El presidente chino, Hu Jintao, llegó este viernes a la ciudad de Mianyang, en el epicentro del terremoto del lunes en el suroeste del país, “para consolar a las víctimas e inspeccionar las labores de rescate”. Los familiares de los fallecidos acusan al Gobierno de mentir sobre las cifras de la catástrofe.
Primera visita
Las autoridades chinas han visto cómo en los últimos meses lo que iba a ser la puesta de largo del país como potencial mundial gracias a la celebración de las olimpiadas se ha visto enturbiada por la condena internacional de su represión en el Tíbet y el rechazo de su apoyo militar a la dictadura de Robert Mugabe.
Hu visitará a las tropas y al personal médico que trabajan 24 horas al día en el distrito de Wenchuan. Su idea es supervisar sobre el terreno las labores de recate. Allí se encuentra desde el lunes el primer ministro Wen Jiabao, que ha visitado escuelas con niños sepultados, heridos y otros damnificados para asegurarles que el Gobierno se va a ocupar de ellos.
Las medidas del Gobierno
Ya hay más de 130.000 efectivos del ejército y fuerzas de seguridad a la zona. El Ministerio de Finanzas informó de una nueva partida de 28,5 millones para comprar medicinas y equipos médicos, que vendrán a sumarse a otros 7,14 millones que, junto con el de Educación, habían destinado a ayuda a profesores y estudiantes afectados. Más de 10.000 profesionales médicos trabajan en la zona más devastada, en la que operan más de 400 ambulancias.
Las medidas podrían llegar demasiado tarde. Es probable que el Gobierno ocultase las verdaderas dimensiones de la catástrofe, porque ya lo hizo con otro de intensidad semejante en 1976 y porque los familiares de los fallecidos le han acusado de mentir sobre el número de muertos y heridos.
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