El triunfo de una moción de censura contra el primer ministro de Canadá, Paul Martin, ha obligado a convocar nuevas elecciones y abierto la puerta para el fin de la hegemonía del Partido Liberal, en el Gobierno desde 1993.
Las elecciones podrían ser el próximo 23 de Enero y el resultado incierto
El triunfo de una moción de censura contra el primer ministro de Canadá, Paul Martin, ha obligado a convocar nuevas elecciones y abierto la puerta para el fin de la hegemonía del Partido Liberal, en el Gobierno desde 1993.
Los liberales de Martin fueron derrotados el lunes por 171 votos a favor de la medida por 133 en contra, lo que ha supuesto la primera vez que un Gobierno canadiense ha sido derribado por una moción de censura.
Los liberales han gobernado ininterrumpidamente desde que el anterior primer ministro Jean Chrétien derrotó al Ejecutivo conservador en 1993.
Pero mientras que durante la etapa de Chrétien los liberales disfrutaron de cómodas mayorías parlamentarias, desde la llegada al poder de Martin, en diciembre de 2003 y, especialmente, tras las elecciones en junio de 2004, el Partido Liberal ha estado debilitado y por primera vez en doce años es vulnerable.
La principal razón de esa debilidad es, paradójicamente, el legado de Chrétien en la forma del llamado “escándalo del patrocinio”, un programa diseñado para impulsar la imagen de Canadá en Québec pero que sirvió para desviar dinero público hacia simpatizantes liberales y las arcas del partido en la provincia francófona.
Los tres grupos de la oposición -el Partido Conservador (PC), el soberanista Bloque Quebequés (BQ) y el socialdemócrata New Democratic Party (NDP)- han justificado su decisión de derribar a Martin 17 meses después de las últimas elecciones por las dañinas conclusiones de la comisión que ha investigado el desvío de fondos públicos.
Tras ganar la moción de censura, el líder del BQ, Gilles Duceppe, afirmó que la caída del Gobierno de Martin es fruto del escándalo provocado por el programa de patrocinio de Québec.
Duceppe dijo: “los liberales intentaron comprar la conciencia de los quebequeses con nuestro propio dinero. No han aprendido la lección y han intentado hacer lo mismo en los últimos días” con el anuncio de una serie de programas gubernamentales valorados en miles de millones de dólares.
El líder del BQ anticipó que los quebequeses castigarán a los liberales por sus acciones. El líder del Partido Conservador, Stephen Harper, afirmó que “este no es sólo el final de un Gobierno cansado, sin dirección y plagado de escándalos, es el inicio de un brillante nuevo futuro para este gran país”.
Jack Layton, líder del socialdemócrata NDP que en mayo evitó la derrota de Martin en otra moción de censura presentada por los conservadores, se mostró más comedido en su retórica y achacó la convocatoria de elecciones en pleno invierno a la “intransigencia” de los liberales.
“Como resultado de la cabezonería de los liberales y la inflexibilidad que hemos visto, empezaremos una campaña electoral mañana”, dijo Layton. Martin acude hoy a la residencia de la Gobernadora General, Michaelle Jean -que ejerce como representante de la Reina Isabel II de Inglaterra en Canadá-, para solicitar la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones.
Todo parece indicar que Martin solicitará la celebración de elecciones para el próximo 23 de enero, la campaña electoral más prolongada vivida por el país desde hace dos décadas.
También será la primera en 25 años que se celebra en mitad del crudo invierno canadiense, lo que no parece que motivará especialmente al apático canadiense medio que no comprende porqué tiene que acudir a las urnas 18 meses después de las últimas elecciones.
La encuesta dada a conocer anoche por la televisión pública CBC, inmediatamente después de la moción de censura, señala que los liberales volverían a ganar las elecciones aunque sólo con un 35 por ciento de los votos. En segundo lugar se colocaría el PC, con una intención de voto del 30 por ciento. El NDP conseguiría un 20 por ciento.
Pero la clave es el soberanista BQ, que aunque sólo obtendría un catorce por ciento a nivel nacional, se haría con más de 60 de los 75 escaños de Québec y se convertiría en el “partido bisagra” que decidiría el próximo Gobierno. Una paradoja para un partido que aspira a desgajar Québec del resto de Canadá.
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