Con Zapatero, por primera vez desde la adhesión de
España a la UE en 1986, España va a dejar de acercarse a la renta per cápita de la UE para divergir con respecto a los estándares de vida y bienestar de nuestros socios comunitarios. El Gobierno socialista apuesta por más gasto público y más impuestos, lo contrario de lo que recomiendan los organismos internacionales.
Informe elaborado por la Fundación FAES
España va a dejar de acercarse a la renta percápita de la UE para divergir con respecto a los estándares de vida y bienestar de nuestros socios comunitarios. Los países que están controlando el gasto público y bajando los impuestos son los que antes están saliendo de la crisis. España necesita reducir los impuestos para que los emprendedores se animen a invertir y a crear nuevos empleos. Una carga fiscal reducida favorece el pulso económico de los países gracias a la creación y desarrollo de empresas eficientes fundamentadas en el capital tecnológico y humano Por el contrario, las subidas impositivas deprimen el crecimiento y la capacidad innovadora de las economías.
Política errónea y alejada de los organismos internacionales
El panorama económico de España podría ser mejor si el Gobierno socialista no se empeñara en continuar realizando una política económica que, desde hace tiempo, se ha demostrado errónea. España sufre un desbocado déficit público, que con gran probabilidad superará el 10% del PIB en 2009, y una deuda pública que va a quedar próxima al 58% en 2009. La disminución de estos desequilibrios en las finanzas públicas es imprescindible para evitar que la confianza internacional y los flujos de inversión en la economía española se desmoronen. Ahora bien, el Gobierno socialista pretende evitar este deterioro de las finanzas públicas mediante la subida de impuestos, en lugar de basar la consolidación presupuestaria en una decidida disminución de los gastos públicos. Esta decisión reducirá la potencia de las fuerzas competitivas del país, que son las verdaderas artífices de la recuperación económica del país.
Conforme a las últimas previsiones del FMI de octubre de 2009, el déficit público de España alcanzará el 12,3% del PIB en 2009 y un 12,5% en 2010. La magnitud media del desequilibrio en los países de la OCDE según este or- ganismo es significativamente menor: un 7,7% en 2009 y 8,8% en 2010 (5,6% y 7,0% para la zona euro). El ritmo de deterioro de las finanzas públicas en España es, por tanto, superior al de países de su entorno. Esta tendencia, de mantenerse, puede tornarse claramente insostenible: la
deuda pública pasará del 39,5% del PIB en 2008 a aproximadamente el 58% en 2009 y cercano al 70% en 2010. Es decir, un incremento de casi 30 puntos en tan sólo dos años, lo que nos convierte en el país, junto con el Reino Unido e Islandia, con mayor aumento en la deuda pública.
Teniendo en cuenta el deterioro de las finanzas públicas en España, incluso un Gobierno tan reacio a la disciplina fiscal como el actual no tendrá más remedio que tomar medidas para disminuir un déficit público que está disparado. El problema es que está tomando las medidas inadecuadas. En contraposición a las subidas impositivas propuestas por el Gobierno, la evidencia empírica reciente demuestra claramente que los procesos de consolidación de los gastos presupuestarios contribuyen a reducir los tipos de interés y las expectativas de inflación, favoreciendo la competitividad de las economías, verdadero artífice del crecimiento económico sostenido. El resultado de las denominadas “contracciones presupuestarias expansivas” es un impulso a la creación de empleo, que bien le vendría a España.
El éxito pasa por menos gasto, menos déficti, menos..
Las consolidaciones basadas en el recorte del gasto público, y en particular del consumo público, tienen más éxito porque generan procesos de ajuste fiscal más duraderos y creíbles que los conseguidos a través de incrementos de los ingresos públicos. Es decir, el saneamiento de las cuentas públicas conseguido a través de la contención del gasto público, frente al alcanzado por medio de incrementos de los ingresos públicos, estimulan un fuerte y sólido crecimiento económico.
Ajeno a estas evidencias científicas, el Gobierno español se propone realizar la consolidación fiscal justamente por el camino equivocado: aumentando impuestos. Sorprende también que el actual Gobierno, que se dispone con firmeza a aumentar la carga tributaria, sea precisamente el mismo que no se cansa de proponer un cambio en la especialización
productiva del país, la productividad. Como veremos, el aumento impositivo es inconsistente con un incremento duradero de la productividad y de la innovación.
Los impuestos disminuyen la productividad del trabajo
y la eficiencia
El informe de la Fundación FAES, nos recuerda que contrariamente a lo que parece creer el Gobierno socialista, el cambio en la especialización productiva de un país –lo que erróneamente denomina Zapatero “nuevo modelo productivo”– no se consigue “por decreto-ley”, sino que pasa ecesariamente por crear un nuevo entorno económico para que el propio interés de los agentes económicos y sociales encamine sus acciones en la nueva dirección deseada. Es decir, el Gobierno debería tener claro que la decisión última sobre la especialización económica la toman las empresas y los emprendedores, que invierten en donde entienden que existe una mayor rentabilidad.
En definitiva, para lograr impulsar la productividad en España,
lo que se necesita es un mayor espíritu emprendedor, un clima más propicio a las inversiones, a la innovación y a la formación, así como una cualificación exigente y competitiva en el contexto internacional. El Gobierno de Zapatero se encuentra en una flagrante contradicción, pues la subida de impuestos que ha decidido incidirá muy negativamente en la productividad y en la creación de empresas en sectores dinámicos, dando al traste con el cambio de especialización productiva que tanto pregona.
Los impuestos y la creación de empresas y empleo
Por último, la Fundacion FAES, nos recuerda que “uno de los efectos más negativos de los impuestos sobre las rentas del capital es la disminución que generan en el ritmo de creación de empresas al reducirse los beneficios después de impuestos. Los individuos se van a mostrar menos dispuestos a aceptar los riesgos y responsabilidades que
supone crear una empresa cuando una parte importante de los beneficios se va en impuestos”.