En esta línea va la reciente decisión de Mark Zuckerberg de donar a lo largo de su vida el 99% de sus acciones en la compañía. Pero en una época en que hay más conciencia del aumento de la desigualdad, la decisión ha provocado también el debate sobre si sería mejor que los ricos pagaran más impuestos en vez de hacer donaciones.
Desde que el fundador de Facebook y su mujer Priscilla Chan anunciaron que irán donando en vida a la filantropía el 99% de sus acciones en la compañía, cuyo valor actual es de 45.000 millones de dólares (42.300 millones de euros), han proliferado los artículos que critican los trucos de su altruismo.
Jesse Eisinger llama la atención en The New York Times sobre el hecho de que la donación irá a parar a la Chan Zuckerberg Initiative. Esta sociedad de responsabilidad limitada (LLC, por sus siglas en inglés) será la encargada de canalizar el dinero a iniciativas sociales, pero también a inversiones privadas y al activismo político, dos actividades a las que no habrían podido donar dinero si hubieran operado a través de una organización benéfica.
¿Donación sin impuestos?
También se dice que esta fórmula traerá ventajas tributarias a Zuckerberg. Si vendiera sus acciones, tendría que pagar un impuesto sobre las ganancias de al menos el 20%, explica Alice Ollstein en Think Progress. Pero como su sociedad las donará a organizaciones benéficas, estas pueden venderlas sin pagar impuestos.
Zuckerberg lo niega en una nota en la que responde a sus críticos: “Como todo el mundo, pagaremos los impuestos sobre las ganancias cuando la LLC venda las acciones”. Y recuerda que si hubiera donado sus acciones a una fundación, habría tenido derecho a ventajas fiscales que no tiene con la LCC.
Pero otros comentaristas insisten en que no es lo mismo donar acciones que donar las ganancias por la venta de las acciones: “La promesa de Mr. Zuckerberg es increíblemente generosa. Pero también es probable que contenga unas dosis de planificación fiscal muy hábil”, escribe en Forbes Robert W. Wood, experto en Derecho tributario.
Quién decide la redistribución
La fórmula de las donaciones a una LCC cada vez es más usada por los grandes filántropos, reacios a perder el control sobre sus fortunas. Para los críticos de las megadonaciones, ahí reside el núcleo del problema: no son los millonarios quienes tienen que decidir cómo se redistribuye la riqueza, sino el Estado a través de su actividad recaudatoria.
Ollstein cita a Christine E. Ahn, quien defiende en su libro ´Democratizing American Philanthropy´ que las jugadas de este tipo retiran de la circulación millones de dólares que debería gravar y controlar al Estado. Puede que los súper ricos sean buenos administradores, pero lo que hagan con su dinero escapará del escrutinio del Congreso.
En la misma línea, Charles T. Clotfelter, profesor de la Universidad Duke, sostiene que “una de las consecuencias más importantes del tratamiento fiscal favorable a la filantropía es que otorga a los contribuyentes más ricos un poder de decisión desproporcionado para asignar los recursos públicos e influir en la dirección de las instituciones”.
Una cultura filantrópica rica en incentivos
Sin embargo, los argumentos de Ahn y Clotfelter pasan por alto la mentalidad que está detrás de la robusta cultura filantrópica de EE.UU., tan envidiada en otros países ricos. Como explica Jeff Guo en The Washington Post, “los estadounidenses están entre las personas más caritativas del mundo, en parte porque allí existe la centenaria tradición de que son los grupos privados sin ánimo de lucro los que deben ayudar a las personas, no el gobierno”.
El fenómeno viene de lejos, dice Guo citando ´La democracia en América´ (1835 y 1840) de Alexis de Tocqueville: “Siempre que a la cabeza de una nueva empresa se vea en Francia al gobierno, o en Inglaterra a un gran señor, en los Estados Unidos se verá seguramente una asociación”.
De acuerdo con esta mentalidad, EE.UU. ha desarrollado una política tributaria que incentiva la filantropía, permitiendo a los ricos que decidan a qué destinan su fortuna, mientras que en otros países estaría fuertemente gravada. El resultado es que el gasto social privado en EE.UU. (11% en relación al PIB) es cuatro veces superior al del promedio de los países ricos de la OCDE (2,6%).
Es cierto que con sus donaciones Zuckerberg también se ayuda a sí mismo, como observa Eisinger en el mencionado artículo del New York Times. Pero el fundador de Facebook “no ha creado las leyes tributarias y no puede ser criticado por minimizar su declaración de la renta”. Y aunque Eisinger está más cerca de Ahn y Clotfelter que de Zuckerberg, cree que el debate debe dirigirse “hacia el tipo de sociedad que queremos. ¿Quién debería financiar las necesidades generales de nuestra sociedad y cómo?”.
El crowdfunding despega
Mientras el altruismo de los súper ricos despierta recelos, la financiación colectiva a base de muchas pequeñas aportaciones es vista como un signo de salud cívica. Las plataformas digitales de crowdfunding no solo han democratizado la filantropía: también favorecen la implicación de los donantes en el seguimiento de las causas, su relación con los beneficiarios y la rapidez para movilizarse, explica Stephanie Hanes en un largo reportaje para The Christian Science Monitor.
Hanes lo ilustra con el ejemplo de Doyle Melton, creadora de Together Rising, una organización sin ánimo de lucro que ayuda a mujeres en situaciones críticas. Gracias al crowdfunding, el pasado octubre logró recaudar en un día casi 500.000 dólares para dos proyectos distintos, uno para madres en Haití y otro para refugiadas en Alemania. La aportación media fue de 22 dólares por donante.
La evolución de los últimos años muestra que el crowdfunding va a más, tanto para financiar el emprendimiento como para las causas benéficas y los proyectos artísticos. Según un informe de la firma de estudios de mercado Massolution, la recaudación por esta vía en todo el mundo pasó de 6.100 millones en 2013 a 16.200 millones en 2014. Y en 2015 podría más que duplicarse otra vez.
Por qué importan las megadonaciones
El fuerte crecimiento se debe en parte al despegue del crowdfunding en Asia, que se triplicó al año pasado hasta llegar a los 3.400 millones. Por primera vez adelanta a Europa (3.260 millones), pero sigue muy lejos de lo recaudado en EE.UU. y Canadá (9.460 millones). Ahora bien, lo recaudado por crowdfunding en todo el mundo sigue siendo una parte muy pequeña del total de donaciones a la filantropía hechas en EE.UU.: 350.000 millones.
Con estas cifras a la vista, se comprende mejor la importancia que tienen las donaciones de los súper ricos como Zuckerberg. Los 45.000 millones de dólares que valen sus acciones son más del cuádruplo de lo recaudado por crowdfunding en EE.UU. y Canadá durante 2014. Y no hay que olvidar que esta no es su primera donación: en el pico de la crisis del ébola, el fundador de Facebook donó 25 millones de dólares a países africanos.
Algunos despreciaron también esa donación porque pensaron que era muy poco en comparación con lo que tiene. Pero el error está en confundir “la utilidad de un donativo y el mérito de un donativo”, señala Kiko Llaneras en JotDown. “A los enfermos de ébola les importa muy poco si [esos 25 millones] representan el 30% o el 0,03% de la fortuna de un señor que vive en California. (…) Deberíamos simplemente celebrar que alguien haga lo correcto: compartir su riqueza”.
Según un análisis publicado en The Chronicle of Philanthropy, los 50 mayores donantes de EE.UU. dieron a la filantropía 10.200 millones de dólares en 2014, un 33% más que en 2013.
Una de las razones del aumento fue la generosidad de un puñado de empresarios de Silicon Valley que no llegan a los 40 años, tres de los cuales dieron más de 500 millones de dólares cada uno. La presencia de 12 empresarios tecnológicos en la lista de los Top 50 indica un cambio en el perfil del filántropo norteamericano, ahora más joven.
Pero las donaciones de los multimillonarios veteranos siguen siendo las más sustanciosas. Según el último recuento de la revista Forbes, que solo contabiliza las donaciones efectivas y no las prometidas, a lo largo de sus vidas Bill y Melinda Gates han donado a proyectos filantrópicos 31.500 millones de dólares (el 41% de su patrimonio neto); Warren Buffet, 22.700 millones (el 37%); George Soros, 11.400 millones (el 47%)…
© Aceprensa