Los bebedores de una copita de vino están de enhorabuena. A determinadas edades, no sólo no es malo para la salud sino que puede mejorar la calidad de vida. Así al menos lo concluye un trabajo a nivel internacional
Según el CSIC
El estudio se publica en la edición digital de la revista Cell Metabolism y demuestra que un componente destacado del vino tinto, el resveratrol, previene el deterioro y el declive funcional causado por el envejecimiento en ratones alimentados con una dieta estándar.
Para que la copa de vino tinto haga efecto sería necesario que se hubiese ingerido varios años antes de los primeros síntomas del envejecimiento. La gente que empieza a beber después de la mediana edad se perdería el privilegio de disfrutar tan sabrosa cura.
Los efectos del vino se comprobaron tanto con una dieta rica en calorías como con una en la que estas eran escasas. Los investigadores dirigidos desde el Instituto Nacional de Envejecimiento de Estados Unidos comprobaron los efectos del vino en situaciones completamente distintas.
El resveratrol previene el declive de la función cardiovascular, que suele relacionarse con la edad y con los excesos de peso. Así, los ratones tratados con el componente, independiente de su peso, mostraron unos corazones más resistentes y sus niveles de colesterol descendieron. Los huesos de los animales mejoraron su salud y las cataratas disminuyeron.
Los resultados no tienen una aplicación directa a los humanos, lo que significa que todavía falta algún tiempo para que un paciente vaya a un médico de familia y éste pueda recetarle una copita de vino después de la comida.
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