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El Juez de la horca

Roy Bean, el “Juez de la horca” basaba sus sentencias en que tenía libertad para interpretar y aplicar las leyes. Un sigo después el juez Baltasar Garzón ha denunciado al Tribunal Supremo ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo por impedirle usar a su gusto la misma libertad que el juez del lejano oeste.

Entre 1884 y 1903, cuando murió, ejerció en un pueblo del lejano oeste Roy Bean, un desconcertante y popular juez reelegido varias veces por aclamación de sus vecinos que se hizo famoso como “El juez de la horca”.

Aplicaba las leyes según le convenía, y a veces se las inventaba. Un día encontró a un muerto con un revólver y 40 dólares encima. Le impuso una multa al cadáver por esa cantidad por no llevar el permiso del arma, y se quedó con el dinero.

Si alguien se quejaba, advertía que tenía libertad para interpretar y aplicar las leyes. Bajo ese precepto dictó sentencias sabias y otras injustas y alocadas.

Un sigo después el juez Baltasar Garzón ha denunciado al Tribunal Supremo español ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo por impedirle usar la misma libertad de interpretación legal que aplicaba Roy Bean.

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