El éxito económico chileno no es un milagro: es el resultado de aplicar políticas económicas sensatas y valientes.
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Viernes, 09 de octubre 2026

El éxito económico chileno no es un milagro: es el resultado de aplicar políticas económicas sensatas y valientes.
Editorial
Según un estudio del Fraser Institute, Chile es la economía más abierta de América Latina, apostando fuerte para su desarrollo y estabilidad en la eliminación de trabas fiscales y burocráticas que limiten el nivel de inversiones extranjeras. En términos mundiales, sin embargo, ocupa un modesto 20ª lugar. Su vecino Argentina, aparece en el puesto 94 en un ranking de 127 países.
Sus estadísticas económicas son la envidia de la región. La actividad económica de Chile ´´se sigue expandiendo a un ritmo robusto´´, afirmaba esta semana el Fondo Monetario Internacional (FMI), que elevó su propia previsión del crecimiento del PBI chileno para el 2006 del 5,4 por ciento estimado en abril último a un nuevo 5,8 por ciento. Ningún país latinoamericano le puede hacer sombra a estos números.
Una vez más la clave vuelve a ser su apertura al exterior. El ritmo del crecimiento, dijo el Fondo, viene alimentado por ´´desarrollos favorables´´ en el frente de las exportaciones y un alza en la inversión. ´´El gobierno (chileno) sigue adhiriendo a la regla del equilibrio presupuestario estructural, y con un crecimiento fuerte y precios altos del cobre -señaló el FMI- el superávit del gobierno central está proyectado a crecer hasta cerca del 3 por ciento del PBI este año´´.
Quizá sea la inmensa y bellísima cordillera de los Andes la que protegió a Chile de las políticas nefastas que realizaron en los últimos veinte años sus vecinos del MERCOSUR. Habiendo asimilado la experiencia, Chile se sigue negando a participar de esa caricatura de apertura al exterior. Por el contrario, sus empresarios no pierden el tiempo en hoteles de lujo regateando aranceles y se dedican a introducir sus productos en el mundo. Cuando ellos dicen “mundo”, se refieren principalmente a Asia y Estados Unidos.
No podemos resumir en este espacio las claves del desarrollo chileno que tan bien expone la obra de Jorge Marshall, ex ministro de economía que sorteó con éxito en los ´80 la peor crisis bancario que recuerde el pueblo chileno. Sí podemos reseñar que luego de esa crisis, al tiempo que las economías vecinas zozobraban en la inflación, en Chile comenzó a proyectarse un sistema económico basado en el equilibrio y la previsión. Marshall, ex presidente del Banco Central de Chile durante la presidencia de Patricio Alwyn, sostiene que los argumentos del éxito de la economía chilena son básicamente el crecimiento promedio desde 1985 a 2003 del 6% y unos índices de pobreza que bajaron del 47% al 20%.
Marshall entendió que la organización institucional, que involucra una serie de organismos como son el Banco Central o Hacienda, son claves en el desarrollo de un país. Se necesita una eficiente y ordenada administración financiera, acompañada de una política consensuada entre el Estado y las empresas. Además, Chile debía mantener su apertura al exterior. “Los chilenos y extranjeros son todos iguales. En una política de apertura se debe considerar al extranjero como parte de estructura doméstica”, dice Marshall.
El otro factor clave fue la estabilidad, porque los mercados de capitales o inversores, para sentarse a hablar, preguntan por lo menos cual es la inflación de un país. “La primera condición es hacer política de estabilidad, si queremos ser un actor del mundo tenemos que tener una economía estable, y eso pasó a ser una especie de dogma, era indiscutido”, dice el ex presidente del banco chileno.
Por otro lado, hay cosas que no se modificaron nunca, como son el tipo de cambio en términos reales y la tasa de interés, con la que no se juega. “Eso fue central, Chile no tuvo una política mágica que lo llevara al mundo”.
“En América Latina, no hay comercio con otros países, el comercio intrarregional es natural, pero acá es mínimo”, dice Marshall. Chile eligió un camino difícil pero que con 3 elementos es posible: primero, debe seguir la estabilidad; segundo, se necesitan instituciones que ayudan en períodos de crisis; y tercero, hace falta consenso, sin esto nada funciona.
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