Este análisis de la periodista Gabriela Pousa, que ofreceremos en tres entregas consecutivas, es una visión lúcida sobre los pactos oscuros de Kirchner con el poder piquetero. Porque en Argentina, como en Bolivia, también se gobierna desde la calle.
Primera Parte
El 12 de Agosto de 2003, Néstor Kirchner encabezaba un acto en el salón Norte de
la Casa Rosada durante el cuál se firmaba una serie de convenios con
organizaciones sociales. En esa oportunidad, el Presidente fue claro y preciso:
“la prioridad será para las organizaciones civiles, sociales y movimientos de
desocupados”. En primera fila aplaudían los piqueteros Luis D´Elía, Juan Carlos
Alderete y Raúl Castells.
Luego, el primer mandatario fue aún más allá:
“Lamento que muchos se molesten cuando diversas organizaciones sociales plantean
sus demandas, hay que profundizar fuertemente iniciativas de esa índole porque
ellos son los verdaderos representantes de la gente que necesita ayuda, y la
deben tener sin intermediarios clientelistas en el medio”- enfatizó.
A
dos meses de asumir, el jefe de Estado tenía definido su estilo de gobierno, sus
objetivos y su desvelo; es decir, aquello que sería el leitmotiv de su gestión:
el sustento popular que legitime su poder cuestionado por un 22% de votos que
incluso sonaban “prestados”. Kirchner estaba dispuesto a arremeter contra todo
aquello que fuera obstáculo a su afán populista y al individualismo extremo que
lo llevó a desistir de las reuniones de gabinete y a rodearse de amigos más que
de funcionarios. Así estamos…
A escasas horas de asumir al poder,
descabezó la cúpula del Ejército sin asidero para acomodar personajes que
avalaran sus caprichos y fueran “leales” a la hora de ocultar las maniobras
turbias de la provincia que supo convertir en feudo sureño. Pasaron pocos días y
la afrenta fue directa a la Corte de Justicia. En este aspecto es dable
reconocer que el mandatario tiene el gen justicialista. Fue el Gral. Perón quién
dio origen a la lamentable costumbre de remover jueces del Tribunal Supremo como
si fuesen figuritas de un álbum de colegio… Los noventa fue rivales erigidos
centro de ataques aun antes de la asunción y demostró su intolerancia hacia los
medios de comunicación que le fueran adversos, en su primera aparición,
almorzando en televisión. Todo esto continuó. Y ha de continuar en lo sucesivo.
Grave es tener que admitir que Néstor Kirchner, ha tenido vía libre para
hacer y deshacer a su antojo. Desde que el jeque de Lomas de Zamora canjeaba
candidatos según el dictamen de las encuestas, la oposición a estos mecanismos
siniestros de manipulación política brilló por su ausencia. Al menos, no fue
capaz de estructurarse sin mezquindades, liberando a Narciso y pensando -por
encima de diferencias que no hacen al fondo de la cuestión pública-, en sumar
ideas y propuestas.
En este aspecto, falta una crítica o mejor dicho, un
sinceramiento que debería hacer la llamada “derecha”. El “cuándo” se producirá
semejante osadía parece no tener fecha. Puede avizorarse pues, un porcentaje
interesante de votos que supo capturar en las últimas elecciones, rumbeando
hacia un seudo-centro, difícil de definir, para el cuál se prepara con incierta
eficiencia Elisa Carrió sin más elemento que un discurso apropiado para la
ocasión.
A la dirigente del ARI, mal o bien, hay que reconocerle un
acierto entre tantas denuncias sin asidero. Apenas divisó el modus operandi del
santacruceño, su espíritu apocalíptico predijo que la siembra de vientos
cosecharía tempestades. Henos aquí en una de ellas, sin remos, sin timón,
haciendo agua a babor y a estribor… Desde luego que, un pronóstico acertado no
amerita tener la capacidad de dirigencia. Ah, es cierto que también hay un
político que llama a un “frente opositor gigantesco” pero sólo de dos miembros.
Ante este panorama, la pregunta que aflora apunta a desentrañar qué hay en el
mercado para saciar una demanda que no se halla satisfecha con el “estilo k”
.
Valga esta larga introducción para encontrar respuesta a ello y
averiguar al unísono por qué tanta conmoción en los últimos tiempos: ¿Dónde está
la novedad? Posiblemente, si la sociedad en su conjunto reaccionara ante la
sarta de incongruencias que estamos presenciando, lo novedoso sería un “darse
cuenta” que nos aleje de un estado de acostumbramiento peligroso. Pero de todo
cuánto acontece hay antecedentes. Sin ir más lejos, los piqueteros son, como
vengo repitiendo cada semana, parte del mobiliario urbano y pareciera lógico
escuchar que alguien deja de ir al centro para evitar congestionamientos
cediendo, en definitiva, su derecho a caminar la ciudad y alimentando el
monopolio de los insurrectos. Ante la preeminencia de la queja pasajera y la
entronización de la costumbre, las novedades brillan por su ausencia. Lo que
surge como “nuevo” es material vivido y repetido.
Desde luego que la
afrenta “indirecta” a la Iglesia católica si bien tuvo algunos signos
anteriores, esta vez parece exacerbarse aunque no tendrá demasiadas
consecuencias. Ya se le ha advertido a Kirchner que, contra dos mil años de
poderío nadie puede salir ileso. Y como todo lo que rodea al presidente
Kirchner, el alcance es cortoplacista. Las aguas tenderán a calmarse. Sin
embargo, el problema del corto plazo es, paradójicamente, la decadencia de largo
plazo en que se verá sumida la Argentina. Néstor Kirchner pasará como pasaron
tantos otros pero el país queda, o mejor dicho van quedando solamente ruinas a
causa de las políticas miopes y cortoplacistas de la dirigencia. “Pan para hoy,
hambre para mañana” es la única regla que no cambia en este dislate donde la
demagogia de ayer hace eco 24 ó 48 horas, y después… Después, borrón y cuenta
nueva. Todo vuelve a empezar.
No bastó la algarabía (sin causa) de la
supuesta salida del “default” (no reconocida en el ámbito mundial hasta la
fecha) para vivir un tiempito de bonanza que, el jefe de Estado, volvió a
recurrir a las “novedades” viejas. Si bien, el carácter cíclico de nuestras
crisis es conocido, a veces los mareos que provocan los giros atonta de manera
tal que terminamos discutiendo la cuadratura del círculo y buscando salidas como
las de Cromagnon. Los candados y las trampas acá también, los puso el
organizador del espectáculo. Somos los rehenes del show. Porque al igual que
“Callejeros”, después de la debacle, la “orquesta” seguirá tocando… ¿Y
nosotros? Adaptados al ruido y al son desafinado.
Volvamos a las
“novedades de coyuntura” y a ver qué hay detrás de ellas sino para entenderlas,
al menos para no seguir barriendo basura debajo de la alfombra creyendo que así,
la casa se ordena. El Presidente asumió con un caudal electoral poco claro.
Desde entonces, su afán fue obtener el gen de la gobernabilidad a través de la
publicación de porcentajes elevados de adhesión a su imagen. Dos años después,
nos encontramos con un mandatario que goza de un poder hegemónico. O las
encuestas hacen milagros o la miopía y el cortoplacismo de la dirigencia
política ha contagiado a la calle “No hay mal que dure cien años”, ¡venga el
refrán a consolarnos! En medicina se prevén enfermedades conociendo de antemano
la sintomatología.
A ésta se llega con preparación y un severo régimen
de estudio sobre casos, genes, células, etc. Es decir, la herencia, la “historia
clínica” son elementos claves para evitar futuros males. Lo mismo debiera
suceder ante una administración pública. La historia, la experiencia tendrían
que ser las herramientas para no ejecutar políticas que ya han demostrado ser
adversas. En instrucción cívica valdría identificar ciertas corrientes de
pensamiento que condujeron al caos y a enfrentamientos. De esa forma, se
advertiría que las “actuales novedades” no son tan nuevas…
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