Política

El auto de Garzón está gripado

He leído el auto del juez Baltasar Garzón en el que cita al presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps y sobre el que deduce una presunta implicación delictiva. Lo he hecho dos veces. Son cuarenta y cuatro folios de papel timbrado y apariencia oficial

Di que sí

A Camps se le imputa recibir gratuitamente vestuario por un importe de 12.000 euros. Hasta ahí. He  buscado afanosamente, confieso que con cierto morbo, las pruebas de una auténtica corrupción, las adjudicaciones multimillonarias y los untos correspondientes, y no salgo de las medidas de patronaje y la elaboración de la subsiguiente ficha para la empresa confeccionadora. No es posible.

Así que, con razón y por Garzón, no hay corrillo ni tertulia en la que no se tome a guasa esta pieza. Demasiado alto el juzgado, demasiada Señoría para llegar a semejante denuncia. La cúspide de la arquitectura judicial puesta al servicio de una historieta de corte y confección, de sastrecillos y roperos. No me creo que el buen nombre del Presidente de una de las Comunidades más prósperas de España se emponzoñe por cuatro telas. El auto de Garzón, para no variar, está gripado.

Las canas de Obama

No ha podido ocultarlo, a Obama se le platean las sienes. Qué gran noticia. Después de tan solo mes y medio como presidente de los Estados Unidos ya han aparecido los primeros signos de envejecimiento. La noticia ha ocupado más espacio en la prensa que la primera expedición internacional de Hillary Clinton.

Como Obama es nuevo, no sabe que ese blanqueo capilar es normal cuando recae en uno el implacable peso de la púrpura. Sin ir más lejos, a José Blanco le pasó lo mismo en cuanto ascendió a lo más alto de la dirección socialista. Es que, a menudo, los cargos son cargas y el  cuerpo se resiente.

Algunos maliciosos se han apresurado a decir que las canas de Obama son de mentirijilla, postizas, que se han teñido para darle al mandatario norteamericano un aspecto más maduro y que no parezca el nieto de su vicepresidente. Dijeron lo mismo de Felipe González  y se demostró que sus canas eran naturales y bien ganadas  a pulso de escándalo.

Antes, hubo también un famoso “zorro plateado” en la UCD, y salvo Aznar, que mantiene la melena negra como el azabache aunque también sufrió lo suyo, lo normal es que las preocupaciones encanezcan al poderoso, bueno, a Zapatero no, pero esa es una excepción.

Cuando los problemas arrecian, cuando las dificultades desbordan a los gobiernos, cuando todo se torna grave y complejo alrededor, nada mejor que hablar de otra cosa. De las canas, por ejemplo.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú