Brasil saldría muy beneficiada de la liberalización del comercio agrícola y su Producto Interior Bruto (PIB) ganaría tres décimas si se redujeran globalmente a la mitad los aranceles y las subvenciones de los productos agrícolas, con 1.700 millones de dólares de inyección en la economía.
Si reduce los aranceles y las subvenciones inyectaría 1.700 millones de dólares en la economía
Esta es una las principales conclusiones de un informe divulgado este lunes sobre las políticas agrícolas de Brasil, en el que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) precisa que las beneficiarias serían las grandes explotaciones comerciales.
Para las que practican una agricultura de subsistencia, la OCDE considera que “sus perspectivas a largo plazo se sitúan lo más a menudo fuera del sector agrícola”, por eso considera que resulta “indispensable” instaurar medidas de diversificación y redes de seguridad social eficaces para “acompañar esos ajustes”.
Se muestra convencida de que el sector agrícola brasileño sacaría partido de una subida de los precios internacionales derivada de una eventual reducción de las ayudas agrícolas por parte de la Unión Europea, Estados Unidos y otros países ricos.
Las ayudas públicas al sector representan el 34 por ciento de los ingresos agrícolas en la Unión Europea, un 17 por ciento en Estados Unidos, un 4 por ciento en Australia o un 2 por ciento en Nueva Zelanda, frente al 3 por ciento en Brasil.
El “Club de los países desarrollados” recuerda que Brasil dispone de “amplias reservas de tierras cultivables” que se pueden poner en actividad sin esquilmar la selva amazónica, aunque reconoce que conseguirlo pasa por cambiar las políticas y suprimir las incitaciones existentes para la deforestación.
Impacto positivo para los pequeños agricultores
Subraya también el impacto muy diferente que tendría una liberalización del sector agrícola -crucial para el Exito de las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC)- para las grandes y las pequeñas explotaciones agrarias brasileñas. Por eso afirma que, “para que los pequeños agricultores vean aumentar sus ingresos y puedan beneficiarse del crecimiento esperado para Brasil en los intercambios agrícolas mundiales, hay que poner en marcha toda una serie de medidas como programas para mejorar las capacidades técnicas y agrícolas”.
La OCDE recuerda que aunque las reformas que se han llevado a cabo en Brasil en los últimos 15 años han contribuido a reducir la pobreza, más del 60 por ciento de la población rural se mantiene por debajo del nivel de pobreza (menos de la mitad del salario mínimo).
Con esa situación, considera que el futuro de las explotaciones que practican una agricultura de subsistencia pasa por su reconversión, para lo cual serán necesarias políticas públicas de ayuda a la reconversión.
Sin embargo, advierte sobre la magnitud de esas políticas: “Es importante que las medidas selectivas para los agricultores pobres no frenen las futuras ganancias de productividad de los más competitivos.
Convendría adoptar una serie de medidas que alimenten la competitividad del conjunto del sector agrícola brasileño favoreciendo tanto las explotaciones comerciales como las otras”. A modo de ejemplo, cita las inversiones a largo plazo en infraestructuras (en particular las redes de transporte), la reforma de la fiscalidad y de los sistemas de crédito rural.
Brasil vende el 41 por ciento de sus exportaciones agroalimentarias a la Unión Europea, aunque otros destinos ven su demanda aumentar con fuerza, como ocurre con Rusia o China, que en 2003 compró 6 millones de toneladas de soja, 15.000 toneladas más que en 1996.
La soja es, precisamente, uno de los productos que tiran de las exportaciones brasileñas del sector, al igual que el azúcar o el alcohol, mientras que disminuye el peso del zumo de naranja o el café.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR