El gobierno desvirtuó afirmaciones de voceros de la oposición de que los problemas surgidos por la puesta en marcha de un polémico plan de transporte capitalino pudieran desatar un estallido social. La popularidad de la presidenta ha caído debido a las falencias del sistema que pretendía, entre otros puntos, reducir los tiempos de viaje de los santiaguinos.
Se agudiza la crisis política en Chile
“Creo que hay que ser más cuidadosos. Puedo entender que están (los opositores) en sintonía con lo que están pasando, con las penurias que viven los santiaguinos por el Transantiago, pero no me parece que se usen esos términos, porque podría entenderse, tal vez, que algunos quisieran ver aquello”, dijo el martes el portavoz del gobierno, Ricardo Lagos Weber a radio Cooperativa.
El presidente de la Unión Demócrata Independiente, UDI, el senador Hernán Larraín, advirtió tras una protesta de cientos de frustrados pasajeros del Metro o ferrocarril subterráneo el lunes, que paralizó en la hora punta debido a un desperfecto en uno de sus convoyes, que la situación podría derivar en un estallido social.
“La paciencia se le acabó a la gente. Los usuarios han dicho basta y mientras la autoridad no dé urgente y rápida solución a este problema, estamos frente a una situación que puede terminar en un descontrol ciudadano”, dijo Larraín..
Su compañero de partido y también senador Jovino Novoa fue más drástico en su diagnóstico: “El gobierno tiene pocos días para solucionar este problema, porque, realmente, podemos estar frente a un estallido social”.
Lagos Weber reconoció que el nuevo sistema de transporte público es una “penuria” para los usuarios más que un dolor de cabeza para el gobierno, pero dijo que están trabajando intensamente para superar las dificultades.
Historia de un fracaso
Los problemas del nuevo plan de transporte, sin embargo, han implicado para el gobierno una severa crisis política y protestas por los serios trastornos que ha provocado a millones de personas que a diario deben lidiar por encontrar un medio de transporte, ya sea en el estatal Metro o en autobuses privados.
El plan puesto en marcha el 14 de febrero restringió la cantidad de autobuses y modificó los recorridos. Las consecuencias han sido los problemas, lo que obligó al gobierno a hacer correcciones. La crisis, asimismo, motivó la caída del ministro de Transporte Sergio Espejo, quien fue reemplazado por René Cortázar.
El gobierno solicitó al Congreso la aprobación de 290 millones de dólares para subvencionar el transporte público este año. La oposición derechista rechaza conceder esos recursos
Lagos Weber planteó que la derecha podría estar jugándose por el fracaso del plan de transporte al negarse a solucionar los problemas.
El último estallido de ira contra el plan se registró la mañana del lunes cuando una falla en el Metro obligó a la paralización durante dos horas de ese medio de transporte. Cientos de personas afectadas, que buscaban infructuosamente otro medio, protestaron en la calle y la policía los reprimió con gases lacrimógenos y detenciones.
Ante las deficiencias del transporte público de superficie, el tren subterráneo ha sido saturado. Antes de la puesta en marcha del Transantiago, se movilizaban diariamente 1,6 millón de pasajeros en el tren subterráneo. Actualmente, alcanza a unos 2,3 millones y, aunque las autoridades han fomentado el uso de autobuses que corren en la superficie en la misma dirección de las cinco líneas del Metro, no han logrado desalentar su uso masivo y a diario tiene que cerrar momentáneamente estaciones para controlar el flujo.
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