Política

Europa en crisis: ¿más mercado y menos gobierno?

Los recientes referendos acerca de la Constitución Europea en Francia y Holanda marcan un punto de inflexión histórico. El documento, un tratado constitucional en realidad, probablemente está hoy moribundo, dado que exige la aprobación de los 25 estados miembros de la UE [por separado], ya sea parlamentaria o mediante referéndum, para entrar en vigor.

Relaciones Internacionales


En
Francia, el 55% del electorado rechazó la Constitución, y en Holanda la cifra
fue del 62% — resultados que han dejado a la UE en desbandada acerca de cuáles
son las siguientes medidas. Esto es aún más notorio porque ambos países se
encuentran entre los miembros fundadores de la Unión Europea.


 


Hasta
la fecha, nueve países han ratificado la constitución: Austria, Hungría, Italia,
Alemania, Grecia, Lituania, y Eslovenia, y Eslovenia mediante los votos de sus
parlamentarios; y España mediante referéndum. Los votos del no de Francia y
Holanda se atribuyen en gran medida al resultado de economías pobres,
preocupaciones por la inmigración, expansión de la UE (especialmente la posible
adhesión de Turquía), y la pérdida de identidad nacional. En Holanda, había
temor a que con sólo 16,4 millones de personas, el país fuera engullido por un
superestado con sede en Bruselas y dominado por Alemania, Francia y Gran
Bretaña. Además, cualquier holandés está aún enfadado porque el euro se [haya
convertido] en la divisa de Europa.


 


Más en
general, los productos de los referenda han desplegado también un vacío de
confianza serio entre el ciudadano y las clases políticas, de las que la gran
mayoría estaba a favor de la Constitución.


 


Es
sorprendente de alguna manera que el Presidente Jacques Chirac haya concluido
que el “non” francés se explicaba, sobre todo, por el ardiente deseo del
electorado de más puestos de trabajo, y celebró una reunión especial del
gabinete (¡en domingo!) para discutirlo. ¿Por qué la prisa?. Después de todo, el
desempleo francés ha asomado por encima del 10% durante unas dos décadas, es
algo difícil seguir la lógica de que un referéndum acerca de la Constitución
Europea debería interpretarse como una expresión de la insatisfacción del
votante francés con la situación laboral.


 


Sin
embargo, en su reunión bilateral del fin de semana del 4-5 de junio, Chirac y el
canciller alemán Gerhard Schröder anunciaron su intención de continuar “el
proceso” de referéndum. En lo que respecta a la posición francesa, parece
señalar la reacción tradicional de que una parte importante de la élite política
prefiere obviar los deseos del electorado. Además, el vocabulario que utilizaron
fue notorio. Por supuesto, “proceso” significa que se pretende un curso de
acción particular para lograr un resultado.

Pero a duras penas puede uno
evitar la impresión de que en el eurolenguaje, “proceso” ha adquirido otro
significado. La experiencia con otros “procesos” (como los de Lisboa, Cardiff,
Bonn etc. – algunos de los cuales sólo han tenido significado para aquellos
familiares íntimamente con los entresijos de la toma de decisiones europea) nos
enseña que muy a menudo es sinónimo de “falta de progreso”, cuando no de
“parálisis”. La cancelación de referéndum británico acerca de la constitución
parece ser confirmación de que en este caso particular, se aplica la segunda
definición.


 


En
este contexto, los intentos por parte de Mikhail Gorbachov de modernizar el
sistema político y económico de la antigua Unión Soviética pueden ofrecer
paralelos interesantes. Gorbachov quiso hacer un lifting a la economía
centralizada. En otras palabras, quiso convertirla en la segunda parte de la
planificación central, preservando los principios básicos de la versión antigua,
pero eliminando sus fallos.

Los ejes eran el “glasnost” (apertura) y la
“perestroika” (reestructuración). Sin embargo, demostró ser “kurieren am Symptom“, y no pudo evitar
el colapso del modelo económico comunista. Como es un hecho, no había necesidad
de que Gorbachov inventara la rueda, porque el diagnóstico de lo que estaba mal
en el sistema político y económico ruso ya había sido hecho en 1922, por Ludwig
von Mises. Pero la censura ha privado de acceso a los rusos a los brillantes
análisis de Mises de los fallos básicos del modelo de planificación central.
(Irónicamente, muchos de los documentos de Mises de su trabajo y vida en Viena,
desde 1900 hasta mediados de los años treinta, estaban al alcance de la mano,
porque fueron mantenidos en un archivo secreto soviético en
Moscú).


 


Es
tentador comparar la fijación de hoy por parte de una mayoría de la clase
política europea al modelo económico y social “distintivo” de la UE con la
predilección de Gorbachev por el modelo soviético. Su súbito colapso bien podría
haber tomado por sorpresa al anterior líder soviético. En la misma línea, muchos
líderes políticos europeos parecen no estar al tanto de que el modelo europeo
“distintivo” — verbigracia, una niñera estado súper generosa, y un poder
político de facto departiendo con
todo tipo de grupos de especial interés, incluyendo sindicatos comerciales, a
expensas del interés general — bien podría sufrir el mismo
destino.


 


El
presente cuasi-estancamiento de la economía europea se atribuye usualmente a un
bache temporal en el ciclo financiero, después del cual la economía se
recuperará como lo hizo en el pasado. El ciclo financiero es una parte
insalvable del modo de pensar económico general. Se percibe como una especie de
fenómeno natural, como una sequía y [posterior] inundación. Sin embargo, durante
los últimos años, las previsiones de crecimiento europeo más optimistas tuvieron
que ajustarse a la baja.

Y no hay señales de recuperación. ¿No podría
ser que a lo largo de los años, Europa haya acumulado tanta rigidez estructural,
que haya logrado finalmente lo que el Rey Canute [de Inglaterra] no logró:
separarse de la ola?. ¿No podría ser que, pensando en la advertencia de Milton
Friedman en su famoso artículo de Encounter en 1976, hayamos cruzado
finalmente la línea que se supone que no debíamos cruzar?.


 


“Cuanto
más pospone [Europa] las reformas inevitables – económicas, sociales y políticas
– más difícil será”, escribía Gerard Bekker en el The Times of London. “Y si elige
posponer para siempre una respuesta real, la mayor civilización de la historia
del planeta simplemente continuará hundiéndose bajo las aguas de su propia
irrelevancia económica y superioridad moral”.


 


E
incluso algunos “veteranos” europeos comparten estas opiniones. “Hubo un tiempo
en el que el eje Bonn-Paris impulsaba la UE”, escribe Frits Bolkestein, el ex
Comisario Europeo, en un artículo inusualmente cándido en el Financial Times. “La presente pareja,
Schröder y Chirac, son un lastre. Los verdaderos herederos de la revolución
capitalista viven ahora en Asia. Tenemos que afrontar su reto.

El
corporativismo no es respuesta. El proteccionismo no es respuesta. El único modo
de moverse hacia adelante es mejorar nuestra competitividad dejando entrar la
competición y flexibilizando los mercados. ¿Estarán a favor los gobiernos de
Italia, Alemania y Francia?. Probablemente no. La ´ vieja Europa´ sí que existe
realmente, aferrándose desesperadamente al pensamiento económico
descartado”.


 


Así
que, ¿más mercado y menos gobierno?. Desafortunadamente sin embargo, el análisis
exhaustivo de los motivos del electorado tras el rechazo en Francia y Holanda
parece indicar que esto es lo último que quieren.


 


¿Qué
pasa ahora?.

Fuente: Tech Central
Station

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