No hay nada de malo en un debate acalorado, por supuesto. Nuestro país se fundó a raíz de uno de los más profundos desacuerdos de la historia de la humanidad. Los americanos suelen apasionarse por ciertos asuntos y no dudan en lanzar algunos golpes para hacer que se conozcan sus puntos de vista.
A menudo oímos cómo se etiqueta de “intolerantes” a las personas de derecha. Somos todos un montón de extremistas que sólo quieren acabar con la otra parte, ¿no? Qué comparación con los de la izquierda, que sí dan la bienvenida al debate y quieren que se oigan todos los puntos de vista de manera respetuosa, ¿no?
O eso nos han contado. Incluso nos lo podríamos empezar a creer… hasta que nos topamos con las voces tan maravillosamente tolerantes de nuestra leal oposición. Voces tales como las de:
Josh Barro: este periodista del New York Times ha comentado acerca de los puntos de vista que él denomina como “anti-LGBT” (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) que: “Tenemos que acabar con ellos, sin piedad”. Quizás sea por eso por lo que tiene tan poca paciencia con el analista de la Fundación Heritage Ryan Anderson, un experto en temas matrimoniales bien conocido por ser un orador informado y cortés.
En un reciente intercambio de opiniones en Twitter con Barro, Anderson le dijo: “Podemos estar en desacuerdo, pero no hay necesidad de ser irrespetuoso”, añadiendo, “Incluso entre tanto desacuerdo, deberíamos tratar a toda la gente con respeto”. Barro se mostró disconforme: “Algunos puntos de vista políticos hacen a la gente desmerecedora del respeto”.
Lois Lerner: según los correos electrónicos escritos por esta exresponsable del Servicio de Impuestos Internos, los conservadores son unos “locos” y otra palabra demasiado obscena para citarla. Los conservadores que se atreven a criticar al gobierno, según su punto de vista, quieren “hundirnos”. No es de extrañar, por tanto, que esta agencia persiguiera a los grupos conservadores durante el mandato de Lerner.
Lawrence Torcello: a principios de este año, este profesor adjunto de filosofía del Instituto de Tecnología de Rochester recomendó encarcelar a quienes no estén de acuerdo con sus opiniones sobre el cambio climático. Puesto que “la negación del cambio sigue siendo un importante freno para acciones políticas significativas”, el gobierno debería convertir en delito “la financiación de la negación del cambio climático”.
En un guiño a la libertad de expresión, Torcello distingue entre aquellos que niegan el cambio climático y aquellos que financian campañas en defensa de este punto de vista. Así que parece que se puede no estar de acuerdo con él y evitar la cárcel. Simplemente no hay que gastarse un solo centavo en promocionar el punto de vista contrario al suyo.
No pretendo sugerir que la izquierda tenga el monopolio de la intolerancia. No hace falta pasar por muchas cadenas de TV o radio o navegar demasiado por Internet antes de encontrarse con las mismas actitudes por parte de personas de derecha. Simplemente es que resulta particularmente jugoso oírselo a miembros de la izquierda ya que son los mismos que no suelen dejar de decirnos lo intolerantes que somos los demás.
Por ello no importa de quién venga esta actitud, estamos ante un grave problema.
No hay nada de malo en un debate acalorado, por supuesto. Nuestro país se fundó a raíz de uno de los más profundos desacuerdos de la historia de la humanidad. Los americanos suelen apasionarse por ciertos asuntos y no dudan en lanzar algunos golpes para hacer que se conozcan sus puntos de vista.
No obstante, hay todo un mundo de diferencia entre pensar que el oponente está equivocado y pensar que es imbécil, idiota, traidor, racista o un criminal. O directamente oír cómo algunas personas describen a los de la otra parte con los adjetivos anteriores.
¿Por qué estamos siendo testigos del aumento de la falta de civismo? En parte tiene sus raíces en la naturaleza humana. “Sabemos” que ciertas cosas son verdad, así que aquellos que no están de acuerdo con nosotros no están sólo equivocados: son tontos o malvados. La idea de que sean exactamente tan inteligentes y patriotas como nosotros, pero que simplemente ven las cosas de forma distinta, no se nos pasa por la cabeza.
Aunque también es resultado de la flojera. Requiere cierto esfuerzo ver las cosas desde el punto de vista del otro. Es mucho más fácil asumir lo peor y cuestionar sus motivos. Además, ¿de qué otra forma vamos a abrirnos paso entre el alboroto del ciclo noticioso las 24 horas del día, y el bombardeo sin fin de las redes sociales sin unos cuántos cócteles molotov verbales?
Pero debemos estar por encima de todo eso. Tenemos que recordar que para seguir siendo un pueblo libre y autogobernado, tenemos que atemperar nuestros exabruptos y devolver el civismo al debate público.
No es una tarea que empiece con la otra parte. Debe empezar con cada uno de nosotros. El mercado de las ideas no puede prosperar sin respeto y civismo. Y eso implica algo más que solamente hablar. Implica además escuchar.
Publicado en Libertad.org
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