Economía y Sociedad, Política

Cristina atrasa, el país se descalabra, K acumula…

En una incursión por el análisis económico, la presidenta declaró días atrás que “logramos quebrar esa lógica estructural que tenía el país, que cuando comenzaba a crecer y subían las importaciones terminábamos en un cuello de botella por extrangulamiento del sector externo”

Ricardo Laferriere

En una incursión por el análisis económico, la presidenta declaró días atrás que “logramos quebrar esa lógica estructural que tenía el país, que cuando comenzaba a crecer y subían las importaciones terminábamos en un cuello de botella por extrangulamiento del sector externo” (La Nación Económica, Sábado 19 de enero).



Tal diagnóstico, propio de la Argentina de los años 70, no sólo ignora el cambio que se produjo en la economía argentina y en el mundo en el último cuarto de siglo, sino que marca en todo caso el límite de su propia concepción “mercadointernista” y dependiente, en boga cuando la hoy pareja reinante se fue a vivir a Santa Cruz allá en sus años mozos. Sin embargo es a la inversa. Los datos están demostrando –según propias informaciones oficiales- que a medida que la reactivación de la vieja estructura industrial bonaerense movió las máquinas de hace medio siglo, el superávit comercial, en lugar de subir, ha comenzado a reducirse en forma acelerada.



En efecto: al mismo tiempo que la presidenta reiteraba su diagnóstico atrasado, su ministro de Economía informaba que se ha producido una nueva reducción del superávit comercial, del 10,3 % comparado con 2006, reducción que se da en un contexto en el que la soja ha superado los 315 dólares por tonelada (cuando hace un año se cotizaba a USD 215), el girasol llega a USD 420 y el aceite de girasol marca récords, alcanzando a USD 1740 dólares la tonelada. A pesar de semejante impulso al valor de las exportaciones aportado por demonizado sector agropecuario y el “viento de cola” internacional no provocado precisamente por la administración K, uno de los mágicos “superávits”, el comercial, sigue cuesta abajo, ante la ausencia de inversiones en infraestructura y modernización en la industria que acompañen al campo a mantener el aporte de divisas con una perfomance un poco mejor de las exportaciones industriales.



Las exportaciones, en efecto, muestran con claridad más la “continuidad” que el “cambio” en la ecuación oficial. Quizás con más propiedad, debiéramos hablar de “retroceso”. Según la misma fuente (La Nación, 18 de enero 2008), el rubro más destacado de nuestras exportaciones fue “residuos y desperdicios de la industria alimentaria”, y el rubro líder fue el de “lanas sucias”, con un incremento del 97 %, productos que no parecieran mostrar mucha incorporación tecnológica ni configurar una producción de la que el país debiera enorgullecerse. La industria ha sido la que menos creció, con apenas 17 % con respecto al año anterior, a pesar de estar beneficiada con la macro-devaluación que sirvió para disimular la licuación de los salarios y la superganancia empresarial de los industriales “nacionales y populares” provocados por el “modelo” comenzado en el 2002.



El juego de estos datos muestra que el país, lamentablemente, está volviendo a acercarse al atrasado diagnóstico de Cristina, y habría alcanzando el famoso “cuello de botella” hace rato si la soja, el girasol y otros productos del campo tuvieran el valor internacional del año 2000, repitiendo esa crisis. Quizás sea bueno recordar que con estos volúmenes pero con aquellos precios, la balanza comercial sería deficitaria ya desde hace un par de años, extremo al que no se llegó ni siquiera en los momentos más graves de la recesión y con los precios de las “commodities” por el suelo.



La realidad, desgraciadamente es otra. El país –y el régimen duhalde-kirchnerista- desde la crisis del 2001 que ayudaron a provocar, vivieron gracias a las inversiones que el país había realizado hasta esa fecha, pero al detenerlas con la irresponsabilidad sobre la que muchos alertaron ya desde el 2003, están llegando a una saturación de la capacidad instalada que bordea su límite, el que ya se alcanzó en el campo energético.



Escasez de gas, de energía eléctrica y de gasoil; trenes y colectivos que se caen de a pedazos; infraestructura aérea que no agregó nada en lo que va del siglo; rutas deterioradas con récord mundial de muertos en carreteras; obsolescencia del equipamiento de las fuerzas de seguridad con un crecimiento exponencial del narcotráfico; aislamiento internacional para las inversiones serias en infraestructura que obligarán a volcar en ellas inversión pública demorando urgencias lascerantes, como la requerida por la salud y la educación, en la que están volviendo índices de mortalidad infantil superados hace diez años y niveles educativos inferiores a los de comienzos del siglo XX…


Por supuesto que para muchos las cosas andan bien, y ojalá que así sigan. La abundancia confiscada al maldecido campo permite disfrutar de una situación desahogada, que con un gobierno capaz hubiera permitido hace tiempo terminar con la pobreza extrema, con la necesidad de “cartonear” para poder vivir de miles de compatriotas, con el hacinamiento en el transporte público y las necesidades de vivienda, agua potable y saneamiento.

En estos cinco años que corrieron entre el 2002 y el 2007, el campo con sus exportaciones ha aportado al país –y a la administración duhalde-kirchnerista- cerca de CIENTO CINCUENTA MIL MIL MILLONES DE DÓLARES que, de ser cierta la “ecuación de Cristina” (es decir, si la industria generara sus propias divisas para evitar su asfixia externa) hubieran bastado para desarrollar la infraestructura, mejorar la educación, garantizar la seguridad, o pagar la deuda pública, cuyo nivel es superior a la existente cuando provocaron la crisis. Más de un tercio de este descomunal monto, confiscado con las “retenciones”, ha sido administrado por el ex presidente sin control político ni judicial, sin  legalidad en su apropiación, sin presupuesto ni rendiciones de cuenta, sin resultados ni estrategia. En cualquier país democrático del mundo una circunstancia así hubiera sido tan escandalosa que retumbaría en las paredes de sus parlamentos y en las tapas de sus diarios. Aquí no sólo puede mostrar con impunidad y desparpajo un insultante incremento patrimonial, sino que además anuncia que seguirá en la tarea, ahora con una nueva meta: apropiarse definitivamente de la estructura política más desarrollada del país para profundizar su “rumbo”.

Porque mientras Cristina atrasa y el país se deteriora, K acumula. No satisfecho con lo que ya incrementó su patrimonio personal durante su gestión –un récord, como los que gustan a su esposa: es el presidente que más aumentó su patrimonio durante el ejercicio del poder en toda la historia argentina-, ahora se prepara para que en su persona confluya la suma del poder político a través de su delegada en la Casa de Gobierno y la jefatura del justicialismo adocenado a los que pretende agregar el poder económico, con la escandalosa kirchnerización de YPF, sus contactos con la megacorrupción “bolivariana” –ligada, a su vez, con la narcoguerrilla colombiana-, la “nueva burguesía nacional” de sus amigos santacruceños originada en la corrupción estatal desenfrenada y el disciplinamiento del empresariado servil, que –por supuesto- nunca ha ganado tanto –ni invertido tan poco- como en estos años.

Sería de esperar que así como en la oposición democrática republicana los ciudadanos esperan y trabajan para que en las lides electorales que vienen no deban quedar mascullando su impotencia ante los pasos de minués de liderazgos sin capacidad de articulación política, en el oficialismo peronista se levanten ciudadanos que encuentren fuerzas en lo profundo de su historia para no seguir siendo utilizados en un proyecto político-económico ubicado en las antípodas de sus banderas fundacionales.



Ricardo Lafferriere


 

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