Europa, Política

Europa ha perdido la memoria

El miedo al extranjero es muy antiguo. Está en el fondo de muchas guerras del pasado en Europa.


Los refugiados, inmigrantes o personas sin papeles que se encuentran en Europa viven sin ninguna seguridad. Son materia de las campañas electorales que se celebrarán en Holanda, Francia y Alemania. Han entrado en el debate político de forma involuntaria y pasiva.

La Comisión Europea pide expulsar a un millón de inmigrantes sin derecho de asilo. No hay estadísticas sino estimaciones. La UE se comprometió a acoger 160.000 refugiados en dos años. Hasta ahora, sólo han acogido a 13.548. España ha aceptado un diez por ciento de los 16.000 a los que había prometido.

La detención de inmigrantes irregulares debería ser el último recurso en una Europa que pretende conservar la idea humanista y solidaria que originó el nacimiento de la Unión hace ahora 60 años. Se calcula que unos diez mil niños andan a su aire como pueden sin que ningún familiar esté a su lado.

El drama es humanitario y es responsabilidad de los gobiernos para encontrar una salida digna a tantos cientos de miles de personas que conviven entre nosotros. El miedo al extranjero es muy antiguo. Está en el fondo de muchas guerras del pasado en Europa.

De la Europa acogedora de hace diez años pasamos a la Europa que persigue y expulsa a los que han llegado. La política está condicionada por los refugiados y por los forasteros que han llegado empujados por el hambre, la persecución y el miedo.

La avalancha de personas llegadas en los últimos diez años han despertado movimientos xenófobos que se han organizado en grupos políticos que tienen representación parlamentaria en muchos países y que deciden la formación de gobiernos.

En estos últimos años no ha funcionado el control de las fronteras exteriores. Antes de la crisis se hacía la vista gorda porque la mano de obra era imprescindible. Ahora sobran y hay que echarlos y levantar muros políticos o físicos para impedir su entrada. Cuando un ser humano es tratado indignamente todos perdemos. Europa no puede olvidar que es la patria de la memoria, de una memoria perturbadora.

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