Muchas expectativas se generaron en Egipto tras la caída de Mubarak. Sin embargo, meses después podemos decir que son muchos los ámbitos en los que los cambios siguen sin apreciarse
EGIPTO
Para confirmar esta premisa, nos ceñimos a dos informaciones aparecidas hoy en los medios de comunicación. Por un lado, ABC nos cuenta que
“islamistas y ex de Mubarak se disputarán la Presidencia”, con la irrupción del que fuera hombre fuerte del espionaje durante los años de gobierno de Mubarak, Omar Suleiman. Mientras tanto, algunos otros candidatos como el salafista Hazem Abu (y su discurso anti-norteamericano) parecen perder posiciones.
Por otro lado, y con una íntima relación con lo expresado en el párrafo anterior, ninguna mujer estará entre las aspirantes a presidir Egipto, ni siquiera Bozaina Kamel, la periodista famosa especialmente durante los años noventa pero que ahora ve cómo su país “sigue anclada en los años de Mubarak” (
El Mundo).
Pese a estar marginada en el mundo de la política, la denuncia de Bozaina Kamel se mantiene y ha cobrado fuerza. Al respecto, en
La Razón podemos leer una acusación suya: “Egipto sigue siendo una dictadura militar”, de tal modo que en la entrevista concedida al diario de Planeta dice cosas tan jugosas como las siguientes:
“el sistema está hecho de una forma tal que ningún candidato normal pueda conseguir las 30.000 firmas populares necesarias si no cuenta con dinero y, sobre todo, con el respaldo tácito del ejército. Si hubiera habido una revolución verdadera, las mujeres tendríamos igualdad de oportunidades”.
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