El diez de diciembre asumirá la presidencia, Cristina Fernández de Kirchner. En un acto eleccionario que se caracterizó por la apatía ciudadana (sólo el 72,75% del padrón emitió sufragio), quiénes son los ganadores y quiénes los perdedores. Los desafíos de la “nueva” gestión.
ANALISIS-LUCIANA BINAGHI
En medio de numerosas denuncias –que fueron desde la falta de boletas opositoras hasta la utilización indebida de fondos públicos– los argentinos eligieron ayer un nuevo presidente para los próximos cuatro años de gestión.
Y será Cristina Fernández de Kirchner quién asumirá, en menos de dos meses, la responsabilidad de liderar el destino de más de 27 millones de ciudadanos.
Las elecciones del domingo, las sextas desde el retorno a la democracia en 1983, se caracterizaron por despertar poco entusiasmo en la ciudadanía, que demostró su apatía electoral con el índice más bajo de participación en los últimos años.
Sólo el 72,75% del padrón emitió su voto, y dentro de ese porcentaje, hubo otro que también fue alarmante, y es el número de votos en blanco y votos nulos: ambos contabilizan el 5,91%. Esto significa que estas opciones superaron con creces la performance electoral de 10 de los 14 candidatos presidenciales.
El oficialismo alcanzó casi el 45% de los votos y se proclamó ganador histórico, aunque la diferencia entre las dos primeras fuerzas es la menor habida desde el año 83 (con excepción de la de Néstor Kirchner, que en 2003 ganó con un magro 22%).
No obstante, esta victoria asegura a la próxima presidente una buena performance en cuanto a gobernabilidad, ya que su candidatura se impuso en la mayoría de los distritos electorales, con excepción de los principales centro urbanos.
La oposición, disgregada como nunca en la historia, no logró aunar fuerzas como para imponer una segunda vuelta electoral, y se quedó detrás de Cristina con más de 20% de diferencia, por lo menos respecto a la candidatura de Elisa Carrió, que se posicionó como segunda fuerza con el 22,97%.
¿Quién ha sido el gran perdedor de estos comicios? Sin lugar a dudas, uno de los mayores perdedores ha sido la ciudadanía argentina, que a 24 años de recuperar el sistema democrático, se ha mostrado totalmente apática, desinteresada, poco y nada participativa, como si las cosas ya estuvieran dadas de antemano.
En algunos distritos, los comicios debieron demorar su cierre, en parte debido a que ante la masiva ausencia de autoridades de mesas que rechazaron su responsabilidad cívica de custodiar las elecciones, otros, asistieron más tarde para no asumir dicho compromiso.
A lo anterior, es necesario agregar que la jornada de ayer distó mucho de ser la más cristalina de la historia argentina. Denuncias por faltas de boletas, demoras en dar datos oficiales, anuncios triunfalistas a 30 minutos del cierre electoral, entre otros, han empañado el acto electoral, aunque no obstante, tampoco sería acertado poner en duda la legitimidad de los comicios.
¿Quién ha sido el gran triunfador de estos comicios? Sin lugar a dudas ha sido la mezquindad política. La oposición atomizada en 13 listas, no logró conformar una alternativa viable a un modelo de gestión que demostró que no fue aceptado por la mayoría. Es decir, la rotunda victoria de la candidata oficialista, no debe ocultar que más de un 55% de los ciudadanos argentinos no la aprueba.
Parte de la oposición tradicional, en vez de priorizar candidaturas y lugares en una lista que nunca iba a lograr posicionarse individualmente, hubiera concensuado puntos básicos a fin de plantear una alternativa viable
Desafíos para la nueva gestión
Es la segunda vez que una mujer ocupará el primer cargo ejecutivo de Argentina. La primera vez, lo hizo Isabel Martínez de Perón, al suceder a su esposo Juan Domingo Perón en 1973. Pero es la primera vez, que una mujer resulta electa como consecuencia de elecciones directas, y ese lugar, ya tiene nombre en la historia Argentina: Cristina Fernández de Kirchner.
Fernández de Kirchner, quién recibe el mando de manos de su esposo –también es la primera vez en la historia– tiene por delante varios desafíos si quiere realmente continuar “construyendo una Argentina mejor”.
En materia de política interna, la presidente deberá poner fin al deterioro institucional que vive el país. Esto incluye hacer todo lo posible para generar confianza en las instituciones, tanto en lo relacionado con la división e independencia de los poderes, en las funciones del Congreso y en las estadísticas del organismo técnico nacional, INDEC.
También deberá prever una política seria en materia de seguridad, de contención de la inflación y de alternativas e inversión en materia energética.
En materia de política internacional, Fernández de Kirchner, deberá hacer todo lo que no hizo su esposo. Esto es, reposicionar a Argentina en el mundo, entablar negociaciones con las principales potencias y regiones del mundo (más allá de Venezuela) y principalmente, recomponer el lugar argentino en el cono sur. Esto es, reforzar las relaciones de la Argentina con Brasil, Uruguay, Paraguay y Chile.
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Luciana Binaghi es licenciada en Ciencia Política y corresponsal de Diario Exterior