Europa, Política

España: Artur Mas, pretexto y problema

Han pasado tres meses de negociaciones en los que Artur Mas cedió cuanto pudo. Pero no transigió en entregar su cabeza. Y es la cabeza de Artur Mas lo que quiere la CUP. Hoy por hoy, Mas no es la solución sino el problema para tener gobierno y no convocar nuevas elecciones.

La CUP se ha declarado ser una formación independentista, feminista y socialista. En la campaña electoral y a lo largo de los últimos tres meses afirmó que no contribuiría a investir a Artur Mas. Lo ha confirmado categóricamente.

Las presiones a la CUP desde Junts pel Sí y desde el independentismo han sido rotundas. La responsabilidad de que no haya president en la presente legislatura es hoy atribuible a la CUP. Pero también cabe responsabilizar al president en funciones, Artur Mas, que no consiguió un resultado suficiente el 27 de septiembre.

A Artur Mas no le han salido los números desde el año 2012. Perdió 12 escaños en aquellas elecciones y siguió gobernando con la idea de que no había ocurrido nada. Pasó a depender de ERC y de las entidades que movilizaron a millones de catalanes en cuatro Diadas consecutivas. Leyó mal aquellas manifestaciones que no se tradujeron con aquella mayoría excepcional que pedía en las elecciones anticipadas.

La lista híbrida en la que constaban CDC y ERC alcanzó 62 diputados el 27 de septiembre. Los 10 escaños de la CUP eran imprescindibles para ser investido presidente dentro del marco independentista. Cedió cuanto se le pidió. Incluso la declaración del 9 de noviembre en la que se instaba al futuro gobierno a declarar la república catalana y en un periodo de un mes aprobar tres leyes para tomar el control del país en los puntos esenciales. El futuro gobierno catalán sólo obedecería las leyes que salieran del nuevo Parlament independiente.

Tres meses de negociaciones en los que Artur Mas cedió cuanto pudo. Pero no transigió en entregar su cabeza. Y es la cabeza de Artur Mas lo que quiere la CUP. Hoy por hoy, Mas no es la solución sino el problema para tener gobierno y no convocar nuevas elecciones. Pero la cuestión de fondo es la incompatibilidad de programas y de ideas entre todo lo que representa Junts pel Sí y la CUP. Aunque llegaran a un acuerdo de última hora, con un candidato diferente, el gobierno saldría frágil y sería muy provisional.

Si nada lo remedia, estamos en las puertas de convocar las cuartas elecciones en cinco años. Algo parecido ha ocurrido en Grecia. Será interesante ver cómo se confeccionan las listas y cuáles serán los resultados.

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