Publicamos la tercera parte de la conferencia que dictó Ian Vásquez, investigador del CATO Institute, en donde analiza cómo el fracaso del llamado neoliberalismo en Latinoamérica ha abierto terreno para que surja la retórica neo populista.
Opinión: Ian Vásquez
Hace un año atrás en el Instituto hemos publicado un estudio que se llama “La
Globalización del Bienestar Humano”, donde hemos visto no los indicadores
económicos de los países sino los indicadores de desarrollo humano. En los
últimos 30 años lo que ha ocurrido claramente es que en varias áreas, ya sea
expectativa de vida o mortalidad infantil, la brecha entre los países ricos y
los países pobres se está reduciendo de una manera rápida y dramática y mucho
más de lo que se hubiera reconocido si solamente se hubiera tomado en cuenta el
crecimiento económico. Eso quiere decir que para cada incremento de crecimiento
económico y libertad económica, los países pobres hoy en día pueden lograr mucho
más de lo que los países ricos podían lograr años atrás en términos de estándar
de vida.
¿Cómo entonces debe ser una agenda de alto crecimiento basado
en la libertad económica? Quiero señalar unos puntos rápidamente. El primero es
que hay que prestar atención a la macro economía; no hay que descuidarla porque
si somos irresponsables en eso no va a funcionar nada más. Pero más allá de las
reformas bien conocidas quiero destacar reformas y políticas que han recibido
muy poca atención y que si fuesen implementadas harían mucho para reducir lo que
es el sector informal en todos los países en desarrollo. Esas cuatro áreas son
regulaciones burocráticas, el nivel alto de impuestos, los derechos de propiedad
y el estado de derecho.
La regulación sigue siendo un peso enorme en
todos los países en desarrollo. En nuestro estudio de libertad económica hemos
encontrado que Latinoamérica sale muy mal dentro de las medidas de regulación de
negocios y comercios comparado a los otros países. Un estudio del “National
Bureau of Economic Research” en EE.UU., para dar tan solo un ejemplo, encontró
que para abrir un negocio en Canadá demora dos días, cuesta $280 y dos
procedimientos burocráticos. En Bolivia, por ejemplo, cuesta $2696, demora 82
días hábiles y 20 procedimientos burocráticos, esto en el país más pobre de
Sudamérica. En el Perú, según estudios del Banco Mundial, estos procedimientos
pueden demorar 100 días. O sea que el costo para tan solo entrar a la economía
formal sigue siendo enorme; el peso del estado es enorme y sigue discriminando
en contra de la mediana y pequeña empresa.
Claro, para operar un negocio
una vez que se ha establecido formalmente también hay costos elevados. Y acá ya
se ha mencionado un par de veces lo que es en Latinoamérica la regulación del
sector laboral. En el libro de Williamson y Kuczynski por ejemplo, el capítulo
sobre el sector laboral es muy importante porque destaca que Latinoamérica es la
región del mundo que tiene la legislación más restrictiva en materia laboral y
más rígida de todo el mundo con la sola excepción de la India y algunos países
en África del oeste. Eso quiere decir que la regulación en el Perú y otros
países eleva el costo de emplear a la gente; es un impuesto que simplemente
puede elevar el costo de un empleado por un 50% o 60%. Ese costo se tiene que
reducir.
Los impuestos también siguen siendo muy altos en Latinoamérica.
Estoy hablando de los impuestos del valor agregado y de los impuestos a la
planilla que muchas veces sirven para pagar servicios que no se proveen bien.
Argentina es un ejemplo donde esos impuestos representas dos o tres veces el
equivalente a tales impuestos en EE.UU. Nuevamente, estamos hablando de países
pobres, países en crisis. Por eso Ricardo López Murphy, el ex-ministro de
hacienda en Argentina, también contribuyente al nuevo libro sobre el Washington
Consensus, dice que en Argentina el problema es que se tiene que pagar impuestos
a niveles suecos para recibir servicios de calidad africana.
En la
práctica, la importancia de los derechos de propiedad ha sido subestimada, a
pesar de que la propiedad privada es esencial para hacer funcionar cualquier
sistema de mercado y a pesar del trabajo que ha hecho Hernando de Soto, Enrique
Ghersi, Mario Ghibellini y muchos otros peruanos en documentar la falta de
titulación de propiedad. No sólo en el Perú sino en los países en desarrollo en
todo el mundo se ha hecho muy poco para titular la propiedad de los pobres. Y
claro, esto tiene un impacto económico respecto a la falta de acceso de crédito,
limites al crecimiento, la planificación de largo plazo y la dificultad de crear
economías de escala. Todo eso ha sido bien documentado pero no se ha hecho mucho
al respecto.
Y una vez establecidos los derechos de propiedad se ve que
en toda Latinoamérica hay el problema adicional de que no se protege esa
propiedad privada. Un ejemplo tomado de un nuevo estudio del Banco Mundial, el
cual recomiendo, que se llama “Doing Business”: para hacer cumplir un contrato
en el Perú demora más de 400 días y representa un costo de alrededor de 30% del
producto bruto per capita. En otras palabras, es un costo muy pesado en
Latinoamérica hacer cumplir la ley y proteger la propiedad.
Y la
propiedad está íntimamente relacionada al estado de derecho. Donde sí hay un
consenso es respecto a la importancia del estado de derecho. El reporte,
Libertad Económica en el Mundo, por cierto, encuentra que los países con un
estado de derecho sólido gozan de un ingreso promedio per cápita de $25,716,
mientras que los países que sufren de un estado de derecho débil tienen un
ingreso per cápita de $3,094. Además, hemos encontrado algo que parece sustentar
la teoría de Douglass North sobre la importancia de las instituciones para el
intercambio impersonal. Ninguno de los países con un estado de derecho débil
podía sostener un crecimiento sólido (más de 1.1%) una vez que su ingreso
superaba $3,400 per cápita. Es decir que una vez que la economía sobrepasa
cierto nivel de desarrollo, el estado de derecho se vuelve esencial para
mantener el crecimiento.
Ahora bien, hay una gran cantidad de expertos
que se concentran en ese tema; el Banco Mundial tiene un ejército de economistas
y abogados que se dedican a promover el estado de derecho. Pero creo que jamás
he conocido a alguien que sepa como promover el estado de derecho. Me temo que
es posible que el estado de derecho no se puede promover. Puede ser que el
estado de derecho es lo que ocurre después de que se hagan otras cosas bien.
Por eso, yo quisiera hacer una propuesta modesta: en lugar de promover
directamente el estado de derecho, hay que crear el ambiente dentro del cual el
estado de derecho pueda evolucionar. Eso quiere decir entre otras cosas, hacer
algunas de las reformas que he mencionado. Pero también quiere decir reducir el
tamaño del estado. Países que tienen estado de derecho hoy en día, los que
tienen altos niveles de estado de derecho, primero lograron establecer un estado
de derecho fuerte y luego agrandaron sus estados.
Me temo que en los
países como el Perú se está tratando de hacer este proceso al revés. Donde
existen estados grandes se está tratando de promover el estado de derecho y creo
que eso va a ser muy difícil de lograr. Latinoamérica tiene también otro reto
tremendo porque está tratando de lograr el liberalismo y la democracia a la vez.
Hace poco mas de 20 años el economista Friedrich Hayek estuvo en Lima justamente
en el momento de la transición a la democracia y él, entonces, observó que el
capitalismo democrático era el mejor sistema para promover nuestros valores
liberales, pero a la vez advirtió que la democracia era un medio para promover
la libertad y si no se veía de esa manera difícilmente se llegaría a una
sociedad libre.
Más recientemente Fareed Zakaria ha observado que la
mayoría de los países pobres democráticos son democracias no liberales y que en
Occidente la tradición constitucionalista liberal ocurrió primero y que la
transición democrática, es decir el elegir a quien nos gobierna, ocurrió
después. En 1800, por ejemplo, en Gran Bretaña, el país que fácilmente fue
considerado el país más libre y liberal, solo el 2% de sus habitantes votaban.
Zakaria también observó que en los países no Occidentales que más recientemente
han realizado una transición exitosa a la democracia liberal, primero ha
ocurrido el establecimiento del estado de derecho y capitalismo—es decir, se ha
seguido el patrón establecido por los países Occidentales.
Todo esto
quiere decir que en Latinoamérica donde se está tratando de lograr las dos
cosas, el liberalismo y la democracia, es todavía más importante llegar a un
consenso sobre cual debe ser el fin de la democracia y que valores debe reflejar
la sociedad. Necesitamos más que nunca un consenso, algo que nos hace falta en
la actualidad. El único país que posiblemente tenga ese consenso es Chile.
Cualquiera que ha viajado a Chile se ha dado cuenta que es lejos el país más
moderno en Sudamérica. Por eso yo espero que en algún momento podamos reunirnos
otra vez y hablar de un Consenso de Santiago. Muchas Gracias.
Ian
Vásquez es director del Proyecto sobre la Libertad Económica Global del Cato
Institute.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR