Política

Castro y Chávez: Reeditando viejos guiones

Chávez, imitador de su mentor Fidel Castro, es ese actorcito rural circunstancialmente elevado al estrellato, que en cualquier escenario reedita viejas comedias y conocidos guiones. Claro, como toda reposición, presenta algunos elementos adaptados al tiempo del reestreno. Mucho más si tenemos en cuenta el carácter de improvisador nato que este coplero barinés prestado a una historia patética aporta al desarrollo de esta tragicomedia bananera.

Eleonora Bruzual


Pero ¡ojo! entre los novedosos elementos de este melodrama repetido,
está el más importante: ser “Hugo Petróleo” y no “Fidel Azúuucar”; esto permite
algunas licencias al ubicar coproductores ante este elemento clave, el casting
ha variado. Ya no distinguimos en el reparto estelar a los fuertes jerarcas
rusos de la época del poderío soviético, aunque sí a un Putin tratando de
beneficiarse del anciano lacayo de sus camaradas y del nuevo “robolucionario
heroico” que trae sus propias alforjas llenas de petrodólares tan útiles a la
destartalada economía rusa y a cualquier oculta pretensión del que pasó con
habilidad de feroz agente de la KGB a “zar comunistoide” de nuevo cuño; que
protege todo terrorismo que no sea checheno y ahora –en la reposición de la que
hablamos– comparte protagonismo también con los ayatolás iraníes enfrentados
asimismo al “cruel imperio” que no comprende su deseo de tener juguetitos
nucleares que hagan expeditas las acciones que de vez en cuando deben aplicarse
al enemigo vil que se localiza bien en Norteamérica o bien en Israel.

Así
pasa bajo la mesa –en este ruido informativo– el detallito que nos aclara que
el “pana” Putín, como lo llama “Hugo Petróleo”, tiene en Irán a sus ingenieros
rusos en plena faena de construcción de una central nuclear, y parte de los
cambios en el guión tienen que ver con lograr adeptos a la campaña contra los
Estados Unidos e Israel y, sobre todo, cómo impiden en este tiempo de
reediciones que se repita una operación relámpago contra las instalaciones
nucleares iraníes, como aquélla ejecutada por el Tsahal en la central iraquí de
Osirak en junio de 1981. Chávez apoya, mientras los ingenieros rusos in situ
concluyen su trabajo.

Otros nuevos en el reparto son Lula da Silva,
habilísimo jugando entre dos aguas y logrando ganancias para Brasil; el agalludo
Kirchner, que le “zampó” a Huguito la deuda argentina como si fuera la “joya del
Nilo”; Evo Morales, vándalo debutante repitiendo viejas mentiras; Zapatero y
Moratinos, nuevos figurones de la ya conocida hipocresía española, preparándole
a don Juan Carlos su ida a Cuba para cuidarles los intereses a los “dignísimos”
empresarios hispanos que de la mano de Fraga Iribarne llegaron hace mucho cual
negreros buscando su parte en el criadero de esclavos. Después Castro irá a
tierra salmantina, olvidando el viejo y conocido aforismo que dice: Quod natura
non dat Salmantica non praestat, pero con “Hugo Petróleo” “pitchando” dólares
todo se le hace fácil al jinetero eterno. Sustentados en el manoseado cuento del
tiranicidio y la invasión gringa, un corista menor llamado Izarra propone llevar
la Ley Mordaza hasta Miami, asegurando que allá se incita a hacer de Chávez un
Allende, sin percatarse de que Chávez es un Noriega cualquiera y que es bueno
para todos, en tiempo de reposiciones, recordar el final de su gemelo
panameño.

Hay más actores y extras, lo que no tengo es más
espacio.

Fuente: El Universal
(Venezuela)

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