Las amplias mayorías demócratas en el Congreso y en el Senado, contribuirán a la promoción de una agenda social más volcada a la izquierda tanto en lo internacional como en lo doméstico.
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Miércoles, 18 de febrero 2026

Las amplias mayorías demócratas en el Congreso y en el Senado, contribuirán a la promoción de una agenda social más volcada a la izquierda tanto en lo internacional como en lo doméstico.
Gabriel Sánchez Zinny
Si la gestión de su campaña puede utilizarse como indicador, el Presidente Obama tendrá un estilo de liderazgo disciplinado, con un equipo multifacético y competente de gobierno, bien alineado, evitando tensiones a lo interno de su equipo y posturas contradictorias hacia el público. A su vez, la sólida red de instituciones comunitarias y líderes barriales que ha formado en todo el país, será de mucha utilidad para empujar sus políticas y presionar localmente a legisladores, al momento de buscar apoyo en el Congreso.
Otra característica a resaltar del Barack Obama candidato es su capacidad de adaptarse frente a cambios de circunstancias, de escuchar, y de aprender rápido, rodeándose de expertos en los temas. Muchos esperan que vuelva a traer la “curiosidad intelectual” a la Casa Blanca, tan ausente en los últimos años de gobierno republicano.
Los desafíos en el orden internacional son muy grandes, y con poco margen de maniobra. Por un lado Irak, que a partir del 21 de Enero pasará a ser una guerra bajo el mando del Comandante en Jefe Barack Obama, y no una política a la que el se opuso desde la retórica. Lo que significa lidiar con el equilibro de retirar a las tropas americanas, pero sin dejar un espacio para que Irán termine manejando los destinos de su vecino. Afganistán es un creciente problema para Estados Unidos, que esta generando mayores bajas entre sus tropas, y una OTAN que presenta un frente mas resquebrajado que unido para combatir al ejercito talibán. A esto se suma la agresividad de Rusia que todavía no se ha retirado completamente de Georgia, y una creciente inestabilidad en Pakistán.
Esas realidades en un contexto doméstico de crisis económica que ya no será únicamente financiera, sino que habrá tenido impacto en la economía real, reflejada en una caída del consumo, de la riqueza de los ciudadanos (se calculan $3 trillones de pérdida en el mercado de valores, y mas de 8 trillones en el mercado inmobiliario), de los despidos y aumento del desempleo. ¿Y que pasará si las mayorías demócratas en el Congreso se inclinan por las opciones de los grupos de interés que los han apoyado, como los sindicatos, organizaciones no gubernamentales anti-comercio y coaliciones anti-empresarias, que promueven mayor aumento del gasto y reducción del comercio internacional? Esta duda deberá ser despejada en los primeros meses de gestión.
¿Y cual será la agenda de la nueva administración demócrata con América Latina? Las relaciones con la región han tenido escasa mención durante la campaña, con solo algunas referencias a Colombia, Venezuela y México durante los debates presidenciales. Pero Obama ha alineado un competente equipo con nombres como Dan Rastrepo, Frank Sánchez, y los siempre presentes Arturo Valenzuela y Pete Romero. En repetidas ocasiones estos han señalado que buscarán una relación más franca, de pares, enfocada en el comercio, pero que incluya mayor consideración por temas laborales y medio ambientales, y mayor financiamiento para los programas de USAID y Millenium Challenge Account que promueven el desarrollo social en la región. A su vez, restaurarán la posición de enviado especial, que estableció Clinton en los años ´90, con oficina en la Casa Blanca.
Estados Unidos continua siendo la potencia con mayor influencia en la región, en términos de relaciones comerciales, militares e influencia política. Pero en los últimos años se ha visto disminuida por la perdida de credibilidad de la Administración Bush, y una mayor presencia de otras potencias, como China, que ha aumentado su comercio con la región de 10 billones de dólares en el 2002 a más de 100 billones el ano pasado, Rusia, que esta vendiendo armas a varios países, principalmente Venezuela, y el mismo Irán.
En este contexto, un cambio de gobierno en Estados Unidos no mejorará automáticamente las relaciones con Latinoamérica, pero será un bienvenido renovación de liderazgo para enfrentar desafíos como los tratados de libre comercio con Colombia y Panamá, pendientes de aprobación, el enfrentamiento con Venezuela y Bolivia, que han expulsado el embajador americano en sus países, el tema de la inmigración y la remesas, y la creciente preocupación por el tráfico de drogas y la inseguridad proveniente de varios estados limítrofes con México.
Según Dan Rastrepo, que muchos anticipan será el principal responsable del presidente Obama para la región, las mejoras en las relaciones pasan por tratar a América Latina como par, y darle mayor espacio y liderazgo a países como Brasil. “Barack no ve a Estados Unidos como el salvador de las Américas, sino con un aliado constructivo”, señalo en declaraciones a Associated Press.
En este contexto de crisis económica, y de desafíos geopolíticos para reposicionar Estados Unidos en el mundo, el nuevo gobierno necesitará de un presidente de gran liderazgo, de gran capacidad de comunicar y gobernar, que en este mundo hiperconectado y global es prácticamente lo mismo. El presidente electo Barack Obama lo ha demostrado durante sus 18 meses de campaña, el mundo espera lo mismo de su gobierno.
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