Economía y Sociedad

La OMC se juega su futuro en Hong Kong

Editorial
Un evento crucial para las aspiraciones de los 148 miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC) será el encuentro que se celebra a partir de mañana y hasta el domingo en Hong Kong, iniciado en Doha en 2001, y que estará centrada en la agricultura, las manufacturas y los servicios, sectores en los cuales los países industrializados y no industrializados suelen tener grandes desacuerdos. Se aspira a que en esta oportunidad, se cierre allí la ronda de Doha, lo cual no pareciera muy seguro, habida cuenta de la falta de acuerdo entre la UE y los EEUU sobre los subsidios agrícolas.

En las últimas horas previas a esta reunión ha aumentado la preocupación por el nivel de tensión e intolerancia que le han inyectado los sectores antiglobalización con sus furiosas escaramuzas con las fuerzas de seguridad. Estos sectores –compuestos en gran parte por mafias sindicales de sectores de la economía muy protegidos y apuntalados por izquierdistas radicales- no están dispuestos a perder sus privilegios y menos a conceder apertura económica a los lobby de los países “ricos”.

En esta sexta ronda, están en juego las subvenciones a la exportación y la ayuda interna con la que EEUU y la UE protegen sus productos agrarios. Frente a ellos, los países emergentes –India y Brasil al frente– y los exportadores agrarios –Australia– piden el levantamiento de estas barreras, a lo que desde Bruselas se les contesta solicitándoles concesiones en servicios.

La UE, de la mano de Tony Blair y Peter Mandelson, impulsa, sin ánimo de hacer nuevas concesiones, la reducción de hasta el 60% en las tarifas arancelarias más altas a la agricultura, así como reducciones de entre el 35% y el 60% en las más bajas. Es una oferta que propone una disminución media de los aranceles a los productos agrícolas del 46%, aunque hay que decir que quedarán excluidos varios productos sensibles, como la carne de ternera, el pollo, el azúcar o las frutas y hortalizas.

Si hay consenso entre los países desarrollados, algo que hasta ahora no ha ocurrido, se podrían reducir en un 70% los subsidios internos a los agricultores y eliminar todas las ayudas a la exportación en la fecha que se pacte, siempre bajo la condición de que el resto de los países desarrollados acompañe estas medidas. Es un ofrecimiento de reducción significativa de los subsidios que debemos saludar positivamente. A cambio de minimizar las ayudas a la exportación agraria, Bruselas plantea que las economías emergentes como Brasil o India cedan en otras áreas comerciales, como los servicios.

Cabe esperar que la reunión de Hong Kong no repita la fallida experiencia de Seattle y Cancún. Es cuestión de pasar de la retórica a la acción. EEUU ha suscrito acuerdos comerciales en el hemisferio americano que permitirán a países emergentes acceder a su mercado en condiciones ventajosas. En cambio algunos países europeos como Francia y España, desean mantener los obstáculos que representan las altas ayudas comunitarias a sus agricultores. El libre comercio es la única salida a la pobreza y sólo depende de que quienes toman cartas en el asunto no se apliquen a pergeñar ardides para postergar una vez más el camino hacia una economía más abierta.

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