Europa, Política

Europa no se cae a pedazos

Europa está viva pero con síntomas de cansancio que se evidenciaron ayer en el discurso de Jean-Claude Juncker sobre el estado de la Unión en la Eurocámara.

 Habría que retroceder muchas generaciones para descubrir un periodo tan largo de libertades, prosperidad y progreso. No se recuerda una era tan extensa en la que la guerra no estuviera en el horizonte.

Juncker se ha referido a los refugiados, al paro, al terrorismo y, con más énfasis, a la decisión de los británicos de abandonar la Unión, un acto político que ha trastocado las complicidades entre muchos pueblos europeos. El Brexit será perjudicial para los británicos pero también para los europeos. David Cameron pensaba ser el más listo de todos y ha sido enviado a su casa a pesar de haber ganado por mayoría absoluta unas elecciones generales el año pasado. Un mal político.

Europa se derrumba, afirmaban ayer populistas y nacionalistas en la Eurocámara. Hay que volver a la soberanía de los estados y abandonar las ideas generalistas y burocráticas que se fabrican en Bruselas.

Mientras seguía el discurso de Jean Claude Juncker estaba repasando una historia recién publicada sobre el imperio de los Habsburgo de Pieter M. Judson en la que se pone de relieve cómo la dinastía con sede en Viena importó tanto a tantos millones de centroeuropeos durante casi tres siglos.

La corona imperial construida con bodas, guerras, adquisiciones y adhesiones territoriales fue reforzada después de las guerras napoleónicas por la sagacidad de Metternich, que construyó un nuevo orden apoyado por las monarquías conservadoras, desde los zares hasta los reyes de Inglaterra.

Aquel orden se rompió estrepitosamente por las revoluciones de 1848 que estallaron en prácticamente todas las ciudades europeas aunque, paradójicamente, los postulados revolucionarios no triunfaron en ninguna de ellas. Era el año del Manifiesto Comunista.

Pero las semillas del nacionalismo social y también romántico germinaron hasta que en la Gran Guerra cayeron cuatro imperios y nacieron nuevos estados europeos.

No sé si Juncker tiene en la cabeza aquellos acontecimientos. Pero en su discurso de ayer dijo algo que me parece interesante. La Unión no se puede hacer en detrimento de los intereses nacionales. Necesitamos una pluralidad europea y debemos huir de una organización gigantesca que puede ser percibida como un Estado unitario.

La Europa en tiempos de la globalización rampante no puede romperse a trozos con los discursos populistas y nacionalistas que ayer se escucharon en la Eurocámara. Hay que luchar contra las desigualdades, crear riqueza y compartir las políticas de seguridad y aceptar los criterios económicos y financieros que se decidan. Ceder competencias hacia arriba, pero mantener aquellas que aseguran la singularidad lingüística, cultural e histórica.

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