AGENCIAS/JFG.- Amenazados de muerte por los terroristas talibanes, 17 millones de afganos están llamados a las urnas para elegir a su presidente y a sus gobernantes provinciales. En un país marcado por el control étnico, sólo dos de 41 aspirantes han logrado tejer las alianzas necesarias para aspirar a la victoria. Pero, ese triunfo podría cobrarse muchas vidas a pesar de la amplia presencia de tropas afganas y extranjeras. La seguridad es el gran reto de los comicios.
MUNDO/ La seguridad, gran reto de los comicios
Cuando el domingo 16 de agosto, a las doce en punto de la noche finalizó la campaña electoral en Afganistán, las últimas encuestas sobre intención de voto reflejaban que sólo dos, de los 41 aspirantes registrados, tienen verdaderas posibilidades de alzarse este jueves con la victoria en unos comicios marcados por la ofensiva terrorista de los talibanes. Los favoritos son el actual presidente (de la etnia pastun) Hamid Karzai y su ex ministro de Exteriores, Abdala Abdala (de padre tayiko y madre pastún).
De acuerdo con los analistas, la gran incógnita en estas elecciones es conocer si alguno de ellos, principalmente Karzai, será capaz de hacerse con más del cincuenta por ciento de los votos para evitar una segunda vuelta. La Comisión Electoral Independiente contabiliza más de 17 millones de personas con derecho a votar. Su objetivo es superar los seis millones de sufragios depositados hace cinco años durante las primeras elecciones democráticas.
El Gobierno asegura que no cuenta con un censo fiable y reciente sobre las etnias en las que está actualmente dividido Afganistán. Los últimos datos estiman que en el país hay tres grandes grupos: 42 por ciento pastunes, 27 tayikos y un 9 hazaras, de origen mongol. Ese mapa étnico, aseguran los analistas, quedará reflejado en el mapa político que arrojen las elecciones presidenciales, pero sobre todo las provinciales. Por ello, Karzai y Abdulá han tejido alianzas y acuerdos con los principales jefes tribales.
Las alianzas
Con base en esas alianzas, un sondeo de último momento realizado por el instituto estadounidense IRI advierte que en los resultados electorales podría haber una gran sorpresa con Ramazan Bashardost (hazara), colocado como tercero en la lista de preferencias electorales, por encima del ex ministro de Finanzas Ashraf Ghani.
Concientes de sus escasas posibilidades de triunfo, de los 41 candidatos -entre los que hay dos mujeres- una decena ha mostrado ya su público apoyo a Karzai. De ellos destaca el uzbeko Rashid Dostum, un “señor de la guerra” del norte del país, acusado de crímenes de guerra.
Bajo ese panorama electoral, el presidente Karzai busca la reelección de un país sometido a un creciente índice de violencia y con los índices de desarrollo más bajos de todo el mundo. En 2008, el Gobierno y las fuerzas extranjeras contabilizaron más de 2.100 civiles muertos por terrorismo o por acciones militares a lo que hay que sumar que un tercio de su población (7,3 millones de personas) está amenazado por el hambre.
Amenazas terroristas
Aún así, las autoridades de Kabul, con el apoyo de la OTAN y de EEUU, consideran que las elecciones “serán un aliento democrático” ante el diario acoso de los terroristas talibanes. Unos cien mil soldados estadounidenses y de de la Alianza Atlántica están listos para ayudar al Ejército y Policía local para garantizar un ambiente seguro el día de la votación en los más de siete mil colegios electorales dispuestos en todo el país para recibir los votos.
Pero, como han dejado constancia en los últimos atentados terroristas en Kabul, la amenaza talibán es preocupante. Por ello, el Gobierno de Kabul ordenó que en las provincias acosadas por los terroristas, los centros receptores de votos no abrieran si hubiera algún peligro. Para contrarrestar el boicot y asegurar una amplia participación, las autoridades no han dudado este miércoles, cuando se celebra el “Día de la Independencia”, en recurrir a la censura al prohibir la difusión de noticias sobre “cualquier suceso de violencia” durante las horas de votación.
La seguridad, la mayor preocupación
Kabul permanece desde hace días prácticamente tomada por miles de soldados, policías y guardias de seguridad de empresas privadas. En la zona de las embajadas hay controles y los edificios más importantes están protegidos con murallas, alambradas o bloques de cemento.
De acuerdo con otro reciente estudio del instituto IRI, la presencia masiva de fuerzas del orden no ha quitado a los afganos su preocupación por la seguridad a la que consideran como el principal problema a los que se enfrenta su país (56 por ciento de los consultados). La situación económica queda por debajo (21 puntos menos).
El miedo al terror talibán es mayor en la provincia de Helmand, feudo de los criminales y donde miles de soldados extranjeros han lanzado tres operaciones especiales para facilitar el proceso electoral. “Los talibanes nos han advertido de que si votamos y encuentran a gente con tinta en el dedo tendremos problemas”, confesó un líder tribal local. Los afganos están obligados a dejar la huella dactilar al acudir a las urnas para evitar fraudes, pero la tinta usada impregna el dedo durante tres días. La seguridad, así, es el gran reto de estos comicios.
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