AJC. – Cuba sufre desabastecimiento de papel higiénico, que se ha convertido en un producto de lujo para la mayor parte de los ciudadanos. Las autoridades del régimen castrista han informado que la situación no se solucionará hasta finales de años. Pero los cubanos han encontrado recursos para sustituir un bien tan esencial: la prensa comunista. Los ejemplares del diario oficial Granma son baratos, pero se aprecia especialmente las revistas chinas y norcoreanas por la suavidad de sus páginas.
AMÉRICA / Ante la escasez del producto
Hasta que el preciado bien reaparezca en las tiendas accesibles para los cubanos, algo que el régimen ha prometido que ocurrirá a finales de año, los habitantes de la isla están obligados a buscar alternativas para conseguir un producto que no está incluido en las cartillas de racionamiento. Deben decidir entre pagar el equivalente a dos días del sueldo medio por cuatro rollos de papel en una de las conocidas como “tiendas de divisas” (en las que se paga en pesos convertibles, a los que los cubanos por lo general no tienen fácil acceso) o encontrar una solución que se adapte a su difícil situación económica. La mayor parte ha optado por lo segundo, según informó El Nuevo Herald de Miami.
La prensa comunista, la única autorizada en Cuba, se ha transformado en la salvación de la higiene personal cuando el cubano acude al cuarto de baño. La opción favorita son las revistas procedentes de China y Corea del Norte. Las publicaciones de los regímenes “hermanos” del Castrismo en Asia están hechas con un papel que satisfacen mejor que la prensa local la necesidad de suavidad de los cubanos en su visita al escusado. Sin embargo, lo más sencillo es conseguir el Granma u otro periódico oficial cubano.
El régimen castrista ha obligado a cerrar numerosas fábricas para ahorrar electricidad. Eso incluye a las de papel higiénico. Irónicamente, esto y la ineficiencia propia del comunismo han facilitado la solución. El Granma y otros diarios del régimen se siguen enviando a estas factorías, a pesar de que no se pueden entregar. Y allí acuden numerosos jubilados, que compran entre diez y quince ejemplares del día o de otras jornadas por 20 centavos de pesos cubanos no convertibles (aproximadamente un céntimo de euro) cada uno. Después los revenden por diez veces esa cantidad a sus vecinos, que así encuentran seis u ocho páginas de sustituto de papel higiénico por cada periódico que adquieran.
El precio que pagan tanto los jubilados como los compradores es el mismo con independencia de que sea el periódico del día o una edición anterior. Un retirado de La Habana entrevistado por teléfono por El Nuevo Herald explicó la razón de esto: “todos se usan para lo mismo”.
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