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Argentina: La politización abarca todos los escenarios imaginados

“La forma que Néstor Kirchner ha implementado desde su asunción para sostenerse en el poder no es original siquiera. El Presidente ha entronizado enemigos inexistentes para aparecer en el marco de una guerra -que tampoco existe- como vencedor de batallas que no pelea”.

Gabriela Pousa

“Y quizás eso es la felicidad: el sentimiento apiadado de nuestra propia desdicha”


Augusto Roa Bastos


 


El escenario nacional ha hecho esta semana una regresión pocas veces vista. En ese recorrido hacia tiempos inmemoriales nos remontamos al 2000 para debatir otra vez los sobornos en el Senado. En escena, Chacho Álvarez con dedo acusador filosofeó sin vergüenza. Recordamos la devaluación dado que, al Presidente, los fondos “ahorrados” de su provincia, se le redujeron como los salarios del trabajador. Los setenta tuvieron su protagonismo con la visita del juez Garzón: despilfarro de fondos con el sólo fin de mantener el circo activo y hacer creer que la memoria cosiste en la adulteración del pasado. “Circo” porque esta política de divisiones sin sentido no obedece a la faz ideológica del Primer Mandatario, ni está en su interés la lucha contra el terrorismo salvo como puesta en escena de algo capaz de mantener al pueblo engañado. ¿Hasta cuándo? Mientras fue gobernador de Santa Cruz, Kirchner desdeñó el tema, no se ocupó de los setenta y hasta comulgó con cierta pacificación.


 


El juez español Baltasar Garzón, convidado de piedra en la cita, cooperó más que a la Justicia, a la maquinaria oficialista necesitada de artilugios que conquisten, al menos, a una minoría de la sociedad argentina. El resto, mientras tanto, siguió buscando el modo de subsistir sin necesidad de caer en un hospital público, ni de depender del tren para llegar a tiempo y encontrar el modo de hacerlo salvaguardando piquetes, escarches “políticamente incorrectos” y actos proselitistas por doquier.


 


La AMIA volvió a foja cero, el único culpable es el juez de la causa y nada pasa… Todo sigue pasando como si el tiempo estuviese detenido por decreto.


 


Para sellar este revival al que se nos somete permanentemente, aparecen los García Belsunce otra vez en el tapete y, el último estreno en TV, lo protagoniza Andrea del Boca con una “historia” de esas que no fortalecen la moral de la gente… ¿Es necesario recrear novelas llenas de drama y violencia? ¿No hay ya demasiada en la ficción cotidiana?


 


La cuestión es que cantamos “¡Cartón lleno!” ¡Hicimos Bingo! Sólo falta que, en los próximos días, se reabran causas como la de los sobresueldos y los militares vuelvan a desfilar por Tribunales acusados de ser parte de Al Qaeda…


 


La forma que Néstor Kirchner ha implementado desde su asunción para sostenerse en el poder no es original siquiera.  El Presidente ha entronizado enemigos inexistentes para aparecer en el marco de una guerra -que tampoco existe- como vencedor de batallas que no pelea. Plantea epopeyas ficticias como ciertas. Si acaso hubiera pelea concreta, si hubiese un bando oponiéndosele, el jefe de Estado estaría, sin duda, cuerpo a tierra. No peleó la lucha contra la subversión. No tiene el don de soldado. En el único campo en que parece sentirse triunfante es en el de la inventiva y de allí, su necesidad de que ésta se torne colectiva. Ha sido la fórmula de Kirchner en el 2003, sigue siéndolo en estos días.


 


Por lo dicho,  es dable esperar reaperturas de conflictos y declaraciones de “guerra”. El duhaldismo, que conoce esta estrategia, ha decidido con la aceptación de “los cuatro jinetes del Apocalipsis” comandando el bloque justicialista, hacer caso omiso al bombardeo. De alguna manera, Duhalde decidió que Kirchner pelee contra los molinos de viento o se avenga a patotear algunos de los enemigos inventados que tiene en carpeta para seguir estudiando el cómo ha de reaccionar tras los comicios. En la campaña proselitista no hay más novedades (realmente nuevas).


 


Agosto se avecina con los golpes conocidos en otra recreación de la “guerra” kirchnerista.


 


En ese contexto, el Presidente seguirá recorriendo la provincia como si fuera él quién encabeza las listas y hará -y des-hará- según el ánimo con que amanezca. No hay nada que sea “científico” en el santacruceño. Y el pueblo deberá esperar que pasen los comicios para averiguar hasta qué punto el oportunismo rige esta puja dentro del  controvertido peronismo.


 


En materia económica la cuestión es más compleja. Las instituciones están cada vez más lejos de su independencia y el Banco Central no escapa a esta realidad. La politización de todo cuanto hay en escena abarca también a la entidad financiera. Así es como el dólar está atado a un tipo de cambio alto pedido expresamente desde Balcarce 50. El nivel de despilfarro es mayúsculo, inyectan cada vez más plata al mercado y después buscan como frenar la inflación consiguiéndolo, hasta ahora, solamente adulterando índices para noticieros y diarios. Nuevos aumentos serán noticia.


 


El conflicto gremial es característico de toda etapa  preelectoral así como lo es cierta dosis de violencia. Sin embargo, la magnitud de estos es comparable a la de un país en anarquía. Siempre previo a las elecciones hay situaciones poco claras que tienen cabida en la Argentina, desde movilizaciones llenas de ira hasta bombas panfletarias o incremento de la delincuencia. Nada de todo ello tiene, sin embargo, consecuencias a simple vista y puertas adentro porque, si uno atiende las recomendaciones de los países civilizados para quienes viajan a la Argentina, se verá que siguen enfatizando la violencia pre-electoral recordando las explosiones que tuvieran lugar en varios cajeros, etc. Basta ingresar en la página del Commonwealth Foreign Office www.fco.gov.uk y buscar “Argentina”, por poner un ejemplo.


 


Evidentemente, en esta etapa proselitista no hay mucho más que valga la pena. Un análisis concreto debe atender más que al ingrediente político, el plano social porque alarma la pasividad de la gente viajando como ganado por las huelgas, así como es difícil aceptar un pueblo capaz de aguantar que se posponga la enfermedad de un hijo en  salas de espera. Una cosa es la paciencia y otra muy distinta el sometimiento y la apatía. ¿Estaremos resignados? De ser positiva la respuesta, más compleja es la salida.


 


Ante este escenario, el panorama político puede resumirse con cabal precisión en el cuento que sigue. Sólo que, dónde dice Bulgaria debe ponerse Argentina y entender que esta anécdota búlgara tuvo lugar cuando ese país era el más pobre, el más controlado y el menos desarrollado de la órbita soviética. Y a pesar de ello, para los argentinos, HOY, la historia es idéntica…   


 


En pleno auge del comunismo, en Bulgaria, le preguntan a un hombre:


          ¿Es usted búlgaro?


          Sí, contesta.


          ¿Y es feliz?


          Si…


          ¿Vive en Bulgaria?  


          Si, en Sofía…


          ¿Y es feliz? 


          Sí…


          ¿Tiene trabajo?


          No…


          ¿Y es feliz? 


          Sí…


          ¿Tiene libertad?


          No… 


          ¿Y es feliz?  


          Sí…


          ¿Tiene casa, auto, dinero, ahorros? 


          No, no… 


          ¿Pero es feliz?  


          Sí, sí…


          ¿Y televisor, tiene?


          ¡Claro, responde el búlgaro, si no, cómo me enteraría de que soy feliz!


 


Finalmente, compatriotas, enmarcados en esta escenografía estamos, pues, siendo felices… Sin educación, sin salud, sin seguridad, con el país parado y el Presidente haciendo turismo proselitista, declarando que estamos bárbaro…, sólo le queda al pueblo definir si darse o no por enterado.

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