El gobierno Chirac tiene escaso mes y medio para cambiar el clima de opinión que prevalece en Francia en estos momentos. Si la nueva Constitución no se aprueba no sería, volvería a regir el tratado de Niza.
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Lunes, 16 de febrero 2026

El gobierno Chirac tiene escaso mes y medio para cambiar el clima de opinión que prevalece en Francia en estos momentos. Si la nueva Constitución no se aprueba no sería, volvería a regir el tratado de Niza.
Juan Camilo Restrepo Salazar
El senador Navarro Wolf y otros parlamentarios han presentado un proyecto de
acto legislativo por el cual el TLC de Colombia con Estados Unidos debe ser
aprobado -no por el Congreso- sino por la ciudadanía.
Algo similar en
cuanto a ejercicio democrático es lo que está sucediendo actualmente en varios
países del viejo continente, en relación con la Constitución europea que debe
ser ratificada por cada uno de los países miembros para que entre a
regir.
Varios de ellos han decidido que dicha ratificación no la hagan
los parlamentos sino que se someta a referendo ciudadano, por la trascendencia
del tema.
El primero en lanzarse al agua por la vía referendaria fue
España, con resultados sorprendentes: la nueva Constitución Europea fue aprobada
hace pocas semanas por la ciudadanía española con más del 80 por ciento de los
votos por el SI. Esta votación favorable se recaudó tanto dentro del PP como del
Psoe. Es decir, tanto gobierno como oposición coincidieron en que era bueno
recomendar a sus seguidores el voto positivo.
Ahora la prueba de fuego
sigue en Francia. El 29 de mayo están convocados los franceses para que por
medio de referendo digan si aceptan o no la Constitución Europea, en cuya
preparación jugó un papel preponderante el ex presidente francés Giscard
D´Estaing.
El actual gobierno francés ha decidido jugarse el todo por el
todo en esta consulta ciudadana. En su recomendación por el SI lo acompaña por
supuesto la coalición de gobierno, pero también buena parte de la oposición.
Las cosas están, sin embargo, color de hormiga. Según las últimas
encuestas, el 53 por ciento de los franceses se inclina por el NO. El gobierno
Chirac tiene entonces escaso mes y medio para cambiar -con base en una pedagogía
política intensa- el clima de opinión que prevalece en Francia en estos
momentos.
Si la nueva Constitución no se aprueba no sería tampoco el
derrumbe o la desaparición de la Unión Europea. Volvería a regir el tratado de
Niza. Pero sería un retroceso gigantesco en la integración y ampliación de
Europa, que ahora se dispone acoger diez nuevos miembros en la Unión.
Un
eventual rechazo de Francia a la nueva Constitución sería también un hecho de
gravísimas consecuencias políticas: Se trataría de un voto negativo dado por uno
de los miembros mayores y fundadores (junto con Alemania) de la gran visión de
la Unión Europea.
Lo interesante de todo esto (y tal como ya sucedió con
ocasión de la ratificación mediante referendo del tratado de Maastricht), es que
estos procesos populares obligan a la ciudadanía a involucrarse e informarse; y
a los dirigentes a hacer un esfuerzo notable de explicación y de convencimiento
para obtener los votos, ya sea por el SI o por el NO.
Esta es la
verdadera democracia participativa moderna: la que convoca a la ciudadanía para
que sea ella la que decide directamente (sin pasar por la intermediación de los
parlamentos) los asuntos realmente trascendentales para una sociedad: No sobre
una retahíla de asuntos menores o casuistas que pueden y deben ser decididos es
por ley expedida por los congresos, como aconteció con el fracasado referendo
que hubo en Colombia en octubre del 2003.
Fuente: El Colombiano
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