No basta con que unas ideas, decía Ortega, pasen galopando por unas cabezas sino que es menester que socialmente se realicen y, para ello, que se pongan resueltamente a su servicio las energías más decididas de amplios sectores sociales.
Es lógica la agitación política en una semana en la que parece que estamos en trance de girar página al bipartidismo que ha gobernado España con el relato que se escribió después de la Constitución de 1978. Todo indica que cuatro fuerzas se repartirán el pastel principal de los escaños del Congreso. Habrá que pactar no sólo pensando en el interés de los partidos, sino en cómo sostener el ritmo del Estado de bienestar que oficialmente está perdiendo los recursos necesarios para que perdure sólo unos años.
He releído la conferencia de José Ortega y Gasset en mayo de 1914 en el teatro de la Comedia de Madrid. Se titula Vieja y nueva política. Las circunstancias son muy distintas pero aquel presentimiento de cambios que se palpaban tres meses antes de que estallara la Gran Guerra en Europa hace que aspectos centrales de aquel parlamento sean vigentes hoy.
No basta con que unas ideas, decía Ortega, pasen galopando por unas cabezas sino que es menester que socialmente se realicen y, para ello, que se pongan resueltamente a su servicio las energías más decididas de amplios sectores sociales.
La política, viene a decir Ortega, no puede estar lejos de la sociedad a la que sirve, no debe ser el patrimonio de unos cuantos que se olviden de los intereses de la mayoría en nombre de no se sabe bien qué privilegios institucionales o de partido.
La España oficial, continua el filósofo, “consiste en una especie de partidos fantasma que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos ministerios de alucinación”. Esto se dijo hace 101 años y parece que la conferencia se hubiera pronunciado ayer.
No hay nueva o vieja política sino política bien o mal gestionada de acuerdo con las ideas maestras que hayan sido validadas en las urnas. La política no es simulacro ni fantasías de los parlanchines que despotrican desde pantallas que crean audiencias millonarias. Piense como un topo y charle como una cotorra y ya verá como se le abren todos los caminos, decía un personaje galdosiano en Mendizábal, en los Episodios Nacionales .
La política no se agota nunca y siempre atrae el interés de los ciudadanos. No se trata de prescindir de ella sino de dotarla de relatos modernos que garanticen las libertades, el progreso, la convivencia y la paz social. Se precisa un amplio pacto, con una Constitución nueva o reformada, que amplíe el espectro de responsabilidades con la rutinaria rendición de cuentas, la accountability de los anglosajones. El espectáculo tabernario del debate del lunes puede ser el punto de inflexión para, una vez más, intentar hacer política desde la civilidad, el respeto al otro y la revisión a fondo de los desagravios hacia un Estado que lleva siglos con la idea fija de que Madrid es el único centro del universo hispánico.
Publicado en La Vanguardia el 17 de diciembre de 2015
© FoixBlog
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR