No está de moda hablar del espíritu de la transición que se quiere sepultar en el baúl de los confusos recuerdos del pasado.
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Martes, 21 de julio 2026

No está de moda hablar del espíritu de la transición que se quiere sepultar en el baúl de los confusos recuerdos del pasado.
No cuenta que hayamos vivido los treinta años de mayor estabilidad, progreso, libertad y democracia de nuestra historia. Se pretende superar el espíritu de la transición por la vía de los hechos.
El consenso es una palabra borrada de los discursos políticos sustituyéndola por la confrontación ideológica y por el desprecio al adversario.
Por primera vez desde la muerte del dictador, el aniversario ya no se plantea en las calles entre los nostálgicos franquistas y las fuerzas de seguridad. Hemos visto estos días cómo jóvenes de los dos extremos salen a la calle para chocar violentamente. En Madrid, la reyerta se saldó con un joven muerto. La repercusión la hemos comprobado este fin de semana en Barcelona con un enfrentamiento entre radicales llamados anti fascistas y los Mossos, con el resultado de varios miembros de la seguridad autonómica heridos.
Adolfo Suárez, Felipe González y el primer mandato de Aznar son ignorados. La referencia obligada es la II República. Incluso la ministra Magdalena Álvarez recurre a Indalecio Prieto, que se sentía “socialista a fuer de liberal”, para defenderse de una gestión catastrófica a pesar de que el presidente Zapatero se pavonee de que la ministra malagueña es la que va a inaugurar más kilómetros de AVE de la historia patria.
La Ley de la Memoria Histórica es un alegato nada sutil contra el espíritu de la transición al dividir a los españoles entre buenos y malos superando el criterio de los que abrieron el proceso constitucional de 1978 que pensaron en salvar la convivencia del momento y mirar a un futuro que ha tenido mucho más de positivo que de negativo.
Las críticas socavadas a la Monarquía no hay que buscarlas en la cumbre iberoamericana de Chile, en la respuesta a la verborrea de Chávez, o en los avatares familiares que viven muchas familias reales en Europa. Hay que buscarlas en las decisiones políticas del gobierno Zapatero, en los nacionalistas republicanos, en la derecha del segundo mandato Aznar, y en los que piden la abdicación desde las ondas por considerar que la Monarquía no está con ellos.
Leí hace años que en Inglaterra no se había roto el principio de legitimidad a pesar de los años horribles de la Monarquía en los años treinta y los de ahora. Lo que se cuestiona aquí es el principio de legitimidad sin tener una alternativa viable e integradora.
Este artículo fue publicado por Lluis Foix en La Vanguardia el 20 de noviembre de 2007
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