Austria se puso al volante de la Unión Europea comprometiéndose a darle un nuevo impulso, después de lo que el canciller Wolfgang Schuessel calificara 2005 de “año terrible” que erosionó la confianza pública en el bloque de 25 países.
Orientará la decisión sobre si Rumanía y Bulgaria deberían unirse a la UE en 2007 o más tarde
Como presidente de la UE durante los próximos seis meses, Austria aspirará principalmente a ayudar a restablecer el crecimiento en Europa occidental, lograr que un escéptico Parlamento Europeo ratifique el presupuesto para el período 2007-13 e intentar salvar su moribundo borrador de Constitución.
La república alpina también orientará la decisión sobre si Rumanía y Bulgaria deberían unirse a la UE en 2007 o más tarde, y gestionará las propuestas de la Comisión para iniciar las conversaciones de adhesión con Croacia, una decisión que apoya, y Turquía, con lo que no está de acuerdo.
“Queremos dar a Europa un nuevo estímulo, mantener viva la idea de un continente europeo común y diverso”, dijo Schuessel en su página web con motivo del inicio de la presidencia austriaca.
La ministra de Exteriores, Ursula Plassnik, habló de suministrar “vitaminas para levantar Europa” y afrontar problemas “importantes en la vida diaria de los austríacos y otros europeos”, como una desaceleración del crecimiento con la ampliación de la UE en medio de la globalización.
Sin embargo, pendiente de una opinión pública austríaca que no ve muchos aspectos positivos en la cesión de más competencias nacionales por la integración de la UE y ante las elecciones generales de este año, Schuessel ha sido cauto e impreciso sobre los objetivos de su presidencia, y ha advertido en contra de altas expectativas.
En una entrevista de Año Nuevo con el diario vienés Die Presse, describió la presidencia de la UE como “un asiento incómodo”, y añadió: “Tenemos un programa ambicioso, pero en seis meses no podemos lograr ninguna transformación mesiánica”.
“El año pasado fue terrible”, declaró, aludiendo al rechazo por parte de los votantes franceses y holandeses del proyecto de Constitución europea que dejó al bloque en el limbo sin consenso sobre cómo proceder.
Schuessel, un político conservador, sugirió que el temor a perder soberanía nacional había alimentado la crisis en la gran tarea de consolidar la paz y la prosperidad en la Europa surgida tras la Segunda Guerra Mundial.
/Por Mark Heinrich/.Reuters
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