Política

Crisis en El Líbano: No se tambalee, Sr. Presidente

Hezboláh ha percibido el peligro inherente en el movimiento pro -democracia en el Líbano, y ha difundido su oposición a él desde el principio. La manifestación del martes, en la que Nasralah lideró a centenares de miles de libaneses cantando “Muerte a Israel” y “Muerte a América” mientras aplaudía a Siria por su dominación sobre su país, fue el producto de esta percepción de amenaza.

Relaciones Internacionales
La sabiduría popular tiene claro que hasta que el jefe de Hezbolá, Hassan
Nasralah, iniciara la manifestación pro – Siria del martes en Beirut, su
organización terrorista había estado más o menos cerca con respecto a su
posición hacia la ocupación siria del Líbano. Esta visión muestra ser falsa, no
obstante, por un discurso de Nasralah difundido por la cadena de televisión de
Hezboláh, al-Manar, el 17 de febrero.

En el discurso, documentado por el
Centro Israelí de Inteligencia y Terrorismo, Nasralah advirtió contra la
oposición pro -democracia, anti – Siria. Nasralah afirmó que la oposición, como
la resolución 1559 del Consejo de Seguridad de la ONU que pide una retirada
completa de fuerzas extranjeras del Líbano y el desarme de Hezboláh, se había
iniciado como parte de una guerra política norteamericano – israelí contra
Hezboláh.

Argumentó que la guerra política era “más importante y
peligrosa”
que una guerra real, porque si tenía éxito, la comunidad
internacional etiquetaría a Hezboláh como una organización terrorista. Si ello
llegara a suceder, continúa Nasralah, “significaría necesariamente una
guerra mundial contra la resistencia [léase Hezboláh], a la que llamarán guerra
contra el terrorismo internacional. [Eso significaría que] las fuentes [de
nuestra] financiación se secarán, y las fuentes de apoyo moral, político y
material serán destruidas al ejercer presión sobre los países que defienden la
resistencia de un modo u otro, y presión sobre El Líbano, Irán y Siria; pero
principalmente sobre El Líbano, con el fin de clasificarlo como país que apoya
el terrorismo”.


Así pues, lejos de sentarse en la frontera,
Hezboláh ha percibido el peligro inherente en el movimiento pro -democracia en
el Líbano, y ha difundido su oposición a él desde el principio. La manifestación
del martes, en la que Nasralah lideró a centenares de miles de libaneses
cantando “Muerte a Israel” y “Muerte a América” mientras aplaudía a Siria por su
dominación sobre su país, fue el producto de esta percepción de amenaza.


LA MANIFESTACIÓN EN MASA nos dijo mucho de Hezboláh, así como de lo que
debe hacerse si El Líbano va a tener una ínfima oportunidad de ser libre de
dominación exterior. En primer lugar, la manifestación debería finiquitar la
noción de que Hezboláh es una fuerza política libanesa local de corazón. Si
Hezboláh sólo estuviera interesado en dominar la política libanesa, entonces su
mejor apuesta habría sido subirse al carro anti -sirio. Sin peligro de ser
percibido como una fachada americana o israelí, Hezboláh se habría podido ganar
con facilidad los corazones y las mentes de los libaneses. El hecho de que
Hezboláh esté dispuesto a arriesgar su popularidad local para proteger al
impopular señor del Líbano demuestra que aunque puede tener atributos y
aspiraciones políticas locales, la posición de Hezboláh como miembro clave de la
alianza Irán – Siria es central para su identidad. Hezboláh no tiene posibilidad
de ser transformado en un movimiento local, por lo menos según está constituido
actualmente bajo la dirección carismática de Nasralah.

En segundo lugar,
el hecho de que Hezboláh fuera capaz de concentrar a tantos manifestantes para
desfilar a favor de continuar la tiranía de Siria es consecuencia en gran medida
de que Hezboláh es la única facción política del Líbano que dispone de su propio
ejército y controla su propio territorio. Que Hezboláh tenga medios únicos de
persuasión de los que sus opositores políticos carecen significa que será
imposible celebrar elecciones libres o justas en El Líbano mientras Hezboláh
siga armado.

En tercer lugar, si los llamamientos a la jihad en Beirut
del martes sacudieron oídos occidentales, deberían haber dejado claro al menos
una cosa acerca de la posición actual del Líbano en la guerra contra el terror.
Hoy, bajo ocupación siria, con unidades de la Guardia Revolucionaria iraní
operando abiertamente en el Valle Bekaa y a lo largo de la frontera con Israel,
y con Hezboláh ocupando el sur, El Líbano es un miembro firmemente atrincherado
del bando del terror. Será físicamente imposible desplazar al Líbano al bando
antiterror mientras Hezboláh continúe armado y [mientras] Siria y las fuerzas
iraníes conserven su presencia en el país.

Finalmente, Hezboláh se anotó
eficazmente el martes a Bashar Assad en su lista de adeudos. Al celebrar la
manifestación, dado que la oposición en particular informa de que Hezboláh
ordenó a sus miembros manifestarse con sus familias, y [dado que] Siria aportó
centenares de autobuses cargados de sirios para participar en la manifestación,
Nasralah se jugó el cuello por Bashar, y Bashar lo sabe.

Hasta este
momento, Siria actuaba como administración de Hezboláh, evitando que atacara el
norte de Israel o que lanzara su arsenal de 14.000 cohetes y misiles contra
Israel. Hoy, sin ninguna duda, Damasco va a estar mucho menos dispuesto a
emplear su peso sobre Nasralah. El hecho de que el joven Assad esté hoy en deuda
con Nasralah, junto con el hecho de que Siria, Irán y Hezbolá estén
profundamente implicados, tanto juntos como por separado, en alimentar el
terrorismo palestino contra Israel, significa que Israel afronta hoy una
situación distinta en su frontera norte de la que afrontaba hace un mes.


Tristemente, mientras la verdadera cara de Hezboláh se manifestaba el
martes, la reacción inicial tanto del Líbano como de la comunidad internacional,
a este desfile de terror sugería que es posible prosperar desde tales acciones.
El jueves, el presidente libanés con respaldo sirio, Emil Lahoud, reinstauraba
al Primer Ministro con respaldo sirio, Omar Karameh, en el puesto, apenas una
semana y media después de que la oposición le forzara a dimitir. Y el secretario
general de la ONU, Kofi Annán, declaró el miércoles que la ONU debería reconocer
a Hezboláh. En sus propias palabras, “Hasta Hezbolá habla de no interferencia de
forasteros… lo que no se opone diametralmente a la resolución del Consejo de
Seguridad, de que debería haber retirada de tropas sirias”.

Por su
parte, tras rechazar una propuesta de colocar a Hezbolá en la lista de
organizaciones terroristas de la UE, el Parlamento Europeo abofeteó suavemente a
la organización el jueves – resolviendo mansamente que “si hay pruebas claras de
actividades terroristas por parte de Hezbolá, el Consejo [Europeo] debe tomar
todas las medidas necesarias para frustrarlas”.

Aún más preocupante, el
New York Times del jueves informa de que la administración Bush se dispone a
seguir tanto a la ONU como a Francia en aceptar a Hezbolá como una fuerza
política legítima en El Líbano. Según la información, que fuentes de Washington
afirman que la filtró el Departamento de Estado, “la administración Bush se
une a regañadientes con los esfuerzos de Francia y Naciones Unidas por forzar al
partido hacia la corriente política libanesa principal”.

DE SER
CIERTA esta información, indicaría que la Casa Blanca está permitiendo que la
ONU, Europa y el Departamento de Estado se hagan con las riendas de su política
en El Líbano, en la misma medida en que su política hacia los palestinos fue
secuestrada hace dos años.

En junio del 2002, el Presidente de los
Estados Unidos George W. Bush se resistió obstinadamente a la sabiduría
convencional, e hizo un llamamiento a la Autoridad Palestina a que fuera
transformada de una tiranía corrupta generadora de terror a una democracia
económicamente transparente de lucha contra el terror, y afirmó que el apoyo
americano al estado palestino estaba condicionado a que los palestinos se
reformaran primero.

Menos de seis meses después, sin embargo, Bush
permitió que su política diera un giro hacia la UE, la ONU, el Departamento de
Estado, Jordania y Egipto (con el total apoyo del Primer Ministro Ariel Sharon y
el entonces ministro de exteriores Shimon Peres), y mutara en la hoja de ruta
del Cuarteto. En lugar de hacer el estado dependiente de las reformas, bajo la
hoja de ruta el estado palestino se convertía en el pilar central de la política
norteamericana, y la reforma anti terror palestino y la reforma democrática
estaba sujeta a concesiones israelíes.

Y así hasta la fecha, en lugar de
forzar al líder de la AP, Mahmoud Abbás, a destruir a los grupos terroristas, el
régimen de la hoja de ruta le legitima para exigir que Hamas, la Jihad Islámica
y las Brigadas de los Mártires de Fatah sean aceptadas como partidos políticos y
para reclutarlos en sus servicios de seguridad.

En lugar de forzar a la
AP a abrir la sociedad palestina a las fuerzas del mercado libre que permitiría
que floreciera una clase media independiente y que creciera, el régimen de la
hoja de ruta ha inyectado cientos de millones de dólares a la AP en ayuda
internacional y le ha prometido más de 1 billón, mientras se concede legitimidad
internacional a la directiva Palestina corrupta para mantener y expandir su
control sobre todos y cada uno de los aspectos de la economía palestina.


Y en lugar de forzar a la AP a dejar de utilizar sus milicias para
aterrorizar e intimidar a todas las fuerzas democráticas – desarmadas — al
silencio, el régimen de la hoja de ruta ha ignorado tales voces de la sociedad
palestina y no ha dicho nada mientras Mahmoud Abbás ha firmado las órdenes de
ejecución de docenas de palestinos acusados de trabajar con Israel contra los
terroristas.

Al unirse al bando acomodaticio en su tratamiento a la
Autoridad Palestina, la administración Bush ha ignorado el hecho de que Hezbolá,
como Siria o Irán, ve todo área transferida al control de la seguridad de la
Autoridad Palestina como bases de operación para sus fuerzas de jihad global. En
lugar de aceptar que la presencia de Israel en Judea, Samaria y Gaza – tanto
militar como civil – es el único obstáculo que evita que estas áreas se
conviertan en bases de terror, la administración Bush, bajo influencia de las
mismas voces que piden la aceptación de Hezboláh en El Líbano, ha aceptado como
verdad la equivocación límite de que las comunidades israelíes de Judea y
Samaria son de alguna manera antitéticas con la paz y la seguridad.

ESTA
SEMANA vio admitir a Pakistán que el padre de su programa nuclear, A.Q. Khan,
vendió centrifugadoras nucleares a Irán. Vio manifestarse a millares de mujeres
paquistaníes contra las violaciones tribales. Vio manifestarse a miles de
mujeres kuwaitíes por su derecho a votar. Y vio a Bush nominar a John Bolton,
una de las voces más claras en favor de la claridad moral y la acción firme
contra los terroristas y sus estados patrocinadores en el mundo, pasar a ser
embajador norteamericano ante la ONU. Todos estos sucesos son indicadores del
poder de la resolución presidencial a la hora de cambiar el mundo a mejor al
tiempo que se trata con éxito a los terroristas y a los regímenes que les
patrocinan.

Pero todo esto significará poco si, cuando puesto a prueba
con el frente de batalla entre las fuerzas de terror y las fuerzas de la
democracia en la Autoridad Palestina y El Líbano, la administración Bush permite
que los obstruccionistas europeos y sus aliados del terror tomen el timón.

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