Política

Argentina: Sin planificación del presente y con un futuro sin cronograma

“Está visto que la Argentina, de un tiempo a esta parte, tiene solamente tres alternativas para su supervivencia: la crisis económica, la crisis política, las dos crisis unidas. Pensar una Argentina no crítica suena a utopía. Y a esta altura de las circunstancias surge la duda acerca de si los habitantes de este suelo estamos acaso capacitados para vivir sin constantes altibajos”.


Inicialmente parece que la única política de Estado concreta en la agenda del gobierno es tener a mano grandes titulares con que entretener al pueblo, hasta Octubre, al menos…

Está visto que la Argentina, de un tiempo a esta parte, tiene solamente tres alternativas para su supervivencia: la crisis económica, la crisis política, las dos crisis unidas. Pensar una Argentina no crítica suena a utopía. Y a esta altura de las circunstancias surge la duda acerca de si los habitantes de este suelo estamos acaso capacitados para vivir sin constantes altibajos.

Iniciado el milenio, la recesión de la economía nos mantenía sumergidos en un pantano para cuya salida había múltiples lecturas pero nada concreto en letra escrita. Particularidad que responde a la idiosincrasia nacional: Somos especialistas en leer lo que no dice la tinta. De ese modo, comenzamos el siglo, inmersos en la recesión más larga de la historia: 45 meses continuos de caída de la actividad económica. Semejante escenario arrastra inevitablemente a la política en un país caracterizado por una excesiva interdependencia de ambas materias. La falta de una política económica prefijada de ante mano o asentada como premisa, impide que una alteración en la faz política no acarree consecuencias financieras. En países como Italia se ha montado innumerables circos protagonizados por sus representantes políticos y sin embargo, no ha variado sustancialmente lo que puede llamarse “economía social”. Más allá del papel que, por ejemplo, Silvio Berlusconi, elige para entretenerse a piaccere en la península, la calidad de vida se mantiene sin grandes sobresaltos para la ciudadanía.

Por el contrario, en Argentina, ante una mueca no más del primer mandatario, tambalean los mercados, oscila como un péndulo la Bolsa y el BCRA hace malabarismos para sostener el dólar. De allí que pretender un país previsible, rutinario o mismo “normal” se torne un ejercicio más proclive a la imaginaria colectiva que a la razón pura. No pagar el total de lo que se debe es vendido de pronto como la solución institucional a cuánto acontece sin que nadie pregunte el cómo aquello puede ser verdad…

Así en el año 2002, el 9 de Julio era el día estipulado para celebrar el fin de una economía empantanada, según anunciara entonces, Eduardo Duhalde, ahora aguardamos el 25 de Febrero para salir a festejar un canje exitoso aún, cuando el 80% de la población no tiene idea siquiera de lo que se está hablando. ¿Qué es lo que estamos cambiando? Sólo hay un trueque de anuncios contradictorios unos con otros y especulaciones antojadizas. No hay noción mínima de la metodología. Puede tratarse de una transacción financiera de envergadura así como de un bingo o una lotería. Los datos que salen a la luz son porcentajes que no explican un ápice su injerencia en la realidad del día a día de la ciudadanía. ¿Acaso el 35 o el 40 o un 70% pondrá fin a la inseguridad, eliminará la amenaza sindical, mejorará la calidad de servicios o frenará la escalada inflacionaria? Mientras tanto Néstor Kirchner sigue sin dar señales de vida y la pregunta crucial se aboca a desentrañar si acaso hay presidente en la Argentina.

Entre estas intrigas se dirime la política en estos días. Lavagna suma horas en los pasillos de los medios al tiempo que, Aníbal Ibarra se ampara en encuestas que legitiman la creencia de que la sociedad argentina es, a esta altura de las circunstancias, una curiosidad intelectual más que un conglomerado de ciudadanos capaces de dar respuesta a su modo de actuar. Si el apoyo al Jefe de Gobierno es tan alto como se desprende de ciertos sondeos, debe admitirse que estamos ciegos y que la condena al éxito es ya un hecho. Estamos condenados al éxito de un estilo de política que convirtió, el hastío y la desidia, en características intrínsecas de la ciudadanía.

Se asevera que el argentino medio, alejado del acontecer político, está cansado de la política. A un sustantivo se adjudican todas las posibles acepciones adjetivas negativas. No hay forma de hacer comprender que la política más que un interés es el motor que rige nuestras vidas. Alejados de ésta, la dirigencia toma las riendas y nos lleva como autistas a diestra y siniestra. Asimismo, la democracia ha dejado de ser un sistema para ser un día de calendario cualquiera en que las urnas se exponen como modelo en una muestra de algo tan dudoso como lo fuera el arte de León Ferrari expuesto en Recoleta. Una y otra, convocan sólo a la polémica con el objetivo de ampliar el espectro de ventas. La diferencia quizá, radica en que no es Aníbal Ibarra ni es Néstor Kirchner o Eduardo Duhalde quienes posan en pedestales sino que adoptan forma de boletas con nombres negociados en Olivos, en Lomas de Zamora o en Balcarce 50.

Plantear un escenario coyuntural conflictivo en lo sindical, con peligro de aumento de precios y con amistades perniciosas merodeando el Ejecutivo Nacional huele a fraude analítico. Más de lo mismo. En dicho análisis, la coyuntura se esfuma y muestra cierta eternidad: conocida radiografía del país, extraída de cualquier crónica periodística

supuestamente vencida. ¿1989; 1995; 2001ó 2004? Cualquier fecha enmarcada en esos años (o en otros varios) podría ser el contenido del panorama político semanal correspondiente al 10 de febrero que marca hoy el calendario. Nada avizora que, el 25 de febrero anunciado como día final para el canje de nuestra bonificada vida en Argentina y paso a un país de maravillas con Alicia, conejo y todo aquello, tenga parámetros explicativos medianamente serios.

Tres años atrás, las mismas figuritas del tablero fabricaban artilugios semejantes. No era la UTA, era la CTA quién convocaba a paros de actividades a través de Víctor De Gennaro. Los grupos energéticos planteaban la inviabilidad de seguir aquí sin seguridad jurídica, y los servicios públicos amenazaban con quebrantarse si no aumentaban tarifas.

Del mismo modo como hoy, impune, Néstor Kirchner proclama “minga…”, y Roberto Lavagna sostiene que el canje es un éxito, y el Congreso lo avala con Ley Cerrojo, en actitud similar al aplauso dado al default de Rodríguez Saa; en el año 2002, Eduardo Duhalde aseguraba que “el 9 de julio tendremos un doble festejo, el aniversario de la Independencia y la finalización de la recesión económica”

Es de ese modo como se construye la historia nacional, con fechas arbitrarias tan prorrogables como la verdad. Con estos antecedentes, qué la sociedad tome a un manejo de deuda, como visado a la prosperidad deja de ser poco serio para ser ya un síntoma de enfermedad. Más aún, qué en otra fecha a estipular, nos vendan un plebiscito que convierta milagrosamente a Buenos Aires en autónoma, segura y habitable viene a acentuar esta sintomatología que ya dio muestra de gravedad cuando:

– En un Abril de 2003 habría balotaje para que el Presidente electo tuviese legitimidad manifiesta en el caudal electoral…
– En un 1ro. de año de 2002 se escuchó decir “El que depositó dólares recibirá dólares” para que hubiera credibilidad en un mandatario constitucional pero sin voto popular…
– En Febrero de 2000, el atentado a la AMIA conseguía tener fecha de juicio oral. El juez de entonces terminó siendo el acusado en el acusado en el tribunal y las víctimas siguen sin descansar en paz.
– En un Marzo de 1998 se sancionara un código de convivencia, reformado en el 2004, para ser vendido como garantía de paz…
– En el último mes del 1993 se prometía investigar la tragedia de Keyvis “hasta las últimas consecuencias” Misma frase aplicada hoy, a la tragedia de Cromagnon.
– En un 26 de diciembre de 1986 se sancionaban las leyes de Obediencia Debida y Punto Final (para que en Septiembre de 2003 se declararan nulas a pedido de la demagogia oficial) Ahora se busca nueva fecha para poner en escena un circo que distraiga a la ciudadanía, esta vez con el protagonismo de Carmen Argibay, quién arribara con ese fin al máximo Tribunal)

Semanas atrás en España, Ricardo Lorenzetti (dixit): “el alto tribunal se pronunciará este año sobre la validez de las leyes de obediencia debida y punto final” El show tiene vocero a nivel internacional. Pero la agenda de la Corte Suprema incluía también causas claves relacionadas a la pesificación y a la corrupción razón por la cual, el Congreso debió anticipar la reforma del Código Penal ¿Como explicar sino que alguien resulte ser al unísono acusado y juez en el mismo juicio?

Sin planificación del presente y con un futuro sin cronograma ni fechas en la agenda gubernamental, es lógico quizá que se utilicen ayeres, pasados imperfectos, pretéritos indefinidos y en plural. Vivimos, pues, en un ayer de años, meses o siglos según el antojo o tal vez según el monto de la caja que se dispone para plantar la escenografía de lo que se vende como “presente” pero sólo es coyuntura virtual.

Si bien se mira, en el planisferio, la Argentina deja de ser geografía palpable para pasar a ser un simple almanaque preanunciando soluciones mágicas. Tanto que, llegado el día, se transforman – más allá de quién sea el Harry Potter con varita – en un problema más. De ese modo, la semana que transcurre remite a crónicas pasadas y es dable esperar versiones sin calidad de los hechos que ya fueron titulares de diarios y fuente de polémicas, una, dos, tres veces o más.

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