Erdogan ha aumentado el tono de críticas hacia Francia.
Francia está dispuesta a aprobar una propuesta de ley por la cual declarará el genocidio turco sobre Armenia. Desde Ankara tanto Gul como Erdogan han tratado de frenar esta iniciativa pero se han encontrado con la ausencia de respuesta por parte de Sarkozy a sus llamados, pese a que Erdogan le advirtió del deterioro que sufrirían las relaciones bilaterales y Davutoglu espetó que si finalmente prosperaba, “Turquía no se quedaría callada” (
ABC).
Sin embargo, el tono de las declaraciones turcas ha ido en aumento y al respecto, Erdogan afirmaba que
“que repasen su propia historia, sucia y sangrienta. Si la Asamblea Nacional francesa quiere interesarse en la historia, que se centre en los sucesos acontecidos en Ruanda y Argelia” (
El Mundo).
Para Gul la aprobación sería un ejemplo de que Francia no respeta la libertad de expresión; el Parlamento kurdo, con excepción del partido que representa a los kurdos (Partido de la Paz y de la Democracia) ha votado una resolución en la que condena el proyecto de ley de la Asamblea francesa (
La Vanguardia).
Más allá de este asunto que está distanciando a ambos países, Francia y Turquía han sido protagonistas por acontecimientos de política doméstica que pueden tener consecuencias internacionales. Así, en Turquía se ha producido la detención de 35 periodistas acusados de ser cercanos al nacionalismo kurdo (
El Periódico).
Francia, por su parte, mantiene la vista puesta en lo que acontece en Siria (país hacia el que Turquía fue crítico en fechas no muy lejanas) y ha denunciado “una matanza sin precedentes”, acusando a Bashar al Assad de llevar a cabo una espiral de muertes diaria sobre su pueblo (La Vanguardia).
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