Oriente Próximo, Política

Arabia Saudita y el 11 de septiembre

Parte del informe oficial tras el ataque del 11S fue censurado. Hoy, todo parece indicar que las conexiones con el gobierno saudí son claras.


Tras los atentados del 11 de septiembre, el Congreso norteamericano creó una comisión conjunta para investigar los fallos de seguridad que posibilitaron el mayor ataque terrorista de la historia. Dicha comisión elaboró un informe de 898 páginas en el que se detallaba la compleja investigación.

Pero faltaba algo.

Hay 28 páginas que jamás han visto la luz y que podrían ser decisivas para entender cómo se produjeron los atentados.

En los últimos días, los medios estadounidenses han prestado gran atención a este asunto. El motivo es la petición de que haga público el contenido de esas 28 páginas, propuesta presentada por un congresista de Carolina del Norte, el republicano Walter Jones. De aprobarse, las familias de las víctimas del 11-S quizá pudieran emprender acciones legales contra los gobernantes de Arabia Saudita.

Paul Sperry, de The New York Post, es uno de los periodistas que están volcados en el tema.

Sperry ha entrevistado a los investigadores que trabajaron en los primeros momentos de los atentados y trataron de seguir lo que se conoció como “la pista saudita”. Todos ellos, independientemente de la agencia de seguridad para la que trabajaran, aseguran que vieron cómo las autoridades esterilizaban sus esfuerzos para investigar la conexión de, al menos, una parte de los terroristas del 11 de septiembre con la embajada de Arabia Saudita en EE.UU.

Una filtración de esa parte censurada del informe pone de manifiesto los contactos de la embajada saudita con al menos dos de los secuestradores de los aviones con los que se perpetraron los atentados. Los investigadores localizaron varias llamadas telefónicas de los terroristas a sus controladores sauditas previas a los ataques, así como una transferencia de 130,000 euros a uno de ellos desde una cuenta de la familia del príncipe Bandar, por entonces embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos.

Uno de los agentes del FBI que participó en la investigación se queja al periodista de la manera en que la Casa Blanca protegió a Bandar:

El embajador saudita financió a dos de los secuestradores del 11 de septiembre a través de terceros. El diplomático debería haber sido tratado como un sospechoso de terrorismo, así como otros miembros de la elite saudita que el Gobierno estadounidense sabía que estaban financiando la yihad global.

En lugar de eso, explica Sperry, el príncipe Bandar se reunió con el presidente Bush en la Casa Blanca dos días después de los atentados, mientras el FBI evacuaba a docenas de funcionarios sauditas de distintas ciudades norteamericanas, incluido al menos un miembro de la familia de Osama bin Laden que aparecía en el listado de terroristas buscados.

¿Qué contienen esas 28 páginas para haber provocado este terremoto informativo? A tenor de la furiosa reacción de los sauditas, su contenido no debe de dejar en muy buen lugar a Riad. Fuentes del régimen saudita han amenazado con represalias de carácter económico si la desclasificación sigue adelante y el ministro de Exteriores, Adel al Yubeir, ha advertido de que están dispuestos a vender miles de millones de bonos estadounidenses, lo que podría hundir el dólar en los mercados.

En una reciente entrevista, Sperry asegura que esas 28 páginas son “explosivas”, porque identifican claramente a los cómplices de los ataques del 11 de septiembre. Y va más allá:

Es importante hacer públicas esas 28 páginas, no solo para que las familias del 11 de septiembre puedan finalmente tener justicia (…), sino para que podamos poner fin a esta alianza suicida con Arabia Saudita.

© Libertad.org

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