La vida de Gabrielle “Coco” Chanel (19/VIII/1883 – 10/I/1971) es un manifiesto de libertad. La gran diseñadora de la moda se liberó a sí misma de una vida mediocre y a la vez libertó la moda femenina, la cual con ella ingresa al Siglo XX.
“Por desgracia, la libertad es un don que aterroriza a las personas”.
Coco Chanel
La historia de Chanel es en sí misma épica. Abandonada por su padre tras la muerte de su madre, hasta los 18 años residirá en orfanatos regentados por religiosas. Allí seguramente aprende las técnicas de costura que luego aplicaría en su trabajo personal. Ansiosa por una vida más acorde a su inquieto temperamento, Chanel intenta convertirse en cantante y por uno de los temas que interpretaba le queda el apodo de “Coco” que empleará años después. Un admirador acaudalado, Étienne Balsan, la instala consigo y desde allí tendrá la plataforma para su lanzamiento en el mundo de la sociedad acaudalada. Lejos de apoltronarse y resignarse a un papel como amante, la gran Chanel emprende allí el trabajo de diseñar moda para damas de alta sociedad. El impulso para independizarse lo consigue de otro amante, el inglés Boy Capel. En 1910 se instala en el 21 de la Rue Cambon en París, vendiendo sombreros. Entre ese año y 1921, cuando se expande al local número 31 de esa calle, abre su primera boutique de moda, inaugura una casa de alta costura, impone el jersey femenino y comienza a incursionar en las fragancias, siendo que su famoso Chanel No. 5 es lanzado precisamente en 1921. Para 1935, cuando ya ha sido seleccionada para vestir a las estrellas femeninas de Hollywood, da empleo a cuatro mil personas y vende alrededor de veintiocho mil modelos por año en todo el orbe. Hay un retiro en 1939, coincidiendo con la Segunda Guerra Mundial, manteniendo apenas abierta la tienda del No. 31 de la Rue Cambon. En 1946 dicta una suerte de memorias al escritor Paul Morand (1888-1976), que serán publicadas en 1976 y constituyen el grueso de material para este artículo (La referencia es: MORAND, Paul. El aire de Chanel. Traducción de Ana Torrent. Tusquest Editores, 1999). A los 71 años, en 1954, Chanel vuelve y retomará la exitosa trayectoria de lanzamientos, incluyendo perfumería masculina, hasta su fallecimiento.
Ciertamente hubo heridas importantes en esta vida frenética. Ella misma le decía a Morand: “…Me sobrecoge un gélido horror cada vez que oigo pronunciar la palabra ‘huérfano’. Aún hoy no logro pasar por un internado de niñas sin que se me humedezcan los ojos o cuando alguien dice ‘esos niños son huérfanos’” (c.f ZILKOWSKI, Katharina. Coco Chanel. Ediciones B Argentina, 2000). Ella era capaz de valorar positivamente ante Morand lo que en su día fueron grandes dolores: “Cuando veo cuánto perjudica a las personas el haber tenido una infancia feliz, no me arrepiento de haber sido en un principio profundamente desgraciada. (…) Por nada del mundo me habría gustado tener otra suerte distinta a la mía”. Y agregaba: “Para apaciguar esos fantasmas que se llaman complejos nunca es demasiado tarde”.
Su carrera tuvo algo de desquite contra ese mundo lujoso y haragán al que vistió y del cual fue excluida en su temprana juventud. Ella desmontó el estilo de vestir ostentoso que se usaba a inicios del Siglo XX. Los excesos casi barrocos fueron sustituidos por un estilo de vestir sobrio. Fue como si vistiese con sus sencillos uniformes de orfanato a la crema y nata social. Eliminó el corsé, popularizó tejidos británicos antes limitados al público masculino, reivindicó la sencillez del blanco y negro, buscó aproximar la moda al mimetismo natural; optó por eliminar lo recargado y superficial, retomando una suerte de “clasicismo vanguardista” en la moda, rompiendo con lo anterior e inaugurando el siglo XX para la moda femenina. La botella de su perfume Chanel No. 5 era de una sobriedad ausente en cualquier frasco de fragancias para aquel entonces. Fue expuesto en 1959 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. La propia Chanel afirmaba:
“Trabajaba para una sociedad nueva. Hasta el momento habíamos vestido a mujeres inútiles, ociosas, mujeres a quienes sus doncellas tenían que poner las medias; a partir de ahora tenía una clientela de mujeres activas; una mujer activa necesita sentirse cómoda dentro de su vestido. Tiene que poder recogerse las mangas. La belleza no tiene nada que ver con la afectación: ¿por qué tantas madres sólo enseñan a sus hijas a coquetear, en lugar de enseñarles la belleza?”
Además ella decía, categórica:
“Hice la moda precisamente porque salía, porque fui la primera en vivir con mi época”.
Ella misma transmitió la clave fundamental de su trayectoria: “El secreto de este éxito es que he trabajado muchísimo. Durante cincuenta años he trabajado mucho más que cualquiera. Nada sustituye al trabajo, ni los títulos, ni el aplomo, ni la suerte”. Lo decía quien a los 71 años relanzaba su carrera y fallecía un domingo, el día que más detestaba precisamente porque era cuando se entregaba al descanso. En los recuerdos que evoca frente a Morand, expuestos en forma de máximas, ofrece su visión sobre dinero y trabajo: “Se empieza por desear el dinero. A continuación se coge el gusto del trabajo. El trabajo tiene un atractivo mucho más fuerte que el dinero. El dinero sólo acaba siendo el símbolo de la independencia. A mí sólo me interesaba porque alimentaba mi orgullo. No se trataba de comprar objetos, nunca he deseado nada, sólo cariño; tenía que comprar mi libertad, costara lo que costara”. Esa independencia suponía también desprenderse en gran medida de la opinión ajena:
“Consagraba mi tiempo al trabajo. M.B. me dijo enfadado:
– Usted me odia.
Le contesté:
– ¿Cree que tengo tiempo para ello?
Las personas piensan en todo, se imaginan todo tipo de hipótesis, excepto una: cuando se trabaja se les ignora”.
Su visión tiene que ver, más que con una ética, con una espiritualidad del trabajo. Ella afirmaba: “Los cuidados de la belleza tienen que empezar por el corazón y por el alma, si no, los cosméticos no servirán para nada”.
Con todo esto, es bueno recordar la advertencia que ella misma lanzó: “Hay que hablar de la moda con entusiasmo, pero sin exagerar; y sobre todo sin poesía, sin literatura”.
carlosurgente@yahoo.es
@carlosgoedder
Facebook: Carlos Goedder
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR