Economía y Sociedad, Política

EE.UU., con poco que ofrecer a la región

El gobierno de Bush debe concentrar sus energías en lograr que el Congreso ratifique los tres tratados de libre comercio pendientes. Y, por supuesto, sería bueno convocar a una comisión bipartidista -idealmente encabezada por Bill Clinton y George H. W. Bush- para buscar un consenso sobre políticas para la región.

Andres Oppenheimer
Los dos temas centrales de la política de la Casa Blanca hacia América latina -la reforma migratoria y la autorización legislativa para firmar acuerdos de libre comercio por la vía rápida- se desmoronaron la semana pasada y dejaron a Washington con poco que ofrecer en un momento de creciente antiamericanismo en la región.

El colapso de iniciativa de ley inmigratoria respaldada por Bush, que hubiese permitido un camino a la ciudadanía a 12 millones de inmigrantes indocumentados, ha caído como un balde de agua fría en México y América Central.

El cerrarle las puertas a una reforma migratoria sólo llevará a más inmigración ilegal, mayor cantidad de muertes a lo largo de la frontera, y más explotación de inmigrantes indocumentados, según señalaron funcionarios mexicanos.

Y también reducirá el impacto de los $ 60.000 millones al año en remesas familiares a los países de América latina. Si la gran parte de estos fondos fuera enviada por residentes legales, a través de cuentas bancarias normales, sería un gran motor de desarrollo económico, ya que permitiría que millones de pobres en América latina la usara como garantía de préstamos bancarios para construir viviendas o empezar pequeños negocios.

Asimismo, el vencimiento de la autorización legislativa para firmar nuevos tratados de libre comercio por la vía rápida, el 30 de junio, dejó al gobierno de Bush sin lo que había sido el eje de su política hacia la región.

Aunque la semana pasada el Congreso extendió una ley de preferencias comerciales para cuatro países andinos y la mayoría de países latinoamericanos que querían tratados de libre comercio con Washington ya los han firmado, la posibilidad de negociar nuevos tratados por la vía rápida era una de las principales ofertas de Bush.

¿Qué pasará ahora? La mayoría de quienes siguen las políticas hacia América latina en Washington señalan que el gobierno de Bush deberá concentrar sus energías en la aprobación del Congreso de los tres tratados de libre comercio pendientes (con Perú, Panamá y Colombia) y preparar una agenda bipartidista para el próximo gobierno.

Arturo Valenzuela, ex jefe de asesores para Asuntos Latinoamericanos de Bill Clinton, propone una comisión bipartidista. Señala que eso no sólo ayudaría a planear políticas posibles, sino también a darle una mayor prioridad a la región en Washington.

Otto Reich, ex jefe de asesores para América latina de Bush, sugiere que el presidente se concentre en hacer cumplir las políticas actuales que no se han puesto en marcha, como la negación de visas a funcionarios extranjeros corruptos. “En América latina, la derecha nos ha perdido el respeto y la izquierda nos ha perdido el miedo”, dice Reich. “Yo trataría de restaurar un poquito de ambas cosas haciendo cumplir nuestras políticas.”

Otros dicen que el colapso de la reforma migratoria y la expiración de la vía rápida tendrán un efecto positivo: un papel menos proactivo de Estados Unidos quizás obligue a los gobiernos latinoamericanos a dejar de culpar a Washington por todos sus problemas y a ponerse a trabajar para poder competir por sí mismos en la economía mundial, como lo han hecho China, India y Europa del Este.

Mi opinión: el gobierno de Bush debe concentrar sus energías en lograr que el Congreso ratifique los tres tratados de libre comercio pendientes. Y, por supuesto, sería bueno convocar a una comisión bipartidista -idealmente encabezada por Bill Clinton y George H. W. Bush- para buscar un consenso sobre políticas para la región.

Y Bush debería construir sobre su reciente alianza con Brasil para producir conjuntamente etanol de azúcar en los países de la cuenca del Caribe. Eso mataría tres pájaros de un tiro: ayudaría a los Estados Unidos a reducir su dependencia petrolera del presidente narcisista leninista venezolano, Hugo Chávez, y, al mismo tiempo, lograría un mayor acercamiento con Brasil y apoyaría a las economías de América Central y el Caribe.

Más allá de eso, no va a haber mucho más que el gobierno de Bush pueda hacer en la región en los 18 meses que le quedan. La derrota de la reforma migratoria y la expiración de la vía rápida han reducido enormemente su capacidad de maniobra en la región.

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