En Sevilla aprendí y en Málaga supe que vírgenes y cristos no son patrimonio de ideologías políticas
Semana Santa. Las calles y las plazas de los pueblos y ciudades de España, por miles, se llenan de escenas y recuerdos de la Pasión de Cristo ocurrida hace dos mil años.
Para algunos es tradición y grandiosa manifestación cultural. Para otros la expresión popular de profundos sentimientos religiosos. Estas celebraciones han sido vistas también como oportunidad de divulgación y enseñanza de los valores del cristianismo para quienes no frecuentan templos e iglesias. Choque de jerarquías y cofradías.
A pocos deja indiferente la Semana Santa española. Cada año alguna polémica. En Málaga la creciente insensibilidad de un Ministerio de Defensa por el acompañamiento secular y centenario de las Fuerzas Armadas a Tronos y cofrades. A vueltas con la Legión y la Infantería de Marina, que después de más de doscientos años ya no acompaña a la Virgen de la Soledad.
En Sevilla aprendí y en Málaga supe que vírgenes y cristos no son patrimonio de ideologías políticas. Comprobé que en esas carterillas, que se llevan cerca del corazón y donde se guardan las “pesetas”, pueden habitar juntas fotos de novias y Vírgenes Dolorosas.
Me lo enseñaba un malagueño cuando al sacar la estampa mariana del plástico protector dejaba ver el viejo carnet del viejo Partido Comunista español. Entendí muchas cosas y cada año me acuerdo de eso al ver el desfile de hombres y mujeres, descalzos o calzados, ocultos por capuchas y capirotes. Ojos anónimos que brillan a la luz de cirios que se encienden y apagan al capricho del aire por las esquinas de España.
Semana Santa. Cada año y desde hace cientos. Reflexión y Respeto.
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