América, Política

Uruguay: Marihuana libre y estatal, tabaco restringido y discriminado

El gobierno uruguayo avanza en su posición de legalizar la venta de marihuana en el marco de una serie de medidas que buscan combatir la inseguridad pública y que tienen como base la guerra a la pasta base de cocaína.

Según datos oficiales de la presidencia uruguaya, el país tiene actualmente 987 detenidos por causas directas de narcotráfico y unos 2000 delitos relacionados con hurtos y robos cuyos autores materiales son personas que delinquen para proveerse dinero para la compra de drogas.

El argumento oficial es que cada recluso le cuesta al país aproximadamente 25 dólares por día, lo que significa destinar alrededor de 30 millones de dólares anuales en población carcelaria afectada a delitos relacionados con los estupefacientes. A estos números hay que agregarle los equipos de policías que trabajan en el tema drogas, que son unos 200 oficiales, y que insumen un presupuesto de otros 6 a 7 millones de dólares anuales. Hasta aquí pareciera tener sentido en materia de racionalidad del gasto público y buena administración de los dineros de los contribuyentes.

Sin embargo, el Uruguay que admiramos y queremos por sus muchas cualidades, nos muestra a partir de las políticas del gobierno del presidente Mujica que no escapa a la manifiesta corriente de la dicotomía progresista latinoamericana. Esto queda expuesto en lo que a mi juicio configura el avance del Estado en la represión del consumo del tabaco, lo que desnuda la clara contradicción estatal cuando legisla liberando la legalización del comercio de la marihuana.
Hasta donde conocemos, los fumadores de tabaco no delinquen para procurar satisfacer su costumbre-necesidad, o si el lector quiere, su adicción. Pero parecería que los consumidores de tabaco no merecen el mismo grado de libertad o tolerancia que los fumadores de marihuana. Cuando en realidad y desde una visión estrictamente liberal debería ser igualmente equitativo, justo y permisivo con unos y otros, aún sabiendo que las consecuencias del consumo son nocivas pero bien distintas en uno u otro caso, y sin apologizar en absoluto a favor o sobre las consecuencias de ambos consumos.
A nivel mundial, la industria tabacalera ha admitido hace años que el tabaco es un producto que debe ser regulado, tan es así que participó y apoyó los primeros impulsos de la OMS en la formulación del Convenio Marco para el Control del Tabaquismo. El tema es que se ha ido avanzando hacia una regulación excesiva e irracional al punto tal, que en Uruguay, se pretende prohibir la exhibición del producto en los puntos de venta habilitados a pesar de que la primera y más notoria consecuencia será la equiparación de los cigarrillos legales, que pagan impuestos y cumplen con el 100% de las normas sanitarias, con los cigarrillos de contrabando que sin pagar impuestos ni respetar la normativa vigente se venden a un 50% menos del precio legal. Este es el uno de los errores groseros en que incurrirá la administración Mujica si prospera el proyecto de Ley en curso.
Hay otros aspectos sobre los cuales se sabe muy poco y nada se dice en la ley aprobada por diputados uruguayos, y ello es sobre la carga fiscal que tributara. Si el objetivo y la lógica que persigue la legalización apunta a restringir el negocio y quitarle mercado al narcotráfico, nadie ha explicado en el proyecto legislativo una verdad absoluta, y es que el narcotráfico no paga impuestos para competir con las farmacias habilitadas legalmente, por tanto estas tendrán que vender a menor precio y es difícil que lo puedan hacer si se aplica a la marihuana legal la misma presión tributaria que al tabaco que en Uruguay es cercano al 70% del precio de venta al público.
Finalmente, pero no menos importante, es tener en cuenta el estudio, dirigido por la profesora Madeleine Meier de la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, Estados Unidos, donde se analizó el impacto del uso de marihuana en varias funciones neuropsicologías de 1037 individuos nacidos entre 1972 y 1973. En el mencionado estudio los científicos siguieron a los participantes hasta que cumplieron 38 años. Llevaron a cabo estudios desde cuando eran niños y antes de que empezaran a usar la droga, para posteriormente entrevistarlos de forma continuada. Para obtener los resultados finales de tales evaluaciones, los investigadores tomaron en cuenta factores como dependencia del alcohol o tabaco, uso de otras drogas y el número de años de educación de los evaluados.
Los estudios permitieron establecer con rigor científico que los participantes que habían usado persistentemente marihuana, mostraban un amplio deterioro en varias áreas neuropsicológicas, como funcionamiento cognitivo, atención y memoria. Los individuos que usaban la droga de forma persistente -que la habían fumado al menos cuatro veces a la semana año tras año durante su adolescencia, sus 20 años y en algunos casos sus 30 años, mostraron una reducción importante en su coeficiente intelectual. De allí que no sea un error sostener que entre más fuma marihuana el individuo, mayor es la pérdida en el Coeficiente Intelectual (CI), según indican los científicos.
Las investigaciones dejan ver que los que habían comenzado a usar droga en la adolescencia y siguieron usándola durante años mostraron una reducción promedio de ocho puntos en el CI, con un daño de grado irreversible. Y al dejar de usarla o reducir su uso no lograron restaurar completamente su pérdida de CI.

La profesora Terrie Moffitt, del Instituto de Psiquiatría del London King´s College,
quien participó en el estudio, afirma que estos resultados tienen un impacto significativo en nuestro entendimiento de los peligros del uso de marihuana. La científica indico: Seguimos a casi 1.000 participantes, analizamos sus capacidades mentales siendo niños antes de que usaran marihuana y los analizamos posteriormente 25 años más tarde, cuando algunos de los participantes se habían convertido en usuarios crónicos. “Los participantes fueron honestos sobre abuso de la sustancia porque confiaron en nuestra garantía de confidencialidad, y 96% de los participantes originales continuaron en el estudio desde 1972 hasta ahora”.
La científica agrega que es un estudio tan especial que puedo decir con seguridad que la marihuana es medianamente insalubre para los cerebros mayores de 18 años, pero es peligrosa e irreversible para los menores de 18 de años. Lo cierto es quehay muchos informes anecdóticos de que los usuarios de marihuana tienden a ser menos exitosos en sus logros educativos, matrimonios y ocupaciones y tal vez este estudio ofrece una explicación de porqué puede ocurrir eso.
 
En mi opinión, creo que estos estudios y sus resultados son verdaderos. Y será muy importante replicarlos para poder iniciar campañas públicas de educación para que la gente conozca estos riesgos. Es allí donde se debería invertir esfuerzo y dinero por parte de ‘’los gobiernos progresistas’’, es decir en salud y educación y no en políticas pseudo-progresistas que no son más que el avance avasallador del Estado contra ámbitos privados de las personas.


Prof. George Chaya (BA) in History, Canterbury University, UK. Consultant on Middle East and Latin America. Twitter @george_chaya

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