Política

Cuatro candidatos aspiran a suceder a Ricardo Lagos este domingo en Chile

Los liberales Piñera y Lavin pugnan por producir una segunda vuelta electoral
Bachelet, de 54 años, la candidata de la coalición de centroizquierda que gobierna Chile desde 1990, le gusta repetir que ella representa todos los pecados capitales en Chile: es mujer, es socialista, está separada y es agnóstica.

Médica cirujana, pediatra y epidemióloga de la Universidad de Chile, casada dos veces, separada, madre de tres hijos, nunca pensó que podría transformarse en la primera mujer presidenta de Chile.

Fue la segunda hija del general de brigada aérea Alberto Bachelet, colaborador del gobierno de Salvador Allende que falleció por torturas en prisión después del golpe militar del 11 de setiembre de 1973.

En la trinchera política de enfrente, Sebastián Piñera, un empresario y político con una fortuna estimada en 1.200 millones de dólares, es el candidato con el que la derecha liberal aspira a frustrar los deseos de Bachelet.

Miembro del partido liberal Renovación Nacional (RN), Piñera de 56 años, está casado y tiene cuatro hijos.

Se licenció en economía en 1971 por la Universidad de Chile, con honores máximos, y dos años más tarde viajó a EE. UU. para doctorarse en la Universidad de Harvard.

Piñera es uno de los empresarios más poderosos del país y se le escucha decir con insistencia que todo lo que ha conseguido es producto de su esfuerzo porque de su padre José, un empleado público, no heredó nada material.

En la misma trinchera de la derecha se encuentra Joaquín Lavín, candidato de la ultraconservadora Unión Demócrata Independiente (UDI), que, paradójicamente, ha asumido un discurso de izquierda en su segundo y tal vez último intento por ser presidente de Chile.

Desgastado por seis años en campaña, Lavín ha decidido mostrarse como defensor de pobres y marginados y amplió su alejamiento de Pinochet, de cuyo régimen (1973-1990) su partido fue el sustento ideológico.

Joaquín Lavín Infante, ingeniero comercial de 52 años y miembro activo del Opus Dei, se convirtió en la esperanza de la derecha chilena en 1999, cuando forzó al actual presidente Ricardo Lagos a una segunda vuelta electoral.

En el lado totalmente opuesto, Tomás Hirsch, candidato por el pacto de izquierda Juntos Podemos Más, es el estoico abanderado de los chilenos a los que el sistema binominal permite participar en las elecciones, pero les excluye del Parlamento.

Hirsch, 49 años, del pacto que aglutina al Partido Comunista, Partido Humanista, la izquierda cristiana y otras agrupaciones de corte ecologista, indigenista o sindicalista, fue un activo luchador por la democracia y ha consagrado su vida a la difusión, organización y estudio del humanismo universalista.

Augusto Pinochet será el gran ausente

El ex dictador chileno Augusto Pinochet, que dominó más de un cuarto de siglo en la reciente historia política de Chile, será por segunda vez el gran ausente en las elecciones presidenciales y parlamentarias del próximo domingo.

Enfrentado a dos juicios -por los crímenes de la “Operación Colombo”, que dejó 119 desaparecidos, y por las cuentas secretas que mantuvo en bancos del exterior por 27 millones de dólares- el general Pinochet cumplía este martes dos semanas de arresto en su elegante residencia del barrio de La Dehesa, al oriente de Santiago.

En esa condición y a sus 90 años de edad, no podrá emitir su voto en favor de alguno de los cuatro candidatos a la presidencia: la socialista Michelle Bachelet -favorita en todas las encuestas-, el conservador Joaquín Lavín, el empresario de la derecha moderada Sebastián Piñera o el izquierdista Tomás Hirsch, apoyado por los partidos Humanista y Comunista.

Pinochet, que gobernó como dictador entre 1973 y 1990 y conservó el mando del Ejército hasta 1998, votó por última vez como ciudadano en la elección parlamentaria del 11 de diciembre de 1997, en medio de tumultos y golpes entre sus guardaespaldas y los periodistas y camarógrafos que intentaban registrar el momento.

Diez meses después, el 16 de octubre de 1998, el entonces senador vitalicio fue detenido en Londres mientras se recuperaba de una operación de la columna, en un inesperado capítulo que marcaría el crepúsculo de su influencia.

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