Economía y Sociedad

Guatemala: Soplando Impuestos

Todo el país se ha tenido que apretar el cincho, disminuir sus gastos modificando su patrón de consumo.

Privándose de algunas satisfacciones, abandonando la casa que compraba a plazos, remodelando la vieja, ayudando a algún pariente que se quedó sin trabajo, cambiando de escuela al hijo, postergando el cambio del carro, cerrando algún negocio por falta de clientes y hasta cambiando la dieta familiar.

Pero mientras todos se aprietan el cincho, el gobierno quiere más dinero, más impuestos, y aquellos que confunden “al país” con “el gobierno” insinúan que los que prefieren gastar su propio dinero en sus familias y otras prioridades no son patrióticos. Creen que el gobierno es el Estado, confunden la patria con el gobierno, creen que la gente existe para servir al gobierno y no al revés, el gobierno para servir a la gente.

PETROCARIBE es una forma solapada para aumentar impuestos, porque las personas pagarán el precio de mercado por la gasolina, pero solo 40 por ciento de su costo será destinado a pagar al proveedor, en este caso, Venezuela. El 60 por ciento que le queda al gobierno es un impuesto que el pueblo tendrá que pagar más adelante. Si el gobierno fuese a aplicar ese crédito a sustituir deuda más cara, como dice el Lic. Acisclo Valladares en su reciente columna, sería una sustitución provechosa, pues el país se economizaría la diferencia de intereses. Pero el gobierno ya anunció que solo una pequeña parte la usará para disminuir deuda. La mayor parte la va a emplear en gastos para esta generación de ciudadanos que pagará la generación que viene atrás.

PETROCARIBE se debe analizar estrictamente como un crédito a largo plazo, cuyo destino debe o no justificarlo. Si ese dinero se fuese a invertir en obras de infraestructura que aumenten la presente y futura producción y, por tanto, la capacidad de pago de la generación que lo tendrá que pagar, se podría justificar, de lo contrario, equivale a prestar dinero para el consumo diario, cargándolo a la tarjeta de crédito de los hijos. Equivale a comprometer a nuestros descendientes, porque hoy no pueden opinar, a que sean ellos quienes se aprietan el cincho y consuman menos, para financiar el consumo de hoy.

LA REFORMA FISCAL. El país tendrá poca probabilidad de progresar con el sistema impositivo actual, y menos aún con la reforma ideológica propuesta. Por desesperación, florecerá la economía informal, fuera del alcance de las autoridades. Aumentará el hacinamiento por falta de suficiente construcción de vivienda, los salarios bajarán por falta de demanda de trabajo ante una creciente población, las oportunidades de emigrar cada día se cierran más y la infraestructura queda subordinada al “gasto social” de consumo. Un triste panorama.

Sí hay remedios, pero la remanente ideología empobrecedora impide su implementación. Continúa el afán de redistribución de riqueza, aunque ello empobrezca más a los pobres, porque los ingresos que son distribuibles son, precisamente, los más susceptibles de ser invertidos —siempre que los mismos impuestos no impidan inversiones con retornos competitivos en el país—. No olvidemos que son principalmente las inversiones de capital que aumentan la demanda y salarios de la mano de obra, aumentando además las fuentes de ingresos fiscales. Lástima que aún prevalece la falaz idea de que se puede enriquecer a los pobres empobreciendo a los ricos.

 

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