La política catalana ha entrado en la espiral de la incertidumbre. El Parlament aprobó el lunes una resolución sobre el inicio de la ruptura con España con la creación de un Estado catalán independiente en forma de república.
La investidura de Artur Mas no prosperó el martes porque los independentistas de la CUP no le dieron apoyo. Depende de si la CUP acepta la última oferta de Mas para crear tres vicepresidencias corales que disminuirían sustancialmente su poder. Todo es un poco extravagante por inesperado e insólito.
El Gobierno Rajoy se reunió ayer solemnemente para dar luz verde al recurso de inconstitucionalidad contra la resolución. El presidente compareció en rueda de prensa para repetir que no se romperá la unidad nacional y que en el recurso se pide que se notifique personalmente la providencia de suspensión a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, al presidente en funciones, Artur Mas, así como a otros 19 cargos entre los que se encuentran los consellers de la Generalitat y los miembros de la Mesa del Parlament. Toda esta parafernalia se construía sin saber si el Constitucional admitiría a trámite el recurso y en qué condiciones.
Lo que puede ocurrir a partir de ahora es incierto. Lo más probable es que Artur Mas reciba una inyección de oxígeno que utilizará hoy en la segunda sesión de investidura o en otra sucesiva antes del 9 de enero.
Cuanto más enredada esté la cuestión catalana, más se beneficia al partido de Rajoy para las elecciones del 20 de diciembre. Como garante del cumplimiento de la ley y de una pretendida estabilidad territorial. Por eso Pedro Sánchez no quiere desengancharse de las medidas que pueda adoptar el Gobierno. Albert Rivera está también subido en el mismo carro.
El recorrido de la decisión del Tribunal Constitucional será largo. Los choques se producirán en el momento en que el Parlament o el nuevo president no acepten las indicaciones explícitas y personalizadas del TC y sigan adelante con la declaración del inicio de la república catalana.
La política todo lo tolera, pero esta confrontación en forma de ruptura institucional entre Catalunya y España es muy problemática y tiene un futuro breve. Ya se han anunciado manifestaciones masivas si se entorpece o se frena el proceso. La ANC y Òmnium las organizan a la perfección.
Pero a la hora de gobernar, de hacer política, de ponerse de acuerdo incluso los independentistas entre ellos, ya es más complicado. Depender de diez diputados de la CUP es inexplicable para una formación como la de Mas. Pero el problema no es la CUP, sino las cambiantes posiciones de Mas, que se ha visto en el trance de pedir ayuda a unos socios que nada tienen que ver con lo que queda de CDC. Irse, en política, a veces es saludable para todos.
Publicado en La Vanguardia el 12 de noviembre de 2015.
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