Política

Argentina: Cuidado con la posdata

Al parecer el “populismo” nacional es derecho y humano. Quizá, porque en Argentina no hay demasiadas novedades que entretengan y hasta el propio hartazgo comienza a hartarnos.

Gabriela Pousa
“Es empresa vana tratar de ridiculizar a un necio rico: las carcajadas están de
su parte”.

Jean de Bruyére

Sin mega-anuncio pero con un
despliegue de medios que intentó al menos, acicalar el escenario, nos hemos dado
el lujo de continuar viajando. Pareciera que hay cierto temor a quedarse en este
suelo. Quizá, porque aquí dentro no hay demasiadas novedades que entretengan y
hasta el propio hartazgo comienza a hartarnos.

De pronto, el triunfo de
Bush, la derrota de Kerry, la victoria de Tabaré, la muerte de Arafat, dejaron
de ser aquello que nos mantuvo de desvelo en desvelo. El ahora pasa con
inusitada velocidad a ser un remoto pasado. Así, seguimos sin rumbo hasta que,
de pronto, nos sorprendió la gran muralla. Estábamos o aún estamos en Asia.


Tras ocuparnos de algunos asuntos locales como ser la relación amorosa
de Carlos Tévez – jugador de Boca- y la modelo sin pasarela, el propio congreso
que hiciera con su lengua Torcuato Di Tella, las peculiares “fiestas” de
“regresados”, etc., volvimos a insertarnos en el mundo al menos en cuanto al
tema top…

Los noticieros se ocuparon de mostrarnos como tomar los
palitos para comer arroz, los medios gráficos se esmeraron en argumentar los
contra y los pro de las nuevas relaciones carnales y la izquierda salió a las
calles a denunciar un régimen de opresión en nuestra “madre” sustituta, la China
de Hu Jintao… Al parecer el “populismo” nacional es derecho y humano.


Si algo nos caracteriza a los argentinos es la coherencia y la
consistencia de nuestras vertientes ideológicas intrínsecas. Al Presidente, que
hasta ayer se lo acusara de querer cerrar fronteras, hoy se lo condena por la
apertura de éstas. Posiblemente ambas posturas tengan su dosis de razón o al
menos de certeza. Pero convengamos que acá, quién falla, ya no es quién escribe
la carta sino aquel que posteriormente la avala firmándola… Y a la sociedad
argentina está visto que se le puede acabar la paciencia, el asombro, la
memoria… pero no hay caso, lo que no se le acaba nunca es la tinta y la
ceguera que le impide ver la otra cara de la moneda.

Paradójicamente, en
una negociación tan “trascendente” quién estuvo ausente de escena ha sido el
Ministro de Economía, Roberto Lavagna. En su lugar, Julio De Vido, tomó la
delantera. Este enroque en los actores amerita que la duda se erija como buena
consejera.

Pero la carreta delante del caballo no lleva a ningún lado.
¿Cómo se puede hablar siquiera de libre mercado cuando el default sigue acosando
a la Argentina? El acuerdo con el Fondo Monetario se retrasa. Los bonistas no
aprueban la oferta que se les vende como “reestructuración de deuda” y el país
sigue, sin equilibro, tambaleando en la cornisa.

Claro que Dios aprieta
pero no ahorca. Estados Unidos acaba de encontrar un hongo capaz de echar a
perder su cosecha de soja… Pero eso ocurre en América y nuestra dirigencia
está absorbida en la cultura milenaria de una China que maneja el capitalismo de
la misma manera como acá se maneja la democracia.

La democracia que nos
deja con pesificaciones asimétricas, con récord en el tráfico y consumo de
cocaína, con secuestros con menú incluido: extorsivos o exprés, con cajeros
automáticos que estallan por obra y gracia de “la mano de obra desocupada”… Ni
a Truman Capote ni a Walter Scott se le hubieran ocurrido semejantes
protagonistas para encarnar a sus criminales o sus víctimas. Y un Ministro del
Interior, Aníbal Fernández explicándonos en conferencia de prensa que las bombas
en los bancos “no es tan complicado ni tan simple. Nosotros entendemos que
alguien lo preparó”

Gracias, señor funcionario. Ahora nos queda más
claro…

Pero todo eso carece de importancia si estamos en época de
turismo tratando de averiguar qué se siente siendo chinos… Y con un superávit
fiscal récord `pareciera que hay visa para quedarse afuera un largo rato.


En rigor de verdad, poco importa que sea China, Rusia o Vietnam. El gran
problema argentino pasa por el crónico síndrome de la mediocridad.


Importar, exportar, ALCA, MERCOSUR… Todo en síntesis, deriva en la
misma conflictividad: A la competencia en la Argentina se la ve como la peor de
las enemigas.

Cuidado porque es cierto que Asia es el continente que más
ha crecido y crecerá en los próximos años pero el crecimiento no es
contagioso… Si no se hace absolutamente nada en torno a las finanzas de entre
casa, la bonanza asiática no garantizará por ósmosis riqueza ni disminución del
desempleo, ni caída industrial argentina. No seamos obsesos.

Mientras
perdemos tiempo discutiendo si los zapatos saldrán más o menos baratos y nos
distraemos mirando a Lula con desconfianza por jugar sin consultarnos sus
propias cartas, hay un Chile que se incorpora -de una u otra manera- a la Unión
Económica Europea y al mercado americano con hechos más que con filípicas o
misivas bien intencionadas.

La Argentina siempre tuvo cartas. Lástima
que nunca recordemos leer qué dicen las posdatas…

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