Los socialistas tendrán que restañar las heridas de unos meses de debates sobre su estrategia respecto a Rajoy.
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Martes, 21 de julio 2026

Los socialistas tendrán que restañar las heridas de unos meses de debates sobre su estrategia respecto a Rajoy.
El Comité Federal del PSOE decidió entre abstenerse vergonzosamente para investir a Mariano Rajoy o arriesgarse a unas terceras elecciones en un año en las que habría experimentado un tercer retroceso. Difícil alternativa. Ninguno de los que votaron hoy en la calle Génova pretendía entregar la presidencia a Rajoy. Pero no hacerlo precipitaba elecciones con resultados inciertos e inquietantes para el PSOE.
La división se refleja en el resultado de 139 a 96. Un partido dividido en su táctica, estrategia y procedencia territorial. El PSC de Miquel Iceta fue contundente a la hora de defender su no. Pensaba en la militancia socialista y muy especialmente en el escenario catalán donde un nuevo gobierno Rajoy va a fomentar más el independentismo. Los socialistas vascos, baleáricos y parte de valencianos se pronunciaron en contra. Los socialistas de las comunidades más ricas no son partidarias de Rajoy.
La foto fija a día de hoy es que Rajoy será elegido en segunda votación por la abstención de todos o un número suficiente de socialistas. La próxima estación es cuántos socialistas en el Congreso se abstendrán. Posiblemente, no todos seguirán el acuerdo del Comité Federal. Javier Fernández, presidente de la gestora, ha intentado con poco éxito mantener la unidad del partido en cuestión tan principal. Podemos ya ha salido diciendo que la oposición será suya y que el PSOE se ha aliado con el PP. Parece como si lo más importante sea quién va a dominar la oposición en vez de quién y hasta cuándo será presidente del gobierno.
El bloqueo se ha levantado. Pero la gobernabilidad será mucho más complicada que lo que Mariano Rajoy piensa. Tendrá que cambiar bastantes de sus ministros y, sobre todo, practicar una apertura desde la debilidad de su gobierno. Tendrá que ceder mucho. Rajoy piensa gobernar otros cuatro años pero lo tendrá que hacer de otra manera y, en cualquier caso, la vida del nuevo gobierno no se presenta muy larga.
Los socialistas tendrán que restañar las heridas de unos meses de debates sobre su estrategia respecto a Rajoy. La izquierda europea está acostumbrada a las divisiones, debates y crisis internas. Las ha superado con liderazgos fuertes, bien construidos, capaces de armonizar las sensibilidades del partido y erosionar al gobierno hasta que su sustitución ha sido prácticamente indispensable.
La novedad es que la izquierda ya no es patrimonio hegemónico de la socialdemocracia. El bipartidismo puede funcionar con complicidades entre el centro derecha y el centro izquierda. Podemos le disputa el liderazgo de la izquierda. Este es el problema y la causa, a mi juicio, que hoy la mayoría de socialistas se hayan inclinado por el mal menor entregando la presidencia a Rajoy.
En Alemania, la gran coalición se ha convertido en un hecho frecuente y hasta natural. En España no hay cultura de pactos de gobierno entre PP y PSOE. Cuando no ha existido mayoría absoluta se han buscado las muletas de los nacionalistas catalanes y vascos. Pero nunca han pactado con el enemigo político.
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