Política

Argentina: La pelea Kirchner vs. Duhalde prolonga la crisis

“Duhalde, Kirchner… Kirchner, Duhalde… Alianzas, distanciamientos, cambio de nombres y etiquetas partidarias pero en el fondo y en esencia, ¿quiénes vinieron hundiendo a la Argentina en las últimas décadas?”

Gabriela Pousa


 


“Nosotros los de antes, ya no somos los mismos” Pablo Neruda


 


Si está primero el huevo o la gallina ha sido, desde tiempos inmemoriales eje de polémica, enigma difícil de discernir en todas partes. En la Argentina, sin embargo, este tipo de situaciones indescifrables son cosa de todos los días.  Es como si viviéramos  caminando en medio del asfalto sin saber realmente por cuál de las dos veredas ir. Entonces vamos tambaleando y, en ocasiones, nos sorprendemos incluso a contra mano del mundo.


 


Sin ir más lejos, en lo que a  la política respecta, hoy podemos preguntarnos si Néstor Kirchner aparece fuerte en  escena como consecuencia de las movidas de Eduardo Duhalde o si el duhaldismo se mueve –rápida o lentamente- como respuesta a un debilitado kirchnerismo. ¿Quién puede saberlo con certeza?


Una lectura simple apostará a la primer premisa. A saber, fue el dedo del jeque bonaerense el que importó a Buenos Aires al caudillo santacruceño ante las encuestas poco favorables a José Manuel De La Sota y el reticente “no” de Carlos Reutemann (los dos supuestos “presidenciables” o, en rigor, los dos posibles contrincantes del menemismo a finales del 2002) Pero hay datos, quizás no muy tenidos en cuenta que pueden dar vuelta la ecuación y mostrar que los hechos pudieron haber sucedido también de manera inversa.


 


A mediados del 2002, Eduardo Duhalde quería organizar una “prolija” retirada del poder. Especuló -como lo han hecho casi todos los mandatarios que supimos conseguir- con una “reforma política” pretendiendo, supuestamente, evitar la ley de lemas que dejaría al frente del Ejecutivo una figura sin alto consenso popular. Tres años atrás el  PJ ya era un descalabro y avanzaba en la escalada proselitista con 5 candidatos distintos. ¿Qué hacer? O ¿qué se hizo? Lo que comúnmente ha hecho el peronismo: mantener el status quo y dar paso a más de lo mismo. 


 


Pero, como una constante más en la Argentina, el entonces jefe de Estado no podía dejar el cargo sin cumplir los requisitos pactados con el FMI. En carpeta quedaban pendientes  la ley de subversión económica y de quiebras. Cada fin de semana se llevaban a cabo en la Quinta de Olivos cónclaves con los gobernadores a fin de lograr algún acuerdo en la coparticipación federal y el aval para que las leyes en carpeta queden sancionadas a tiempo. Sin consenso provincial, Duhalde estaba imposibilitado para avanzar. 


 


Néstor Kirchner, gobernador de Santa Cruz por aquellos días, era de los 14 gobernadores justicialistas, el más duro opositor. Había dejado de asistir a las reuniones de mandatarios provinciales con el Presidente y no firmó el documento de 14 puntos en el cual el Ejecutivo y las provincias se comprometieron a cumplir con las exigencias del Fondo. Ante la avanzada inflacionaria que azotaba al país, el santacruceño sostenía: “No hay que poner controles de precios. No creo en otro sistema que no sea una muy buena política de competencia, es decir, libertad de precios. El mundo lo marca así. Estos centros de abaratamiento que nacen van a ser nuevos nichos de corrupción” (declaraciones hechas el Domingo 26 de Mayo de 2002 al diario La Nación)


Kirchner lidiaba contra la política duhaldista. Jaqueaba las jugadas del bonaerense y  hacía campaña proselitista cuando no había aún fecha de elección estipulada.

Decía por aquellos días: “Lo primero que hay que hacer en el país es reconstruir la nación, no tenemos nación. Lo segundo, reorganizar el Estado, las instituciones, la educación, la seguridad, cuestiones fundamen
tales que están absolutamente sin rumbo ni destino. Después cambiaría el sistema impositivo, es decir, tendría un sistema en el que los sectores que más tienen más impongan y saldría del impuesto al consumo para generar un impuesto a las ganancias que permita tener otro nivel de recaudación y terminar con estos impuestos recesivos. Hay que eliminar el IVA”


 


Ese Néstor Kirchner tenía “claro” cómo administrar las provincias, amén de que los fondos de Santa Cruz ya estaban fuera de la Argentina. “Las provincias y los municipios que entren en cesación de pagos que vayan a la quiebra. Que arreglen con sus acreedores, y si la quiebra es dolosa, obviamente el gobernador y el intendente deben ir presos; si son negligentes, que la gente no los vote nunca más. Si los bancos o los proveedores prestaron o vendieron caro porque necesitaban plata urgente, que vayan a la masa de acreedores, como todos, para que aprendan la lección. Hay provincias que deben mucho, como Buenos Aires, Río Negro, Jujuy o Chaco. Con los costos financieros que tienen son irrecuperables. Dicen que bajan el 60 por ciento el déficit, pero con tanto endeudamiento no pueden salir del paso”


 


El gobernador de la provincia de Buenos Aires por esos días era Felipe Solá. Sigue siéndolo. No está preso. El actual presidente, ¿homónimo del santacruceño que lo quería preso?, apuesta al conurbano cediéndole incluso la reina para armar sin fisuras el tablero…


Lo cierto es que Kirchner fue un férreo opositor al duhaldismo. Recuérdese sino el polémico suceso acaecido en junio del 2002 cuando el avión sanitario de la provincia sureña fuera utilizado para  trasladar al senador correntino Lázaro Chiappe a la Capital de manera que votara en contra de la derogación de la ley de Quiebras exigida por el Poder Ejecutivo.

Nadie escuchó por entonces al legislador del Movimiento Federal Santacruceño (MoFeSa) Omar Muñiz quién señalara:  “No es nuevo el hecho, porque desde su adquisición la aeronave casi nunca se usó para brindar asistencia en urgencias sanitarias, sino que pasó a engrosar la flota personal y proselitista del matrimonio Kirchner”


 


Manifestaciones democráticas de este justicialismo contemporáneo: sin competencia, se mueve a despecho y librado al arbitrio de un gerente de turno capaz de movilizarse únicamente  a impulso de sus odios personales. En ese aspecto, no encontrar en Néstor Kirchner genes justicialistas es de necios. Tal como se movió Duhalde a la hora de organizar su retiro, se está moviendo ahora su “delfín” aunque con movimientos más parecidos al de un tiburón asesino.


 


Hoy la interna justicialista desvela a la ciudadanía. Ante ese dato la pregunta que cabe hacerse es si el problema lo tiene la dirigencia o en verdad, el problema es la gente misma. Porque la política sigue utilizando los mismos recursos. Duhalde y Kirchner fueron figuritas adversas, contrincantes en el seno del peronismo desde hace tiempo y aún persiguiendo lo mismo. ¿Por qué dejarían de serlo? 

La metodología es harto conocida: Kirchner sirvió a Duhalde para jaquear a Carlos Menem. Los unió un fin. No importaban los medios. Hoy, el fin del kirchnerismo es la centralización del poder y los números demuestran que no se necesita al duhaldismo para alcanzar esa meta. Ahora bien, si mañana faltasen dos votos, nada impedirá que se firme el mentado pacto entre ambos políticos. Pasó ayer ¿por qué no pasaría mañana? Se trata de llegar al objetivo. Y para ello, todo es válido. Estos hombres a los que aludimos cambiaron de idea por propia conveniencia innumerables veces.

Es esa, “su manera”
. Pero hasta acá, el panorama atañe a la casta política, a la dirigencia. A nadie debiera asombrar sus afanes excediendo todos los límites. Por otra parte, ¿qué puede importar si acaso Duhalde y Kirchner se unen en matrimonio legal? ¿O es que hay alguien que ve en el duhaldismo una alternativa capaz de sacar la provincia de Buenos Aires de dónde está? De ser así conviene atender unos pocos datos para evitar ilusiones vanas y refrescar memorias diezmadas:


 


Eduardo Duhalde asumió la presidencia con la promesa de reactivar la economía y lograr el crecimiento basado en el progreso de las empresas nacionales. En vez de proclamar un “país serio” como se hace hoy día propugnaba un “país normal”. Para su primer ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, la convertibilidad era una “anormalidad” Punto final para aquella. Cuatro meses después, se sucedían las cumbres de gobernadores para que la gobernabilidad no fuese a foja cero.

¿Por qué Duhalde gritaba  pues que “No era un presidente débil”? Roberto Lavagna asumía en Hacienda. En esos días, las reservas internacionales líquidas del Banco Central, sumaban apenas US$ 10.594 millones, y con las ventas de divisas realizadas para contener la devaluación del peso disminuían en un solo mes por debajo del límite de los US$ 10.500 millones (la pérdida era de unos 9000 millones, es decir, de cerca del 46 %) La circulación monetaria crecía a más del 50%. La inflación avanzaba a pesar de la excusa del Presidente que decía que los precios no subirían porque “la gente no tiene dinero para comprar“. ¿Teoría económica de qué manual? Ni Keynes lo sabría explicar…



En un solo mes el índice de precios al consumidor medido por el INDEC aumentaba a 21,1% (más de lo previsto para el año entero) También iba en ascenso el índice de precios al por mayor, trepando en abril de 2002, al 53,3%. El pacto con el Fondo era cada vez más difícil de alcanzar y para frutilla del postre aparecían en escena los piqueteros y el caos social.  Finalmente: “El que puso dólares recibirá dólares”


 


Y estas son sólo algunas características de la gestión duhaldista. ¿Vale la pena discutir si esta gente debe hoy sumarse al gobierno o desistir? ¿Si serán oficialismo, alternativa, oposición? ¿En qué cambia la situación? Chiche, Cristina; Cristina, Chiche…  Los sondeos pueden marcar favoritismos sin demasiada escala. Ya que tanto gusta remontarse al pasado en vez de pensar el futuro de la república, veamos que  en Mayo del 2002, Gallup sacaba a relucir encuestas con la imagen de los diferentes factores de poder. Por ese entonces el PJ sumaba un 68% de imagen negativa, un 20% de imagen regular y sólo 7% de adhesiones positivas. Pero… un año después, el PJ volvía a ratificar su permanencia en el poder. Esto es sólo un ejemplo de cómo obran las encuestas en una sociedad con características inenarrables.


 


Por eso cabe preguntarse si el escenario político nacional realmente puede ser modificado por la dirigencia que protagoniza los hechos cotidianos haya o no haya pactos. Y es menester a su vez indagar hasta qué punto la gente tiene interés en un cambio de paisaje. Porque la gente es esa que para sacar entradas a un partido de fútbol es capaz de renunciar al trabajo, pasarse la noche a la intemperie, dejar un basural desparramado sin que le importe nada, violentarse con la policía hasta que se despliegue la Infantería, extralimitarse en las filas, cortar avenidas, etc, etc, etc. ¿Es esa sociedad la que quiere un cambio sustancial en el país? Y en caso de serlo, ¿cuál es el rol que cada uno de nosotros debe cumplir?


 


Duhalde, Kirchner… Kirchner, Duhalde… Alianzas, distanciamientos, cambio de nombres y etiquetas partidarias pero en el fondo y en esencia, ¿quiénes vinieron hundiendo a la Argentina en las últimas décadas? 


  


Y, ¿nosotros los de antes, ya no somos los mismos…?

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