África, Política

El Ejército vuelve con los manifestantes en Egipto

Las revoluciones devoran a sus propios líderes. Desde la Revolución Francesa lo hemos visto con una frecuencia constante. Puede que quien toma el poder lo conserve hasta su muerte. Stalin, los Castro y Franco son ejemplos bien claros. Pero quienes estaban alrededor de esos dictadores desde la primera hora desaparecieron de las esferas del poder y, en ocasiones, se despidieron o fueron despedidos de este mundo de forma violenta.

Egipto llevaba treinta años gobernado por un régimen autoritario. En el vendaval de las primaveras árabes Hosni Mubarak fue derrocado, juzgado y sometido al desprecio de los que fueron sus súbditos.

Llegó el cambio. Se celebraron elecciones. Las ganaron los Hermanos Musulmanes que tienen casi un siglo de existencia pero que nunca habían gobernado. Se puede establecer un cierto paralelismo con la Turquía de Erdogan donde la implantación gradual de costumbres islámicas ha contribuido a una contestación masiva en las calles turcas en contra de un partido islamista que ha promovido el crecimiento sin precedentes.

La causa islámica no es la única que ha causado el descontento a cientos de miles de egipcios que han salido a las calles para pedir la dimisión de Mohamed Morsi, elegido en las elecciones de hace un años. La falta de gasolina, el aumento del paro, el abuso del poder y la promoción de los islamistas en puestos clave ha llevado a millones de egipcios a expresar su indignación.

La situación es grave porque el jefe del Ejército, institución clave y garantía del orden en tiempos de Mubarak, ha comunicado a través de la televisión que si en 48 horas el gobierno Morsi no satisface todas o parte de las peticiones de los manifestantes, va a intervenir en la vida pública.

La revolución que acabó con Mubarak tenía como objetivo el facilitar “pan, justicia y libertad” para los egipcios. Ninguna de estas tres promesas se han cumplido. Y los que protestan no esperan que sea capaz. Piden su dimisión.

El problema político que vemos en el mundo entero es la velocidad de los acontecimientos. Se pierde el control a la hora de gestionar la realidad que va mucho más deprisa que lo que prevén los políticos. La capacidad de movilización de las gentes es exponencial. Los Hermanos Musulmanes eran muy eficaces y poderosos en la oposición. En el poder no han demostrado saber lo imprescindible para mantener el orden y satisfacer mínimamente las promesas hechas en tiempos de agitación.

Publicado originalmente en Foixblog

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