Naciones Unidas denunció supuestas atrocidades cometidas a disidentes políticos
China negó ayer el informe publicado por un investigador especial de la ONU que hablaba de tortura generalizada en el país, y aseguró que las autoridades tienen medidas en marcha para prevenir este problema.
Manfred Nowak, el primer investigador de la ONU especializado en tortura que ha visitado China, afirmó la pasada semana que había escuchado historias de palizas y privación del sueño durante su viaje a centros de detención en Beijing, Tibet y la región de Xinjiang, que cuenta con mayoría musulmana.
“China no puede aceptar el alegato de que la tortura está generalizada todavía en China”, aseguró un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Qin Gang. “Comprendemos que el trabajo del investigador es sacar a la luz problemas y aportar criticismo, pero en un periodo de dos semanas y un viaje sólo a tres ciudades, el investigador puede sacar conclusiones precipitadas”, agregó.
El portavoz de Exteriores indicó que se ha puesto en marcha un sistema de vigilancia y castigo para impedir la tortura, que fue oficialmente prohibida en 1996. “Hemos hecho esfuerzos efectivos en este sentido”, indicó.
La visita de Nowak, que comenzó el pasado 21 de noviembre, se logró tras una década de esfuerzos de la ONU para enviar a un investigador que ahondara en las acusaciones de torturas y malos tratos por parte de las autoridades chinas. Beijing se ha mostrado de acuerdo a estas visitas en muchas ocasiones, pero siempre terminaba posponiéndolas.
Naciones Unidas sostuvo que había recibido informaciones de que las autoridades chinas sumergían a prisioneros en aguas fecales, les quemaban con cigarros, encapuchados o vendados, los exponía a temperaturas extremas, y los encadenaba durante largos periodos de tiempo.
Según Nowak, existen ciertos grupos especialmente vulnerables a estos ataques, tales como los disidentes políticos, activistas pro Derechos Humanos, miembros de la corriente religiosa Falun Gong, grupos católicos no oficiales y minorías tibetanas y uigures.
Tras su visita, relató que conoció a unos 30 detenidos que le hablaron de palizas, privación del sueño y descargas eléctricas. Un activista pro democracia, He Depu, relató a Nowak que fue obligado a permanecer 85 días inmóvil en una cama en una habitación a baja temperatura.
Nowak incluirá las experiencias de este viaje en un informe que será publicado el próximo año durante una reunión de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Según Qin, China espera que Nowak “pueda corregir la conclusión errónea en su informe.



















