o colectiva) del socialismo, ya sea la del socialismo ruso o la del Servicio Nacional de la Salud, de los ferrocarriles o de las bibliotecas públicas de Gran Bretaña, destruye los incentivos para proteger o mejorar lo poseído. La propiedad privada es una institución que funciona con poderosa eficacia. La propiedad pública es un mito, un eufemismo socialista tras el que se oculta el poder político, acaparado por un puñado de irresponsables sin los deberes de los propietarios. La política y los políticos, el gobierno y la burocracia ocupan sectores demasiado amplios de nuestra vida cotidiana, de nuestra existencia personal”.

El Mercado: “En el mercado las personas que soportan malos servicios pueden, de ordinario, acudir a otros proveedores; ya el simple conocimiento de que pueden hacerlo impide que estas deficiencias se extiendan o se mantengan durante mucho tiempo. En los servicios de la Administración los individuos están, en general, atados. La idea del control público es una vaciedad. El control diario debe delegarse en los funcionarios en el caso de la administración pública y en los directores de las firmas en el caso del mercado, pero la diferecia entre la reducidísima capacidad de esquivar funcionarios ineficaces o corruptos y la facilidad de rehuir a ineficaces o corruptos directores de compañías privadas es de un grado tan amplio que se convierte en una diferencia de principio… Si rechazamos la comercialización en las actividades de la vida humana, en los afanes cotidianos, en el ocio y los deportes, tendremos que aceptar la politización de todos estos sectores. Ésta es la alternativa. Llegados a este punto no pueden existir dudas sobre cuál de las dos opciones es preferible. El proceso de mercado permite las decisiones individuales; el proceso político exige que estas decisiones sean colectivas y que se les impongan a los individuos y a las minorías. El proceso de mercado amplía lo individual; el individuo puede errar, pero es él quien toma sus propias decisiones. El proceso político diluye al individuo en las decisiones colectivas. (las citas fueron recogidas de la bitácora de Juan Ramón Rallo Julián)

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