El embargo comercial contra Cuba se puso en marcha en 1961, cuando el presidente John F. Kennedy implantó el embargo como respuesta a la confiscación de bienes estadounidenses por parte de Fidel Castro así como a la decisión de este último de alinearse a la entonces Unión Soviética e instalar una base militar permanente en la isla en el auge de Guerra Fría. Esto representaba una seria amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos. Las posiciones de ambos bandos han sido extremas.
A partir del desmantelamiento de la Unión Soviética, Cuba dejó de representar una seria amenaza a la seguridad nacional de la nación americana. Sin embargo, dicho embargo no se levantó. En cambio, el Congreso estadounidense aprobó en 1992 y en 1996 las leyes Torricelli y Helms-Burton, respectivamente, que incorporaba el tema de los abusos a las normas de derechos humanos aceptadas internacionalmente.
Hasta aquí, el argumento de Fidel Castro así como de sus colaboradores ha sido siempre el mismo: el de culpar al embargo estadounidense de la lamentable situación en la que vive el pueblo cubano. Sin embargo, si la comunidad internacional aboga por el levantamiento de dicho embargo, ¿por qué no se pide también con la misma intensidad que Fidel Castro libere y democratice la economía en aras del bienestar de su propio pueblo?
Está claro que el lamentable destino que han tenido los cubanos no se debe al embargo estadounidense, sino a las políticas económicas del régimen castrista aplicadas en el país caribeño desde hace 48 años. Entre otras cosas, esas políticas no reconocen la libertad y propiedad individual de los cubanos para emprender, ahorrar, consumir e invertir.
Estudios académicos recientes avalan lo expuesto aquí. Los informes de libertad económica realizados por el Fraser Institute, por ejemplo, demuestran que la misma se encuentra fuertemente correlacionada con el crecimiento económico. Otros estudios académicos han producido resultados similares, proporcionando evidencia de que un entorno de libertad económica atraerá los recursos necesarios para producir desarrollo económico. En general concluyen que el ingrediente fundamental es la libertad económica.
Así, la evidencia demuestra que la libertad económica conduce al crecimiento económico, incluso allí donde los países poseen una limitada libertad política. Por lo tanto, es de vital importancia que las democracias alienten los mercados libres, protejan los derechos de propiedad, proporcionen una moneda estable, y minimicen el rol del gobierno en la economía.
Hay también evidencia de que las naciones con ingresos más altos tienden a ser más democráticas y más protectoras de las libertades civiles y políticas. De esta manera, indirectamente, la libertad económica conduce a la libertad política. Es claro que el socialismo del actual gobierno cubano está muy lejos de ofrecer verdaderas oportunidades de desarrollo a los habitantes de la isla.
Existen elementos adicionales para que una economía crezca: sistema monetario estable, asegurar los derechos de propiedad privada, un sistema legal imparcial, impuestos bajos, gobierno mínimo, y bajas barreras al comercio internacional. Si alguno de estos componentes falta, la economía no crecerá.
Bajo los gobiernos actuales tanto de Estados Unidos y Cuba parece que las cosas serán las mismas. Raúl Castro ha hablado sobre la necesidad del establecimiento de nuevas relaciones comerciales con el próximo mandatario estadounidense. Por su parte, Estados Unidos no hará absolutamente nada hasta que el régimen castrista desaparezca, cosa que empezará a suceder de manera gradual a la muerte de Fidel Castro.
Mientras tanto, la administración estadounidense debe levantar el embargo, principalmente, para que deje de hacerle el juego a Castro, ya que una medida como ésta, verdaderamente evidenciaría los problemas económicos causados por el régimen castrista durante más de cuatro décadas. Estados Unidos tiene que entender lo siguiente: Fidel Castro es el menos afectado por el embargo.
En realidad y por paradójico que parezca, el verdadero temor de Fidel tiene que ver más con el levantamiento de dichas sanciones comerciales que la negativa de ésta. Sin embargo, más importante que esto es que Cuba abandone lo más pronto posible el socialismo que tanto daño le ha hecho a su población y apueste por un sistema político y económico basado en el libre mercado y libertad individual sobre la propiedad privada. Parece que ese momento está cada vez más cerca de llegar.
—
Ricardo Lecumberri es economista y escribe para Diario Exterior